viernes, 28 de agosto de 2026

La apasionante tarea de vencer el mal con el bien

¡Buenos días, futuros profesionales!

Estáis aquí en Xabec para convertiros en técnicos excelentes. Pero la excelencia técnica sin criterio humano y moral se queda coja. Hoy vamos a reflexionar sobre una realidad incómoda pero ineludible que vais a encontrar en vuestro día a día profesional y personal: el mal. ¿Por qué existe? ¿Cómo se explica desde la antropología, la filosofía y el cristianismo?

1. Introducción: El elefante en la habitación (Antropología)

  • El dato empírico: Si miramos la historia, la política, e incluso las dinámicas de cualquier empresa o taller, el mal no es una excepción; es una constante.

  • La paradoja antropológica: El ser humano es la única criatura capaz de lo más sublime (crear arte, curar, innovar) y al mismo tiempo de la destrucción más calculadora.

  • Mirada antropológica: Antropológicamente, el mal en el hombre no es simplemente "falta de información" o "ignorancia" (como creían los socráticos). El ser humano experimenta una ruptura interior. Tenemos una tendencia natural hacia el bien, pero al mismo tiempo una vulnerabilidad radical a buscar nuestro propio egoísmo a costa de los demás. No somos ángeles, ni tampoco puras bestias: somos seres heridos con libertad para elegir.

2. El diagnóstico de la razón: ¿De dónde sale? (Filosofía)

  • La distinción clásica: Los filósofos distinguen entre el mal físico (el dolor, la enfermedad, las catástrofes) y el mal moral (el que los seres humanos provocamos voluntariamente por la soberbia, la envidia o la pereza).

  • El mal como parásito: Desde la tradición filosófica clásica (heredera de los griegos y san Agustín), el mal no tiene entidad propia, no es una "cosa" creada, sino una privación, una herida. Es como la oscuridad: no existe la "oscuridad" como partícula física; la oscuridad es simplemente ausencia de luz. El mal es la ausencia de bien donde debería haberlo (por ejemplo, la injusticia es ausencia de justicia; la mentira, ausencia de verdad).

  • El papel de la libertad: Para la filosofía, el origen del mal moral está ligado inseparablemente a la libertad. Sin libertad no hay amor ni mérito, pero el precio de la libertad es que el ser humano puede elegir el egoísmo en lugar del bien. El hombre a menudo absolutiza su propio "yo" y convierte los medios (el poder, el dinero, el éxito) en fines absolutos, pisoteando a los demás.

3. La respuesta de la fe: El misterio de la iniquidad y la Redención (Visión Cristiana)

  • No hay un "principio del mal": El cristianismo rechaza el maniqueísmo (la idea de que hay un dios del bien y un dios del mal luchando eternamente). Dios creó todo y era bueno. El mal entra en el mundo por una mala utilización de la libertad creada (el pecado original y personal).

  • El escándalo de la Cruz: Para la fe cristiana, Dios no da una explicación teórica abstracta al problema del mal; da una respuesta viviente. Se sumerge en el sufrimiento humano a través de Jesucristo. La cruz no justifica el mal, pero le quita la última palabra.

  • La gracia y la conversión: El cristianismo enseña que el mal no se vence con nuestras solas fuerzas humanas (lo que derivaría en ideologías utópicas crueles), sino abierto a la Redención, a la gracia y al perdón, que tienen el poder de transformar el corazón del hombre por dentro.

4. Conclusión: Vencer el mal con el bien (El futuro os pertenece)

  • El reto profesional y humano: En vuestro futuro taller, despacho o planta de producción, os enfrentaréis a atajos deshonestos, mediocridad, chapuzas justificadas o falta de ética profesional. El mal adopta la forma de la ley del mínimo esfuerzo, del engaño al cliente o del corporativismo tóxico.

  • La victoria activa: San Pablo lo resumió de forma magistral: «No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence el mal con el bien» (Rm 12, 21). El bien no es pasivo; es una fuerza transformadora. No basta con "no hacer el mal"; hay que construir activamente la excelencia.

  • Vuestra misión: El futuro de la humanidad no pertenece a los cínicos ni a los mediocres, sino a profesionales excelentes desde el punto de vista técnico (que sepan hacer las cosas impecablemente bien) y humano (que pongan la técnica al servicio de la persona, con integridad, honradez y sentido del bien común). Ahí es donde vuestra paso por Xabec marcará la diferencia.

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