lunes, 23 de marzo de 2015

«¿Por qué aumenta la corrupción?», por Domènec Melé

   
Por su agudeza y actualidad propongo hoy la lectura de un breve análisis del Profesor del IESE Domènec Melé, publicado en el blog de Ética Empresarial de dicha escuela de negocios, sobre las causas de la corrupción en España.
¿Por qué aumenta la corrupción?
Domènec Melé / Ética Empresarial
   En el último Corruption Perception Index de Transparency Internacional (2013) donde figuran, en primer lugar los países menos corruptos, España ha bajado al puesto 40, cuando en 2011 era el 31 y diez años atrás el 23. Me temo que el año próximo será aún peor, después de los escándalos de este año, incluyendo la “operación púnica”, el mayor escándalo del año en curso. Uno se pregunta por qué. Creo que las causas de la corrupción son múltiples y probablemente interdependientes. Conocerlas es un primer paso para actuar con medidas de prevención y disuasión.
Me atrevo a apuntar 10 posibles causas, y dejo en el aire otras tantas preguntas:


  1. Codicia personal que lleva a un afán inmoderado de dinero o poder, el cual se busca sin ningún tipo de restricción moral. La causa antropológica desencadenante es el impulso humano  innato de poseer bienes externos, cuando no es subordinarlo a la integridad personal. ¿Se valora menos la integridad personal que en el pasado? ¿Faltan motivadores religiosos o de otro tipo quizá más vigorosos en otro tiempo?
  2. Declive de la sensibilidad ética personal, ya sea por falta de educación o por aprendizajes negativos, desarrollados al no dar importancia a conductas torcidas en el pasado. ¿Conviene revisar la educación ética? ¿Hay que revalorizar la sinceridad con uno mismo y el arrepentimiento y conocer mejor su influencia en promover aprendizajes positivos?
  3. Falta de sentido de servicio al trabajar en instituciones públicas o privadas. Se manifiesta, por ejemplo, en quien se sirve de la política para sus intereses egoístas, en lugar de servir al bien común a través de la política. ¿Cómo promocionar políticos y líderes con verdadero espíritu de servicio?
  4. Poca conciencia o escaso coraje para denunciar comportamientos corruptos y situaciones que facilitan la corrupción. Es el caso de quien conoce la corrupción y no dice nada. Así encubre al corrupto quizá pensando que eso no es un problema propio o, tal vez, por cobardía, para no complicarse la vida. ¿Convendría promocionar una cultura de denuncia de corruptos?
  5. Entornos culturales tolerantes con la corrupción. Ocurre al justificar, y aun admirar, al pillo (“listo el que sabe cómo evadir impuestos”). También al racionalizar falsos argumentos carentes de toda base moral (“todo el mundo lo hace”; “aprovéchate ahora que puedes”; “a vivir que son dos días”). ¿Quién ha de promover esa cultura? ¿Los líderes sociales? ¿Todos?
  6. Falta de transparencia, especialmente cuando es institucional, pero también en organizaciones menos formalizadas. Saber que lo que haces está a la vista de todos, ¿no puede disuadir actuaciones corruptas?
  7. Regulaciones y controles poco eficientes. Probablemente no hacen falta más regulaciones ni aumentar los controles: son caros y tienden a ahogar la iniciativa y la dinámica gerencial. Pero sí una mejor regulación y un control más eficaz en ámbitos propensos a la corrupción. ¿Es eso tan difícil?
  8. Procesos judiciales lentos. En algún otro país habría que añadir “y poco fiables”. No creo que sea este el caso de España, que los jueces, salvo contadas excepciones, actúan con imparcialidad y sentido de la justicia, pero no se escapan de la crítica de ser extremadamente lentos. Los procesos rápidos pueden tener un mayor efecto ejemplificador que aquellos que cuando sale la sentencia, ya casi se ha olvidado el delito. La justicia exige que haya recursos y garantías, pero no hasta el punto de ralentizar tanto la administración de justicia. ¿Necesitamos más jueces, pero también mejores procesos?
  9. Falta de criterios morales en la promoción. Se favorece la corrupción cuando en la promoción faltan criterios de integridad probada y responsabilidad. Se omiten esos criterios cuando se promociona a alguien simplemente por su lealtad a quién manda o a los quienes controlan el partido. También si sólo se evalúan sus dotes estratégicas u organizativas. Es evidente que uno puede equivocarse al hacer un nombramiento, pero no se debe confundir error con ignorancia culpable por negligencia o falta de valoración ética. ¿Es un problema de miopía ética?
  10. Poca decisión en aplicar sanciones ejemplares ante actuaciones corruptas.No dar importancia o reaccionar con tibieza ante acusaciones de corrupción crea un ambiente proclive a mantener la corrupción. Lo hemos visto en partidos políticos, aunque últimamente parecen cambiar de actitud. ¿Será consistente y duradero?
En resumen hay causas personales (1 a 4), culturales (5), institucionales (6 a 8), y organizativas (9 y 10). Un buen diagnóstico de las causas reforzará la lucha contra la corrupción, de la que aquí, ya nos hemos ocupado en alguna ocasión.
profesionalesetica.org

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