“En Braval buscamos el ascensor social a través del éxito escolar y de la inserción laboral. Tenemos a niños y voluntarios de 30 países, 10 lenguas y que profesan hasta 9 religiones”.
Preguntas breves y respuestas incisivas. Un periodista y Josep Masabeu, presidente de Braval, un proyecto de solidaridad en este barrio barcelonés, que fomenta la convivencia fundamenta la tolerancia y la cohesión social, motivando a los jóvenes para que realicen los estudios obligatorios y accedan al mercado laboral.

Braval es un proyecto de solidaridad que comenzó en 1998 y se consolidó en 2002 en ocasión del centenario del nacimiento de San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei. Josep Masabeu es el presidente de esta ONG y promotor también de las Conversaciones sobre Inmigración.
¿Qué es la Navidad?
La celebración del nacimiento de Cristo y una fiesta familiar.
Demasiado laico.
Me parece bien todo. Hay que celebrar.
Cada niño es una metáfora de Jesús.
Intento ver a Jesucristo en cada niño y eso me ayuda a tratarlos bien y a ayudarlos. Los veo como mis hermanos.
Braval.
Es un centro de apoyo socioeducativo. Tenemos a niños y voluntarios de 30 países, 10 lenguas y que profesan hasta 9 religiones. Buscamos el ascensor social a través del éxito escolar y de la inserción laboral.
Fútbol y baloncesto.
Tenemos un 75% de inmigrantes, que es lo habitual en el Raval. El fútbol y el baloncesto nos sirven para motivarlos. Vienen a hacer los deberes a la salida del colegio y les ayudamos con los alimentos si lo necesitan.
Palmarés.
En 21 años, 15 chicos han acabado la carrera y 400 tienen contrato laboral.
Dios le ayudó a ayudar.
Sin dimensión espiritual habría pasado de los demás.
Opus Dei.
Yo soy del Opus Dei, pero Braval no va sobre religión, va sobre ayudar.
El respeto.
Respetamos todas las creencias pero no escondemos nuestra identidad cristiana. Que Braval sea del Opus Dei implica que damos una formación cristiana, pero a los niños sólo les hablamos de religión si lo piden.
La celebración.
El ambiente interreligioso es estimulante. Los chicos hablan de su fe, conocen la de su amigo, dejan de tener miedo. Los musulmanes comen turrón. Los católicos celebran el fin del Ramadán. Cada uno tiene sus creencias, pero los amigos celebran juntos.
El origen del mal.
Es un error obviar el hecho religioso. Hay que afrontarlo desde el respeto, el amor y la interacción. Si a un niño de una familia que hace aguas, sus amigos son tan quinquis como él y vive en un barrio con el 30% de paro, intentas mutilar hacer como si no existieran sus creencias, le llevas directo al yihadismo, al «yo solo contra el mundo».
El amor contra el miedo.
Cuando a un niño le respetas, le exiges y le quieres, lo estabilizas y progresa.
Dios ha sido expulsado de las aulas.
Es un error educativo prescindir de una parte de la persona. En el fondo de cada uno hay preguntas y eternidad. No afrontarlo es poco realista.
Explicar a Dios a un niño.
Le hablo de un padre que le comprende y le quiere, aunque tengo que ir con cuidado porque a veces su padre es un bestia que le pega y el niño se bloquea. Pero siempre me entienden.
La certidumbre.
Sí, a veces te lo preguntan para hacer explícito lo que ya en el fondo sienten.
Los adolescentes y Dios.
Sienten que les puede ayudar. Que les quiere como ellos le quieren. Es un amor recíproco, y si le piden ayuda para aprobar un examen, ellos saben que al mismo tiempo han de estudiar.
La izquierda habla de solidaridad y odia a la Iglesia.
No es un problema de izquierda o derecha. El problema es que no nos conocemos. No trabajamos juntos. Yo les digo siempre: venid un día a Braval. Ayudad. Dedicad horas a los demás.
Arremangarse.
Una cosa es la teoría. Pero ¿cuántas horas al mes dedicas a los demás? Puedes ser de izquierdas o de derechas, pero te tienes que arremangar.
Tocar persona.
Cuando te arremangas conoces mejor a los demás. Mucha de la gente que habla de solidaridad no ha bajado nunca a la calle, jamás ha tocado persona.
¿Qué es ser del Opus Dei?
Es mi vocación, lo que creo que Dios me pide, santificarme en mi trabajo.
El celibato.
Dios me lo ha pedido. Tengo más libertad, más disponibilidad. No siento ninguna tensión. Estoy muy a gusto.
La llamada.
Hay que estar en sintonía con Dios. Nunca estás seguro. Dios no manda mails. Dudas. Pero al final te fías de Él.
No le habla a todo el mundo.
A veces no es que Dios no te hable, es que no le oyes.
Debilidad.
No soy un especialista. Me esfuerzo en mejorar pero Dios ya sabía cómo era cuando me llamó.
Un amigo quiere tener fe y no le sale.
Que ayude a los demás. Si ayudas a los demás conocerás a Dios: porque practicas la caridad y la caridad es amor, es Dios. Te lo encontrarás de cara.
Entrevista de Salvador Sostres,

en 
abc.es.

Juan Ramón Domínguez Palacios
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