martes, 23 de agosto de 2011

JMJ2011: Raíces, cimientos, alas

Raíces, cimientos, alas
Las raíces, los cimientos y las alas que permiten al Espíritu Santo hacer su obra en cada cristiano y en la historia de la salvación se han mostrado en la JMJ

      Como se escribió con motivo de la JMJ de 2011, la sombra de Pedro ha pasado por Madrid. Los grandes eventos históricos no permiten simplificaciones.

      Por eso cabe mirar la visita del Papa a España desde diversas perspectivas. Una de ellas es la perfilada por él mismo durante el vuelo Roma-Madrid: «Para muchas personas será el inicio de una amistad con Dios y con los demás, de una universalidad de pensamiento, de una responsabilidad común que realmente muestra que estos días dan fruto» (Rueda de prensa, 18-VIII-2011). Amistad, universalidad y responsabilidad pueden verse como telón de fondo de estos días irrepetibles.

      Primero, la amistad, que surge espontánea de la "visibilidad" de la fe, que los jóvenes comprueban. Se han ido preparando con ese «ponerse en camino hacia los demás y, juntos, hacia Dios». Luego han dado la bienvenida al Papa (Cibeles) y él les ha dicho que sólo en Cristo y en sus palabras están las raíces y la roca fuerte para cimentar el sentido de la vida. Les anima a escucharle en la oración, a vivir las Bienaventuranzas, a buscar con Dios la felicidad y la alegría, la prudencia y la sabiduría, no como «muchos que, creyéndose dioses, piensan no tener necesidad de más raíces ni cimientos que ellos mismos». Les pone metas altas: «No os conforméis con menos que la Verdad y el Amor, no os conforméis con menos que Cristo», porque en Él está la salvación y la esperanza (Homilía en la Misa de clausura, 21-VIII-2011).

      La amistad tiene entre otros nombres: intimidad, fidelidad, confianza. Les anima a seguirle de cerca, sobre todo en la Eucaristía y en la Confesión de los pecados, con una amistad íntima, fiándose de Él: «Jesús, yo sé que Tú eres el Hijo de Dios que has dado tu vida por mí. Quiero seguirte con fidelidad y dejarme guiar por tu palabra. Tú me conoces y me amas. Yo me fío de ti y pongo mi vida entera en tus manos. Quiero que seas la fuerza que me sostenga, la alegría que nunca me abandone» (Ib.).

      Segundo, universalidad. Efectivamente, los jóvenes han comprobado en qué consiste y cómo es la amistad que tiene como motivo a Cristo, y se encuentran con la universalidad, con la red de la fe: «Aquí ven que no están solos, que hay una gran red de fe, una gran comunidad de creyentes del mundo, que es hermoso vivir en esta amistad universal, y de este modo nacen amistades que superan las fronteras de las diferentes culturas, de los diferentes países» (Rueda de prensa, 18-VIII-2011)

      Benedicto XVI les asegura que la verdad y la libertad se implican mutuamente, y que arraigados en Cristo, «damos alas a nuestra libertad» (Fiesta de acogida en La Cibeles, 18-VIII-2011). Por la Eucaristía, su «libertad entregada» es fuente de la «libertad redimida» de los hombres (Homilía en La Almudena, 20-VIII-2011).

      La universalidad del cristianismo tiene un nombre: Iglesia. En consecuencia, «seguir a Jesús en la fe es caminar con Él en la comunión de la Iglesia. No se puede seguir a Jesús en solitario. Quien cede a la tentación de ir 'por su cuenta' o de vivir la fe según la mentalidad individualista, que predomina en la sociedad, corre el riesgo de no encontrar nunca a Jesucristo, o de acabar siguiendo una imagen falsa de Él».

      Tercero, responsabilidad de sentirse parte de esa "red" que comunica el mundo con Dios: «El nacimiento de una red universal de amistad que une al mundo con Dios es una importante realidad para el futuro de la humanidad, para la vida de la humanidad de hoy». Responsabilidad que crece mirando la cruz (que no fue un fracaso, sino expresión y don del amor). Y se traduce en la «capacidad de amar y compadecer»: sufrir con los otros, por los otros, por el amor y la justicia (cf. Discurso en el Via Crucis del 19-VIII-2011, y Discurso en la visita al Instituto San José, para jóvenes discapacitados, 20-VIII-2011).

      No faltan dificultades (tensiones, injusticias, incertidumbres e incluso persecuciones). «Pero yo vuelvo a decir a los jóvenes, con todas las fuerzas de mi corazón: que nada ni nadie os quite la paz; no os avergoncéis del Señor» (Discurso en el aeropuerto de Barajas, 18-VIII-2011).
      Por eso espera de ellos «un testimonio valiente y lleno de amor al hombre hermano, decidido y prudente a la vez, sin ocultar su propia identidad cristiana, en un clima de respetuosa convivencia con otras legítimas opciones y exigiendo al mismo tiempo el debido respeto a las propias» (Ib.). Este es el camino para que «una vida hondamente enraizada en Cristo se muestre realmente como una novedad y atraiga con fuerza a quienes de veras buscan a Dios, la verdad y la justicia» (cf. Homilía en la Almudena, 20-VIII-2011).

      La voz del sucesor de Pedro les conforta y anima: «Que ninguna adversidad os paralice. No tengáis miedo al mundo, ni al futuro, ni a vuestra debilidad. El Señor os ha otorgado vivir en este momento de la historia, para que gracias a vuestra fe siga resonando su Nombre en toda la tierra». Y aún añade: «No os guardéis a Cristo para vosotros mismos. Comunicad a los demás la alegría de vuestra fe. El mundo necesita el testimonio de vuestra fe, necesita ciertamente a Dios» (Homilía en la Misa de clausura, 21-VIII-2011). Necesita de los jóvenes profesores universitarios, para que encarnen la fe en su vida y en la inteligencia. Necesita de los ministros ordenados y de las personas consagradas, para que se den generosamente a todos. Necesita de muchos "voluntarios" en todos los ámbitos de la vida ordinaria, al servicio de la misión de la Iglesia, pues «amar es servir y el servicio acrecienta el amor» (Discurso a los voluntarios, 21-VIII-2011).

      Amistad, universalidad, responsabilidad; seguimiento de Cristo, amor a la Iglesia, testimonio de la fe y del amor. Por ahí comenzó a concretarse y en esa dirección ha ido desembocando el lema de estos días: "Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe". Ésas son, por tanto, las raíces, los cimientos y las alas que permiten al Espíritu Santo hacer su obra en cada cristiano y en la historia de la salvación.

      Una vez más se ha manifestado la gracia que puede «hacer de todos los hombres una sola familia». Y a los jóvenes les corresponde esta tarea: «Con vuestra cercanía y testimonio, ayudad a vuestros amigos y compañeros a descubrir que amar a Cristo es vivir en plenitud» (Discurso de despedida, 21-VIII-2011).

      El día después de la JMJ-Madrid-2011 se abre una etapa nueva que va, desde el corazón de cada uno y de la Iglesia, hacia Dios y hacia los demás.

Ramiro Pellitero, Universidad de Navarra
ReligionConfidencial.com / Almudí

El Papa, defensor de la vida

El Papa, defensor de la vida
Lo que para muchos constituye un escándalo para el cristianismo es la piedra del toque del amor

      El alemán Joseph Ratzinger sabe muy bien de lo que habla cuando reprocha a una sociedad analgésica como la nuestra que se encoja de hombros ante el sufrimiento ajeno o incluso mire para otro lado ante ataques tan graves a la dignidad humana como el aborto y la eutanasia. 

      Salvando las distancias, ese mismo avestrucismo lo practicó buena parte de la población germana ante la esterilización de discapacitados o la persecución a judíos. Muchos ciudadanos oían cada madrugada traqueteos de trenes transportando carne de exterminio y preferían seguir durmiendo. El Occidente de 2011 hace lo propio con otros atentados contra la vida humana.

      Siguiendo la valiente línea iniciada por Juan Pablo II con su frase: «Nunca puede legitimarse la muerte de un inocente» —pronunciada precisamente en Madrid en su primer viaje, de 1982—, Benedicto XVI lanzó ayer un sentido alegato en defensa de la vida, de los que sufren y de los que no pueden valerse por sí mismos en un acto aparentemente pequeño pero de un enorme calado y trascendencia: la visita al Instituto San José, organización benéfica que presta asistencia especializada a discapacitados. 

      Ante un auditorio de jóvenes que posiblemente no hubieran sobrevivido en un régimen como el nazi, el Pontífice recordó una verdad elemental que Occidente parece haber olvidado: no hay vidas de segunda, todas tienen el mismo valor, aunque se trate de un enfermo terminal, una persona en coma o un inerme y diminuto feto de pocas semanas sordomudo.

      Precisamente un discapacitado, Antonio, de 20 años, que ahora estudia Arquitectura, contó su estremecedora historia. «Nací sordo y al borde de la muerte, relató, pero gracias al amor que mis padres sintieron por mí, aun sabiendo que podía ser un obstáculo para sus vidas, siguieron adelante». Antonio aludió a la soledad de quienes se siente apartados o marginados por un defecto físico o psíquico, pero repuso que no hay obstáculos que valgan ante la fuerza del amor de quienes les rodean.

El misterio del dolor, uno de los más complejos problemas de la humanidad, que ha traído de cabeza a filósofos y escritores, fue abordado con singular lucidez por el Papa. Lo que para muchos constituye un escándalo (el famoso silencio de Dios al que aludía Dostoievski en Los hermanos Karamazov) para el cristianismo es la piedra del toque del amor. «¿Puede seguir siendo grande la vida cuando irrumpe en ella el sufrimiento?», se preguntaba Benedicto XVI. Ante lo que aseguraba: «La grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre». Y dio la clave al señalar que las personas que sufren no sólo precisan asistencia material sino sobre todo amor. «Pero esto únicamente es posible realizarlo como fruto de un encuentro personal con Cristo». Y volviendo la oración por pasiva: «Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren es una sociedad inhumana».

      Duras y profundas palabras que resuenan en una sociedad ferozmente materialista que ante el drama del dolor se refugia en la asepsia, trata de apartar a los enfermos o a los ancianos, o mucho peor, promueve legislaciones que atentan directamente contra el más elemental de los derechos humanos: el de la vida. La España de los últimos 30 años es un dramático ejemplo, sobre todo con la vuelta de tuerca que supone la reforma de la Ley del Aborto, que implica convertirlo en un derecho, o la amenaza de una normativa de lo que eufemísticamente se ha dado en llamar “muerte digna”.  

LA GACETA / ALMUDÍ

Un Papa con magnetismo

Un Papa con magnetismo

Si se repasan los 12 discursos que ha pronunciado en Madrid, se ve que a todos ha ofrecido mucho y ha pedido mucho

      La JMJ ha sido toda una fiesta de la Iglesia universal, del mejor modo posible: en torno al Papa. Ha sido un éxito en cuanto a la organización, el contenido, el número de asistentes y la respuesta. No se ciñe a quienes han asistido, sino a quienes han seguido de algún modo su desarrollo a través de los medios de comunicación.

      Resulta ilustrativo recordar las dudas que algunos vertían sobre la figura de Benedicto XVI para comunicarse con la sociedad, especialmente con los jóvenes, sobre todo al ver el tirón que había tenido su predecesor, Juan Pablo II. Ratzinger era presentado, con frecuencia tendenciosamente, como un intelectual, tímido y con la etiqueta de severidad, por su cargo en la Santa Sede.

      Tras lo vivido en Madrid, hay que concluir que este Papa tiene un magnetismo especial y polifacético. Cada Papa tiene una personalidad distinta, que pone al servicio de su tarea como representante de Cristo en la tierra, detectando cómo avivar el mensaje perenne de la Iglesia en cada momento histórico. Juan Pablo II era un “huracán” arrollador, con grandes dotes de comunicador, fue un Papa Magno, ya Beato, que la Historia nos ayudará a vislumbrar su importancia grande para la historia de la Iglesia y de la humanidad.

      ¿Pero qué tiene el actual Papa, que atrae tanto con sus mensajes? Si se repasan los 12 discursos que ha pronunciado en Madrid, se ve que a todos ha ofrecido mucho y ha pedido mucho. Lo ha hecho siempre de modo positivo, sin ignorar la realidad y las dificultades. Ha pedido firmeza en la vocación a los seminaristas, humildad a los profesores universitarios, valentía y compromiso con Dios a los jóvenes, y a todos ha pedido no avergonzarse de Dios, hacer apostolado.

      El magnetismo del Papa —y hasta un ateo lo intuye— escapa a la propia figura del Papa, simplemente porque lo que se ha vivido refleja que la fuerza del Papa es la de toda la Iglesia, que no está solo, que la adoración al Santísimo —¡admirable silencio de oración, de un millón de jóvenes antes cantando y aplaudiendo!— en la Vigilia del sábado explicaba la fuerza de lo que estábamos viviendo.

      Pero este Papa tiene un magnetismo específico, y es que sus mensajes son llamativamente didácticos, claros, directos. Y si algo pide un joven es claridad, mensajes directos. Benedicto XVI sintetiza en cuatro palabras un análisis o una petición, tiene una asombrosa facilidad para “dar en la diana” y remover. No sólo es por su innegable capacidad intelectual, sino porque representa a Quien representa, y porque ha heredado de su predecesor la fuerza y el magnetismo para un catolicismo sin complejos, especialmente entre los jóvenes.

Javier Arnalwordpress.com

lunes, 22 de agosto de 2011

Una noche en Cuatro Vientos



Una noche en Cuatro Vientos

No he visto sino jóvenes disfrutando de la vida, con la energía de la edad, exuberantes y alegres (…) Otro de los espectáculos de la noche es ver las carpas de la adoración eucarística, llenas de jóvenes hasta el punto de que muchos se tienen que unir desde fuera pues no caben en el recinto (…) Otros…

      Hay un espectáculo único en el mundo, y es la noche que sigue a la vigilia del Papa en cada JMJ. Solo quien lo haya vivido puede hacerse una idea de la fuerza de transformación que estas Jornadas ponen al alcance de los jóvenes, de la experiencia de fraternidad y comunidad que dejan en sus almas, como un sello.

      Son las tres de la mañana en Cuatro Vientos, y tengo que atravesar el campo de punta a punta, dentro de los límites establecidos por las fuerzas del orden. Salgo del recinto de la prensa, donde muchos compañeros duermen en un improvisado“vivac”, y compruebo una vez más que, como casi siempre, la fiesta está “ahí afuera”. Una marea humana absorbe en seguida mis pasos, cientos de jóvenes van y vienen por las avenidas algunos hablando tranquilamente, otros riendo y divirtiéndose. Hay un redoble de tambores y panderetas continuo de fondo, una música incesante que cambia de tonos y matices conforme se avanza, pero cuya intensidad no disminuye.

      A pesar de la poca luz, se adivinan los recintos cercados llenos de sacos abultados por la presencia de los cuerpos. Pero miles de jóvenes prefieren no dormir esta noche, como puedo comprobar mientras camino a semi-oscuras. Las improvisadas avenidas están concurridas como el centro de cualquier ciudad grande. Muchos jóvenes aprovechan para utilizar los baños o para comprar comida, o se sientan unos junto a otros y hablan. Otros forman grandes círculos y bailan sin descanso, y como suele suceder, cuanto más grande es el ruedo más gente se añade a él. La mayor parte habla, ríe, bromea... De vez en cuando pasan ambulancias del Samur, el servicio de emergencia sanitaria, que esta noche hará horas extras a causa del tremendo calor que padecieron los peregrinos por la tarde.

      Paso al lado de una de las carpas, caída a causa de la fuerte tormenta que se abatió de repente sobre los participantes en la Vigilia. La policía ha acordonado la zona, pues ha habido varios heridos leves. Otra de las carpas ha sido desalojada y se va a proceder a su desmantelación, pues la estructura se ha desestabilizado.

      Los jóvenes que van y vienen se reconocen entre sí por las banderas o por los signos distintivos de su pertenencia eclesial. Hay dos tipos de fraternidades que se establecen en Cuatro Vientos: una, la de la procedencia del mismo país. Concretamente en España, país castigado por los particularismos, resulta curioso ver cómo los jóvenes levantan entre sí las barreras y se presentan mutuamente. Unos madrileños intentan chapurrear catalán con unas jóvenes, que aprecian el gesto muy divertidas. Más adelante, dos grupos de italianos con sus banderas se entrecruzan y saludan al grito de «italiano, batti le mani» («¡italiano, aplaude!»).

      La segunda fraternidad que se establece es la eclesial. Jóvenes pertenecientes a distintos movimientos se saludan y se explican mutuamente, o se intercambian sus camisetas o distintivos propios. También hay grupos pertenecientes al mismo movimiento o comunidad pero de países distintos, y que se sorprenden de hablar el mismo lenguaje a pesar del distinto idioma. Resulta curioso ver el resultado de este mestizaje, después de unas horas en la explanada, con muchachos vestidos con banderas de Estados Unidos, gorros mexicanos y sombreros que no combinan ya con sus camisetas, o grupos de franceses o de africanos que se pintan los colores de la bandera española en la cara.

      También los voluntarios, la mayor parte de los cuales puede tomarse unas horas de “descanso” hasta que amanezca, aprovechan para mezclarse entre los jóvenes y participar de la fiesta. Hablo con una de ellas, francesa. «Me doy cuenta de que mi fe está creciendo estos días», me dice en un español bastante correcto. Otra presencia importante es la de las personas consagradas, monjas y frailes están entre los grupos bailando como uno más. A mi lado, un chicarrón enorme que se adivina procedente de un país nórdico habla en inglés con una monjita menuda con hábito marrón. Más adelante, un sacerdote sudamericano se sienta encima de un saco de dormir, con la estola puesta, mientras un joven le habla, parece estar confesándose. Varios jóvenes charlan amigablemente en italiano con un franciscano capuchino, vestido con el pobre hábito y las sandalias, y tonsurado. Es de la misma edad que ellos, no llega a los treinta.

      Hay grupos que sólo con su presencia despiertan la simpatía de quienes les rodean, como el nutrido grupo de libaneses que duerme en el suelo de la improvisada avenida porque no quedaba sitio en el sector que se le había asignado. Otro grupo que ha estado omnipresente en primera fila en todos los actos del Papa, con su bandera ondeando al viento, procede de Siria. Si uno se acerca, comprueba que gran parte de quienes lo integran son bonitas adolescentes que miran con la cara descubierta y la sonrisa en los labios, con una sensación de libertad de que quizás no gocen en sus países de origen. Hay turcos cristianos, otra minoría en entredicho que sabe mucho de sufrimiento. Parece que un grupo de Iraq ha logrado acudir también, y un grupo de cuarenta etíopes, con la ayuda de varias asociaciones cristianas internacionales, pero no hay forma de encontrarlos, son solo gotas en este océano viviente. Se ve de lejos una bandera de Malasia. Por donde paso ahora, un grupo de Nueva Zelanda duerme junto a otro de Croacia.

      Otro de los espectáculos de la noche es ver las carpas de la adoración eucarística, llenas de jóvenes hasta el punto de que muchos se tienen que unir desde fuera pues no caben en el recinto. De rodillas y en silencio, ajenos al barullo, con la cabeza inclinada ante la Custodia. Muchos, bastantes adolescentes entre ellos, pasarán la noche allí, al lado de su Señor.

      Me ha costado casi una hora llegar al otro extremo del campo, y sólo lo he cruzado de lado a lado. No he visto sino jóvenes disfrutando de la vida, con la energía de la edad, exuberantes y alegres. Nadie bebido, nadie drogado, nadie molestando o alterando el orden. En ningún momento he tenido miedo, a pesar de la oscuridad y de la gente. Me dicen que al menos doscientos mil están durmiendo fuera del área, con más dificultades porque no tienen casi luz ni servicios. Los veo desde la valla: sólo ésta les separa de los de dentro, pero el espíritu es el mismo, la misma alegría, la misma serenidad.

      No se ve el final de la explanada. Decido volver sobre mis pasos. Son las cuatro, pero la “fiesta” no ha disminuido. Para muchos jóvenes es una noche blanca, única, que terminará dentro de unas horas con la salida del sol y el rezo del Ángelus. Habrán hecho amistades, se habrán divertido, habrán conocido a otros jóvenes con las mismas inquietudes que ellos. A algunos, esta noche puede que les cambie la vida.

Inma Álvarez
ZENIT

domingo, 21 de agosto de 2011

La JMJ, fiesta de la fe



La JMJ, fiesta de la fe

Con motivo de la JMJ, Benedicto XVI ha prologado el YouCat: «¡Sacrificad vuestro tiempo por ello! Estudiadlo en el silencio de vuestra habitación, leedlo entre dos, si sois amigos formad grupos y redes de estudio, intercambiad ideas en Internet. ¡Continuad de todas las formas posibles el diálogo sobre vuestra fe!»
      
      El cuadro La disputa con los doctores en el Templo, de Veronés, se ofrece en el Museo del Prado especialmente al peregrino de la JMJ-Madrid 2011. Representa no tanto una disputa en el sentido actual del término, sino más bien un debate o un diálogo, que, al estilo de las antiguas escuelas filosóficas, tendría lugar según un método y ritmo preestablecido (hay un reloj de arena en el centro inferior de la imagen).

      En la línea de los Evangelios apócrifos y de la época de la Contrarreforma, se suele pensar que Jesús “enseñaba” a los doctores (Veronés lo representa de pie, en el centro, en un lugar elevado entre dos columnas). Sin embargo el Evangelio dice más bien que les escuchaba y les preguntaba (Lc 2, 46). El dedo levantado de Jesús quizá no quiere sólo reforzar sus argumentos, sino sobre todo señalar hacia lo alto, porque Él es el Camino que lleva al Padre.

      De pie a la derecha se distingue un personaje barbado de traje negro, que probablemente inmortaliza la persona que encargó la obra, tras una peregrinación a Tierra Santa. En él nos podemos ver nosotros representados, escuchando a Jesús, que es la Palabra misma del Padre, el Camino, la Verdad y la Vida.

Jesús aprende y enseña en la casa de su Padre
      Jesús está aprendiendo (en cuanto hombre) y también enseñando, primero con su actitud, en la casa de su Padre, como les dice a María y a José: no le comprendieron entonces, y Jesús bajó a Nazaret y siguió viviendo sujeto a ellos. «Su madre —agrega el Evangelio— conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón», y «Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres» (vv. 49-52).

      En efecto, estaba Jesús en el Templo como en su casa, que destacaba entre las cosas de su Padre (era “el hijo del dueño”). Esto no significa que las demás realidades no las viviera en unión íntima con su Padre. Pero Jesús debía, por así decir, tomar posesión del templo que le precedía y preparaba su misión, como nuevo y definitivo Templo. Así se explica el celo santo que le consumía, y que le llevó a expulsar del atrio a los mercaderes: «No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado» (Jn 2, 16). Y cuando profetizó «Destruid este templo y en tres días lo levantaré» (v. 19), el autor del Evangelio explica que Él hablaba del Templo de su Cuerpo.

Crecer en sabiduría y gracia
      Ahora bien, ese verdadero Templo, que es el Cuerpo de Jesús, se amplía a las dimensiones del mundo y de la historia por medio de su Cuerpo místico, la Iglesia, formada por los cristianos unidos a Cristo. Cada uno de ellos, a imagen de su maestro, ya desde adolescentes ha de crecer no sólo en estatura, sino también en sabiduría y gracia ante Dios y los hombres, bajo la mirada atenta y solícita de María.

      Para crecer en sabiduría, Benedicto XVI ha subrayado la importancia de estudiar el Catecismo de la Iglesia Católica y suCompendio, como referencia esencial de la fe. Con motivo de la JMJ de Madrid 2011, ha prologado el YouCat, subsidio pedagógico que ofrece a los jóvenes una explicación de la fe, buscando (y con frecuencia logrando) formas de expresión asequibles a su situación.

      «¡Estudiad el Catecismo con pasión y perseverancia!», les ha pedido el Papa. «¡Sacrificad vuestro tiempo por ello! Estudiadlo en el silencio de vuestra habitación, leedlo entre dos, si sois amigos formad grupos y redes de estudio, intercambiad ideas en Internet. ¡Continuad de todas las formas posibles el diálogo sobre vuestra fe!»

      Sólo así, les explica, podrán comprender su fe, y hacer de su propia vida una obra de arte. Podrán crecer, como árboles de fuertes raíces, para afrontar los retos de nuestro tiempo. Con la ayuda de la gracia divina (especialmente en la Eucaristía y la Confesión), podrán librarse de las sequías como el consumismo y la pornografía. Y podrán dar sombra y frutos, ayudar y servir a los otros, especialmente a los más débiles. Y seguir celebrando siempre la fiesta de la fe.

Ramiro Pellitero. Universidad de Navarra
Almudí

Una propuesta radical a los jóvenes

    El Papa está haciendo la propuesta radical a los jóvenes: construir la vida sobre la escucha de la palabra de Jesús es construirla sobre roca; la alternativa de construir la vida sobre el propio yo es edificarla sobre arena

   Dos discursos ha dirigido el Papa el día de su llegada. El primero de ellos se dirigía a España. Saludos, agradecimientos y dar razón de su venida: «Vengo a encontrarme con millares de jóvenes de todo el mundo, católicos, interesados por Cristo o en busca de la verdad que dé sentido genuino a su existencia». Y el carácter de su visita: «Llego como Sucesor de Pedro para confirmar a todos en la fe, viviendo unos días de intensa actividad pastoral para anunciar que Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida».

   Si el primero era un discurso hacia fuera, el segundo ha sido hacia dentro: a quienes se dirige en la bienvenida en Cibeles, que mayoritariamente comparten la fe en Jesucristo. Por eso es un discurso sin excesivo contenido para el de fuera, pero de enorme exigencia para los presentes. Les ha dicho, con claridad, que escuchen a Jesucristo. No es la primera vez que habrán oído esta exhortación. Pero el Papa insiste y da pautas: «Las [palabras] de Jesús han de llegar al corazón, arraigar en él y fraguar toda la vida… Escuchad de verdad las palabras del Señor para que sean en vosotros 'espíritu y vida'… Hacedlo cada día con frecuencia, como se hace con el único Amigo que no defrauda… Aprovechad estos días para conocer mejor a Cristo…».

   Este modo de escuchar tendrá unas consecuencias en la propia vida, unas pautas de conducta que nos asemejan a la persona de Cristo: «Siendo pobres de espíritu, hambrientos de justicia, misericordiosos, limpios de corazón, amantes de la paz», la sabiduría de su palabra «guiará vuestros pasos, nada os hará temblar y en vuestro corazón reinará la paz».

   Benedicto XVI es consciente de que está proponiendo un estilo de vida distinto. Ésta es otra consecuencia de escuchar la palabra de Jesús: pide a los jóvenes que sus vidas proyecten «la luz de Cristo sobre vuestros coetáneos y la Humanidad, mostrando una alternativa válida…». El Papa está haciendo la propuesta radical a los jóvenes: construir la vida sobre la escucha de la palabra de Jesús es construirla sobre roca; la alternativa de construir la vida sobre el propio yo es edificarla sobre arena, «conduce a algo tan evanescente como una existencia sin horizontes, una libertad sin Dios». Era de esperar esta referencia en un pensador que sabe que la libertad es la clave de la modernidad: propone una libertad con Dios, «precisamente para que seamos protagonistas… Dios quiere un interlocutor responsable, alguien que pueda dialogar con él».

   Y concluye: «Vuestra alegría contagiará a los demás. Se preguntarán por el secreto de vuestra vida y descubrirán que la roca que sostiene todo el edificio y sobre la que se asienta toda vuestra existencia es la persona misma de Cristo, vuestro amigo, hermano y Señor, el Hijo de Dios hecho hombre».

José Pedro Manglano
es sacerdote y autor de Nadar contra corriente. El Papa más sincero y más íntimo
El Mundo /Almudí

sábado, 20 de agosto de 2011

LA JMJ LLEGA A CUATRO VIENTOS


   Como habéis podido observar por los medios de comunicación la JMJ ha desbordado todas las previsiones. Destaco de estos días la alegría inmensa del Papa (así lo ha declarado) y el entusiasmo de los jóvenes. Son las 4.30 pm y estoy a punto de marchar a Cuatro Vientos. Estos días no os he podido escribir. Reanudaré mis contactos el lunes. Saludos a todos.

          Juan Ramón

lunes, 15 de agosto de 2011

La JMJ, un balón de oxígeno

   Dentro de la mortecina economía española, el empujón del turismo es un balón de oxígeno. En el primer semestre del año llegaron a España 24,8 millones de turistas internacionales, lo que representa un crecimiento interanual del 7,5%. Y aún faltan los datos de julio y agosto, que son el centro de la campaña turística y la mayor fuente de empleo estacional en un país con el 20% de paro.

   En este contexto, una ciudad que pudiera contar con un evento que garantizara cientos de miles de turistas durante al menos una semana, consideraría que le había caído un regalo del cielo. El regalo le ha caído a Madrid con la Jornada Mundial de la Juventud, del 16 al 21 de agosto. Así lo entienden las autoridades, tanto del Ayuntamiento como de la Comunidad Autónoma y del gobierno nacional, que han acogido la JMJ de buena gana y con ánimo de colaboración.

   No es para menos. Ya se han inscrito más de 456.000 jóvenes, pero también se espera a otros muchos miles –sobre todo españoles– que no se inscribirán pero estarán presentes. Los inscritos comerán en alguno de los 2.132 restaurantes o bares que se han asociado al evento, donde se puede pagar con los tickets de restaurante a los que da derecho la inscripción. Muchos de los jóvenes desplegarán su saco de dormir en locales públicos, de la Iglesia o privados, pero otros ocuparán plazas hoteleras o de camping. Según el presupuesto de la JMJ, se gastarán 50 millones de euros en la organización de los actos, las instalaciones y el material para los peregrinos. Todo esto está suponiendo una inyección económica de consumo, empleos, ventas, impuestos (los organizadores sostienen que solo por impuestos directos e indirectos generados por la JMJ entrarán al menos 30 millones de euros en las arcas públicas).

   A esto hay que sumar la importante proyección internacional de la marca Madrid y de la marca España, gracias a un evento al que asisten jóvenes de numerosos países, y cuyas imágenes estarán en las televisiones del todo el mundo. Madrid, que sigue manteniendo su candidatura para sede olímpica, tiene la ocasión de proyectar su imagen, sin gastarse los millones de euros que hasta el momento ha empleado en promover su candidatura.

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Ignacio Aréchaga
Aceprensa

JMJ: otra manera de entender las cosas

JMJ: otra manera de entender las cosas
No está mal que miles de jóvenes nos recuerden que la sociedad necesita también los anclajes religiosos para articular una cultura de convivencia y solidaridad y que, a partir de los valores cristianos, hay otra manera de ver las cosas…

      La Jornada Mundial de los Jóvenes católicos que culmina con la venida del papa Benedicto, es algo más que un fenómeno sociológico de masas. Sorprende en verdad ver a 1.300 jóvenes católicos extranjeros que pasan por Navarra durante estos días camino de Madrid. Allí se reunirán en torno a un millón, venidos desde los lugares más remotos, para expresar que hay otra manera de entender la vida y de estar presente en la sociedad. 

      El fenómeno puede analizarse desde diferentes ángulos de las ciencias sociales. Puede entenderse como una afirmación de la propia identidad religiosa en un mundo hostil en el que se desvanecen progresivamente los valores cristianos. Hay quien cree que es un intento inútil, iniciado por Juan Pablo II, para contener la descristianización de la juventud. 

      Otros simplifican más el fenómeno diciendo que es una concentración en torno a un líder, el Papa, como otros lo hacen en torno a un cantante, o su equipo deportivo favorito. Algunos buscan similitudes con las convocatorias hechas a través de las redes sociales para concentrase en una plaza y protestar contra un hecho concreto o contra un dictador. En resumen un fenómeno de masas característico de la sociedad moderna. 

      Análisis tan simplistas no explican suficientemente la complejidad de este fenómeno. Entre otras razones porque el fenómeno religioso tiene raíces históricas muy lejanas e implicaciones personales muy profundas. Aunque las nuevas tecnologías de la comunicación han facilitado el contacto entre miles de jóvenes, la JMJ no se ha improvisado, sino que los jóvenes, desde hace dos años, se están preparando en sus respectivas parroquias para este evento. 

      Más allá de vivir, entre el 16 y 21 de agosto, una afirmación de la propia identidad y de sentir al lado el apoyo emocional de miles de compañeros, agrupados en torno al Papa, los jóvenes vienen a Madrid con un mensaje para nuestra sociedad: la necesidad de un rearme moral, que comprenda al individuo y a la sociedad. Algo que se está convirtiendo en un clamor general.

      En el mes de julio, en los actos religiosos de las catedrales anglicanas, se podía oír la voz de los sacerdotes, protestando contra el escándalo de las escuchas ilegales para vender prensa y obtener beneficios utilizando los sentimientos más profundos e inéditos de las personas, el sexo o las desgracias humanas y advirtiendo que los ciudadanos, encendiendo nuestro televisor o comprando determinada prensa somos quienes hacemos posible la generalización de estas prácticas inmorales. 

      La sociedad occidental no sólo está desmoralizada sino que retroalimenta la desmoralización. Atribuimos los problemas a nuestros políticos y gobernantes o a quienes controlan las finanzas, sin asumir que unos y otros son una réplica de la sociedad, donde domina el egoísmo, el afán de disfrutar de las cosas y de los sentimientos hasta su agotamiento. 

      En medio de este desánimo social general, los jóvenes congregados en Madrid, afirman que el mundo y los individuos son un proyecto general y personal del que somos responsables cada uno. Hablan de moral, de esfuerzo, de solidaridad, de austeridad y de disciplina. No basta indignarse porque la sociedad no funciona, sino que es necesario implicarse para que algo cambie. 

      Apuestan por la responsabilidad en las relaciones personales, por el respeto a la vida y al propio cuerpo. Por desgracia los programas y propuestas de estos jóvenes tienen poca resonancia social, porque, también en esto, nuestra sociedad está dispuesta a sentarse para escuchar a los colectivos solamente cuando detrás hay reclamación apoyada por alguna forma de violencia de baja intensidad. 

      En medio de la proclamación festiva de los valores que deberían promoverse en la sociedad, siempre hay acciones orientadas al chantaje de esta Jornada y voces que intentan desviar el acontecimiento en otra dirección. Incluso se habla de grupos informativos (piquetes) en la entrada de residencias improvisadas en colegios públicos para acoger a miles de peregrinos. En el mejor de los casos no se oponen a la reunión de los jóvenes, pero los identifican con la intolerancia, el pasado y el ostracismo y como una amenaza para una convivencia progresista. Todo menos dejar espacio a lo religioso. 

      Por suerte, la sociedad civil española ha sabido separar lo laico de lo religioso. En España se ha regulado el aborto, el divorcio, los matrimonios homosexuales en contra de la opinión de la jerarquía católica. La separación entre sociedad civil y religiosa funciona y debe contar con nuestro apoyo. La sociedad civil se ha mantenido en su ámbito. La iglesia ha aceptado su papel, y nadie puede negarle el derecho a decir a sus creyentes dónde están los límites de la moral cristiana y cómo deben proyectar esta doctrina respetando los principios de la democracia. 

      En consecuencia, no está mal que miles de jóvenes nos recuerden que la sociedad necesita también los anclajes religiosos para articular una cultura de convivencia y solidaridad y que, a partir de los valores cristianos, hay otra manera de ver las cosas y que, en definitiva, no altera la naturaleza humana y dignifica a las personas y a la sociedad.

Luis Sarriés
Luis Sarriés Sanz es catedrático de Sociología en la UPNA
Diario de Navarra / Almudí

sábado, 13 de agosto de 2011

La generación del milenio

La generación del milenio
   El tema de fondo que mueve a esas multitudes de gente joven es la búsqueda del concepto de verdad. Es un itinerario inicialmente filosófico, que termina por ser un encuentro no con una cosa, sino con Alguien…


      Dicen que la gran ciudad es mal sitio para vivir. Demasiada tensión y ambición en los rostros de la gente. No estoy seguro del acierto de este análisis. Lo que sí creo es que, en una gran urbe, hay una mayor incidencia de escepticismo, con buenas dosis de cinismo. Llevo años viviendo en Madrid y son demasiadas las cosas que hemos visto los madrileños: no es fácil emocionarnos por casi nada. Será interesante contemplar el choque entre cinismo urbano e ingenuo entusiasmo de los miles de jóvenes de la generación del milenio (los nacidos a caballo entre el XX y el XXI), que invadirán Madrid en la Jornada Mundial de la Juventud.

      Si estamos a lo que sucedió en Sidney en julio de 2008 —sede de la anterior Jornada— la alegría y la amabilidad de miles de jóvenes (católicos o no) «acabaron por fundir el cínico corazón de la gran ciudad» (The Sydney Morning Herald). La prensa puso como ejemplo de convivencia cívica —entre otros muchos— a los conductores de autobús australianos, que, incluso cuando acababan su turno, recogían a jóvenes que se habían quedado sin transporte y los llevaban a sus campamentos.

      En 1985 se celebró en Roma otro masivo encuentro de jóvenes, convocados por el Papa con motivo del Año Internacional de la Juventud de la ONU. Fue el antecedente inmediato de las Jornadas. Recuerdo que, por entonces, la preocupación de los media se centró en una supuesta devastación de las zonas verdes, a manos (o pies) de la "horda de jóvenes" que avanzaba sobre la Ciudad Eterna. Uno de esos rótulos catastrofistas que, a veces, manejamos para luego suspirar aliviados al comprobar que todo quedó en una "pacífica invasión", que alegró el corazón de los romanos y respetó las zonas de esparcimiento de Roma.

      En esta misma línea, Joaquín Navarro-Valls, por entonces portavoz de la Santa Sede, describió los actos del hipódromo de Longchamp (París), como «un mayo del 68 al revés». Efectivamente, los jóvenes que acudieron a la Jornada Mundial de 1997 en París eran hijos de los indignados de aquel turbulento mayo. Una generación que creía en la lucha de clases, pero que no había abierto El Capital; feministas de segunda generación, que creían que los roles sexuales eran un engaño, pero que no habían leído a Simone de Beauvoir. Una generación que pretendió liberarse de la tradición y de todo poder establecido. Pasaron los años y la gran mayoría de esos indignados evolucionó hacia formas de darwinismo social no demasiado partidarias de repartir parte de sus ganancias con los más necesitados. Otros muchos, acabaron sacrificando casi todo en el altar de su profesión, mientras en el entorno se derrumbaban sus familias y su ética.

      La generación del milenio, que pronto bullirá por Madrid, no ha heredado muchas certezas de sus progenitores, pero ha desarrollado una visión nueva de las cosas, cierta flexibilidad de mente y una notable solidaridad. No es que sean mejores que sus padres, pero son menos dogmáticos y, desde luego, están más abiertos a nuevos horizontes.

      La European Values Survey es la encuesta más seria sobre la evolución de los valores de los europeos. Se ha hecho ya en cuatro oleadas: 1981, 1990, 1999 y 2005; la de 2011/2012 está cocinándose todavía. En general, de esos análisis se desprende que la nueva generación joven es más sensible a los problemas religiosos, aunque no por eso frecuenta más las iglesias. Entre los jóvenes sin religión se desarrolla una religiosidad autónoma, difusa, al margen del cristianismo. Entre los jóvenes creyentes se reafirma un cristianismo de convicción, que manifiesta sin complejos la fe.

      No es extraño que aquellos papas (Juan Pablo II y Benedicto XVI) que han salido al encuentro de este último segmento de jóvenes, hayan optado —en sucesivas Jornadas— por rendirles el honor de exigirles mucho. Precisamente porque saben que la juventud contempla con ironía los esfuerzos patéticos de aquellos adultos que, "dimitiendo de su condición", se dedican a elogiarles y enfangarlos en las arenas movedizas de la adulación.

      Los que llevan muchos años en la Universidad, contemplando una generación tras otra, saben a lo que me refiero. Es natural que, una encuesta realizada entre los que ya han asistido a alguna otra JMJ, arroje este dato: nueve de cada 10 sostienen que, lo que vivieron, hizo cambiar su vida "mucho o bastante". En varias JMJ se ha entrevistado a bastantes asistentes acerca de lo que estaban viendo. Las respuestas más habituales han sido: 1) Nadie (ningún profesor, ningún familiar, etcétera) me había hablado con la claridad y exigencia del Papa. 2) No sé si estaré a la altura ética de lo que nos pide. 3) Haga o no haga lo que dice, "ese señor" (por el Papa) tiene razón.

      Me da la impresión que esa masa de jóvenes que avanza hacia Madrid desea algo distinto del monótono mensaje de los ideólogos de turno —voyeurs insaciables de la para ellos obscena realidad— que sostienen que no hay bien ni mal: sólo una densa bruma que envuelve en relativismo moral acciones y personas. Probablemente, el Papa dirá exactamente lo contrario: frente a subjetivismo ético, hablará de verdades objetivas; frente a hedonismo consumista, insistirá en solidaridad y templanza; ante un horizonte cultural teñido de pesimismo, hará hincapié en la belleza de la verdad.

      En la JMJ del año 2000 en Roma —la segunda más numerosa en participantes (2,5 millones), tras la de Manila (cinco millones)— Indro Montanelli escribió un memorable artículo. La tesis del agnóstico e inteligente fundador de Il Giornale fue: «Esto que veo no lo explican ni la sociología, ni la psicología de masas ni la demografía. Yo no lo sé explicar desde mis categorías agnósticas. Habría quizá que entrar en el ámbito de la religión para comprender esto tan estupendo que yo contemplo, pero que no llego a entender».

      Este razonamiento apunta al centro mismo de lo que son estas Jornadas. El tema de fondo que mueve a esas multitudes de gente joven es la búsqueda del concepto de verdad. Es un itinerario inicialmente filosófico, que termina por ser un encuentro no con una cosa, sino con Alguien. Descubrir suavemente que las cosas son como Dios las ve. Fe y razón, sin confundirse, se interpelan de nuevo mutuamente.

      La importancia de esta nueva visita a Madrid de Benedicto XVI (tal vez la última que realice a España) radica en que, en esta ocasión, sus jóvenes interlocutores son una tierra especialmente ávida para absorber las pistas acerca de la verdad que vaya sembrando el Papa. Desde mi punto de vista, ya lo he dicho en otra ocasión, lo que se espera de la visita de Benedicto XVI es que disipe esa niebla de malestar, que se oculta tras la sociedad del bienestar. En una palabra, ayudar a recomponer ojos y corazones nuevos que superen la visión simplemente biológica del acontecer humano.

Rafael Navarro-Valls es catedrático de la UCM y académico de la Real de Jurisprudencia y LegislaciónEl Mundo/ Almudi

viernes, 12 de agosto de 2011

De Sidney 2008 a Madrid 2011

De Sidney 2008 a Madrid 2011
Para seguir a Cristo no hace falta ser personas extraordinarias ni perfectas, sólo se requiere ser personas que sepan amar a los demás y a Dios, que es Amor

      Doce preguntas al Dr. Ramiro Pellitero sobre lo que Benedicto XVI propuso a los jóvenes en la anterior Jornada Mundial de la Juventud (Sidney, agosto de 2008) acerca de la misión de los jóvenes en la Iglesia y en el mundo, y del papel del Espíritu Santo en todo esto.

1. ¿Puede resumir cuál es la idea principal del mensaje del Papa en Sidney?
El Papa dijo a los jóvenes que para seguir a Cristo no hace falta ser personas extraordinarias ni perfectas, sólo se requiere ser personas que sepan amar a los demás y a Dios, que es Amor. Y en la perspectiva cristiana, esto significa hacerse dóciles a la acción del Espíritu Santo, buscarle, conocerle, actuar con él. Por decirlo con la terminología de la película La Guerra de las Galaxias, con el Espíritu Santo se hace presente “el poder de la fuerza”, es decir el amor. 

2. ¿Qué dijo Benedicto XVI en Sydney durante los cuatro días que estuvo allí?
Expresó las paradojas de la situación actual (junto al asombro por la belleza del mundo creado, les confía la pena por las heridas de la tierra, que aparece destruida en amplias zonas, como consecuencia de un consumismo insaciable. Les muestra su dolor más aún por las heridas en la vida de las personas y en la sociedad: la violencia y la explotación sexual, el relativismo y la mentira, la confusión y la desesperación). 

Señaló que hoy se proponen falsos dioses que desvían de la verdad y destruyen el amor: el dios de los bienes materiales (la codicia, que aparta de los hambrientos y de los pobres), el amor posesivo (que no es amor sino manipulación) y el poder injusto (que lleva al dominio de los otros y a la explotación del medio ambiente natural). El Papa propone a los jóvenes un proyecto de vida que abre a una gran aventura, de amor y de servicio generoso: estamos ante la nueva era del Espíritu Santo, que puede ayudarnos a vencer todo eso, a condición de un amor entregado y auténtico.

3. ¿Cuál es el problema de la sociedad actual?
Benedicto XVI siempre se dirige a todos, y promueve una verdadera humanidad, que no acabe autodestruyéndose.
— A los no cristianos, y en general a los no creyentes, les anima a salir de sí mismos y abrirse al mundo del espíritu, a Dios, que nos da la verdadera dimensión de lo real. Sin Dios, no es posible la felicidad humana, ni un verdadero desarrollo ni un orden social justo.
— A los creyentes, y sobre todo a los cristianos, nos interpela para que seamos auténticos: que creamos de verdad en la luz y el amor del mundo, que vienen de Dios, y que actuemos en consecuencia, cada día. Esto es, que respetemos a la naturaleza y no la destruyamos; y que respetemos a cada persona, más aún que la amemos, porque ha sido querida por Dios.

4. ¿Cómo podemos superar la superficialidad, el consumismo insaciable...?
Esto se puede lograr, como han hecho muchos antes que nosotros, abriéndose a Dios y a los demás. Es decir, dejando de mirarnos a nosotros mismos, como único centro de nuestro horizonte vital, y dándonos cuenta de que las personas que están a nuestro lado nos necesitan, material y espiritualmente. Teniendo presente que no tenemos derecho a ser indiferentes y vivir de espaldas a los problemas de los que se cruzan en nuestro camino.
Creo que fue Terencio el que dijo lo que muchos después han repetido, también Antonio Machado: «Soy hombre y nada de lo humano me es ajeno». Un cristiano lo afirma con la convicción que da el mirar todo con los ojos de Cristo.
San Josemaría escribió: «No pases indiferente ante el dolor ajeno. Esa persona, un pariente, un amigo, un colega..., ése que no conoces es tu hermano» (Surco, 251).

5. ¿Qué tenemos que hacer para que reverdezca el desierto espiritual de nuestra sociedad?
Si somos cristianos, hemos de volver a empezar por conocer a Dios hasta compartir con Él nuestra existencia; y para ello, leer el Evangelio, adorar a Cristo oculto en el Sagrario, ser trabajadores o estudiantes competentes, proyectar la propia vida efectivamente como una aventura de servicio. No sólo a largo plazo, sino hoy, mañana: ¿qué hago yo, realmente, por los que me rodean? ¿por quién vivo, qué me mueve? ¿Cómo quiero emplear mi vida, el día de hoy?

6. ¿Quién es para mí el Espíritu Santo? ¿Cómo podemos reconocerlo?
El Espíritu Santo es la Persona divina que condensa, por así decirlo, el amor de Dios, y que nos lo comunica. Con el Padre y el Hijo, ha creado el mundo, ha inspirado las Escrituras, ha hecho posible la vida de Cristo y le ha acompañado siempre en su entrega por su Padre y por todos los hombres: le ha llevado a entregarse por nosotros en la Eucaristía, como adelanto de su Pasión. Y le ha acompañado con su fuerza divina para resucitar. Ahora el Espíritu Santo sigue actuando entre nosotros, para instaurar, a través de la Iglesia, una civilización del amor. Y cuenta con cada persona, comenzando por cada cristiano, porque nos da mucho y es lógico que no nos quedemos atrás. 

7. ¿Cómo podemos dejarnos renovar por el Espíritu Santo y crecer en nuestra vida espiritual?
El Espíritu Santo siempre nos lleva a Cristo, pero hay que hacerse capaz de vivir con Cristo, y para eso, decía antes, es necesaria la oración y también los sacramentos, sobre todo la Eucaristía y la Confesión de los pecados. Así ya tenemos más de la mitad del camino andado. Luego, poco a poco, hay que dejarse aconsejar por quienes pueden hacerlo, en la dirección espiritual. Y sentirse realmente responsables de la misión de la Iglesia en todo el mundo; porque la vida espiritual no se puede entender como un “espiritualismo”, es decir, un encerrarse en uno mismo buscando ser “perfecto”. Dios no necesita personas perfectas, sino personas que sean humildes y capaces de entregarse para que Él haga cosas grandes con nuestro granito de arena. Así será posible la “nueva era” de que hablaba el Papa en Sidney.

8. ¿Qué sucede si nos olvidamos del Espíritu Santo?
Pues que no acabamos de comprender quién es Dios y cómo Él ha querido salvarnos, es decir, hacernos felices ya en esta tierra, y definitivamente en el Cielo. Y tampoco acabaríamos de comprender quien es Cristo y qué nos pide a cada uno. 

9. ¿Existe cierta analogía en la necesidad que tuvieron los apóstoles, una vez muere Cristo, de que aparezca el Espíritu Santo, con la necesidad de que vuelva a renovar a la sociedad actual carente de valores, superficial y con tendencia al laicismo?
Efectivamente, así se puede ver. Sólo que el Espíritu Santo ya estaba con los apóstoles cuando estaba Cristo. A partir de Pentecostés, el Espíritu Santo comenzó a actuar de modo nuevo, por medio de la Iglesia (por ejemplo asistiendo al Papa y a los Obispos, y a cada cristiano en las tareas que nos corresponden), y al mismo tiempo desde dentro del corazón de cada cristiano, en lo que llamamos la vida de la gracia. 

10. ¿Al igual que el Espíritu Santo renovó interiormente a los Apóstoles, es necesario que renueve a la sociedad actual?
Eso es lo que pedimos siempre en la liturgia de la Iglesia: que no cese de actuar, que nos renueve, que cambie nuestro corazón de piedra por un corazón de carne, que nos haga como un injerto o un verdadero trasplante de nuestro corazón por uno más capaz de amar, que es el de Jesucristo. Sí: hoy necesitamos una especial renovación, para poder dar a nuestro mundo el “alma” que necesita.

11. ¿Cuál es nuestra misión como cristianos que somos?
Como predicaba San Josemaría, lo más importante es que seamos santos, para santificar lo que nos rodea y ayudar a los demás a que lo sean. El Concilio Vaticano II proclamó solemnemente la llamada universal a la santidad. Ahora el Papa viene a decirnos que los verdaderos reformadores del mundo son los santos, porque son los que se abren al amor de Dios y de los demás; no en teoría, sino en concreto, en lo de cada día: siendo buenos padres o madres de familia, buenos hijos, buenos amigos; viviendo las obras de misericordia con los más necesitados; sintiendo la responsabilidad por todos en lo pequeño que nos toca hacer. 

12. ¿Cómo podemos contribuir para que los frutos del Espíritu inunden este mundo herido y frágil?
A Benedicto XVI le gusta mucho hablar de dar un gran “sí” a Dios con nuestra vida, aunque pensemos que somos poca cosa (y lo somos, como un pequeño grano de mostaza o de levadura). Pero con la ayuda del Espíritu Santo podemos hacer que nuestro pequeño granito se convierta en un pan que alimente a mucha gente. Que los alimente en el cuerpo (por nuestro trabajo y nuestra solidaridad: el Papa ha recordado que hemos de ser sensibles a la pobreza y al hambre de mucha gente) y también que los alimente en el espíritu (al comprobar que somos alegres y coherentes). Para eso necesitan ver que nuestra fe no es una teoría, sino una luz y una fuerza que nos impulsa a cambiar las cosas que hay que cambiar, empezando cada uno por sí mismo.
Ramiro Pellitero
Unav.es (Entrevista realizada en 98.3 Radio-Universidad de Navarra)

jueves, 11 de agosto de 2011

Jóvenes con el Papa

Jóvenes con el Papa


VIDEO: Los jóvenes te esperamos!!! New video of World Youth Day Madrid 2011
No perdamos el tiempo en el debate sobre algunas críticas sesgadas de los que se molestan ante iniciativas de la Iglesia con amplio respaldo, sino en sacar consecuencias de cuánto van a vivir los jóvenes con el Papa

      El Papa estará en Madrid del 18 al 21 de agosto, en los actos centrales de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). Cientos de miles de jóvenes, llegados de los cinco continentes, van a asistir en pleno agosto a esta iniciativa de Juan Pablo II, que ha continuado su sucesor, Benedicto XVI.

      Probablemente no es muy conocido el origen de las JMJ. Juan Pablo II se volcó con los jóvenes, desde sus años de sacerdote, y por supuesto siendo Papa: en toda institución, hablar de jóvenes es hablar de futuro, de vida actual. Juan Pablo II fue pionero como Papa en muchos aspectos, y de modo especial quiso llegar a sectores donde la Iglesia Católica parecía llegar con dificultades crecientes e incluso arraigadas, y que eran sectores donde andaba en juego el futuro de la Iglesia, la práctica religiosa, el resurgir de las vocaciones.

      Así se puede entender el desvelo de Juan Pablo II por la familia, por los jóvenes, por los medios de comunicación: había que recuperar y estar presente en la sociedad de la información, en la vida familiar y en los ideales de los jóvenes.

      Juan Pablo II tenía planes en la cabeza, y los ponía en marcha con aparente prisa. La prisa le venía de lejos, pero esperaba el momento oportuno. Y cuando la ONU declaró 1985 como Año Internacional de la Juventud, vio que era el momento de que la Iglesia Católica organizara algo para dar respuestas a los jóvenes en la vida espiritual, en el ámbito de la fe católica. La Iglesia no debía quedarse al margen, quería ser un sumando y una oferta para los jóvenes. 

      Cientos de miles de jóvenes ya están llegando a España y llevan meses preparándose, muchos de ellos como voluntarios. Cambian otro tipo de vacaciones o viajes por estar con el Papa en Madrid. Se sorprenden de algunas críticas sesgadas —son los que se molestan ante iniciativas de la Iglesia con amplio respaldo— por el coste económico de la JMJ, cuando es conocido que el 70% lo cubren los participantes y el 30% empresas o instituciones patrocinadoras, adjudicando los gastos mediante concurso público de proveedores y con unos 100 millones de euros que se estima de beneficio, también para el Estado. No perdamos el tiempo en ese debate, sino en sacar consecuencias de cuánto van a vivir los jóvenes con el Papa.

Javier Arnal
El Mundo (Castellón)