Estáis aquí en Xabec para convertiros en técnicos excelentes. Pero la excelencia técnica sin criterio humano y moral se queda coja. Hoy vamos a reflexionar sobre una realidad incómoda pero ineludible que vais a encontrar en vuestro día a día profesional y personal: el mal. ¿Por qué existe? ¿Cómo se explica desde la antropología, la filosofía y el cristianismo?
1. Introducción: El elefante en la habitación (Antropología)
El dato empírico: Si miramos la historia, la política, e incluso las dinámicas de cualquier empresa o taller, el mal no es una excepción; es una constante.
La paradoja antropológica: El ser humano es la única criatura capaz de lo más sublime (crear arte, curar, innovar) y al mismo tiempo de la destrucción más calculadora.
Mirada antropológica: Antropológicamente, el mal en el hombre no es simplemente "falta de información" o "ignorancia" (como creían los socráticos). El ser humano experimenta una ruptura interior. Tenemos una tendencia natural hacia el bien, pero al mismo tiempo una vulnerabilidad radical a buscar nuestro propio egoísmo a costa de los demás. No somos ángeles, ni tampoco puras bestias: somos seres heridos con libertad para elegir.
2. El diagnóstico de la razón: ¿De dónde sale? (Filosofía)
La distinción clásica: Los filósofos distinguen entre el mal físico (el dolor, la enfermedad, las catástrofes) y el mal moral (el que los seres humanos provocamos voluntariamente por la soberbia, la envidia o la pereza).
El mal como parásito: Desde la tradición filosófica clásica (heredera de los griegos y san Agustín), el mal no tiene entidad propia, no es una "cosa" creada, sino una privación, una herida. Es como la oscuridad: no existe la "oscuridad" como partícula física; la oscuridad es simplemente ausencia de luz. El mal es la ausencia de bien donde debería haberlo (por ejemplo, la injusticia es ausencia de justicia; la mentira, ausencia de verdad).
El papel de la libertad: Para la filosofía, el origen del mal moral está ligado inseparablemente a la libertad. Sin libertad no hay amor ni mérito, pero el precio de la libertad es que el ser humano puede elegir el egoísmo en lugar del bien. El hombre a menudo absolutiza su propio "yo" y convierte los medios (el poder, el dinero, el éxito) en fines absolutos, pisoteando a los demás.
3. La respuesta de la fe: El misterio de la iniquidad y la Redención (Visión Cristiana)
No hay un "principio del mal": El cristianismo rechaza el maniqueísmo (la idea de que hay un dios del bien y un dios del mal luchando eternamente). Dios creó todo y era bueno. El mal entra en el mundo por una mala utilización de la libertad creada (el pecado original y personal).
El escándalo de la Cruz: Para la fe cristiana, Dios no da una explicación teórica abstracta al problema del mal; da una respuesta viviente. Se sumerge en el sufrimiento humano a través de Jesucristo. La cruz no justifica el mal, pero le quita la última palabra.
La gracia y la conversión: El cristianismo enseña que el mal no se vence con nuestras solas fuerzas humanas (lo que derivaría en ideologías utópicas crueles), sino abierto a la Redención, a la gracia y al perdón, que tienen el poder de transformar el corazón del hombre por dentro.
4. Conclusión: Vencer el mal con el bien (El futuro os pertenece)
El reto profesional y humano: En vuestro futuro taller, despacho o planta de producción, os enfrentaréis a atajos deshonestos, mediocridad, chapuzas justificadas o falta de ética profesional. El mal adopta la forma de la ley del mínimo esfuerzo, del engaño al cliente o del corporativismo tóxico.
La victoria activa: San Pablo lo resumió de forma magistral: «No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence el mal con el bien» (Rm 12, 21). El bien no es pasivo; es una fuerza transformadora. No basta con "no hacer el mal"; hay que construir activamente la excelencia.
Vuestra misión: El futuro de la humanidad no pertenece a los cínicos ni a los mediocres, sino a profesionales excelentes desde el punto de vista técnico (que sepan hacer las cosas impecablemente bien) y humano (que pongan la técnica al servicio de la persona, con integridad, honradez y sentido del bien común). Ahí es donde vuestra paso por Xabec marcará la diferencia.

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