sábado, 1 de junio de 2013

Las ‘villas’, un lugar de solidaridad y fe

Santuario de Caacupé
Carlos Olivero, sacerdote de la parroquia de Caacupé (Buenos Aires), nos narra su acción pastoral en las villas junto al entonces cardenal Bergoglio

      En Argentina, las 'villas' no son un fenómeno nuevo; existen desde la década de los años treinta. Desde entonces, miles de personas viven en estos asentamientos de gente obrera y humilde, de casas precarias que se distribuyen por distintas zonas del país. Sólo en la ciudad autónoma de Buenos Aires hay más de veinte 'villas' de emergencia, donde habitan cerca de doscientas mil personas.

      Ya de seminarista me tocó estar cerca de la realidad de las Villas y, desde entonces, desarrollo mi labor pastoral y social en la parroquia de Caacupé en la villa 21-24, ubicada en el barrio de Barracas, en Buenos Aires. Aquí viven cerca de cincuenta mil personas en situación de vulnerabilidad, sometidos a factores de riesgo como la droga, la exclusión social, la desnutrición, la orfandad, la violencia. 


   El ámbito de la parroquia le permite a la comunidad, por ejemplo, trabajar en su autoestima aprendiendo oficios que los impulsan a salir de la marginalidad y el desempleo. Se fomenta la cultura de la responsabilidad, del trabajo y del cuidado de la familia como institución fundamental para encontrar la felicidad. Los jóvenes constituyen un sector de la población en el que ponemos un foco especial a través de nuestro movimiento “exploradores”, buscando que fortalezcan sus capacidades y talentos; llevándolos hacia un ambiente positivo, de valores, de compromiso con uno mismo y con el otro.

      En mi caso personal, ocupo buena parte de mi tiempo en Caacupé dedicado a las personas que luchan contra su adicción a las drogas, el peor flagelo de las villas. En el Hogar de Cristo, nuestro centro de recuperación, trabajamos en una rehabilitación integral, que incluye cambios de hábitos y amistades, la reinserción social por medio del trabajo, una sana vinculación familiar y una mejor relación con Dios y con la sociedad. Las adicciones en estos barrios son el emergente de una gran cantidad de factores sociales, familiares, psicológicos, culturales y espirituales. Allí, la Iglesia –es decir, los sacerdotes, pero también los laicos y toda la comunidad de la parroquia– tiene una enorme tarea por delante.

      Esta realidad que rodea a las villas, y a quienes vivimos en ellas, es muy cercana a la figura de nuestro querido Papa Francisco. El arzobispo de Buenos Aires desde 1998, el cardenal Bergoglio, hoy Francisco, caminó por nuestro barrio cientos de veces, habló con la gente, celebró los sacramentos, rezó, escuchó, empujó cada iniciativa… Estaba enamorado de la religiosidad popular que vibra en nuestra villa. Como dijo en la última entrevista que concedió antes de ser Papa, en nuestra emisora, La 96, lo que admira de estos barrios humildes es su “solidaridad y su fe”, que se complementa a su vez con la alegría, porque son lugares donde hay verdadera fiesta. Celebramos la vida, la fe, la familia, y a nuestro Papa le gustaba ser parte de esas fiestas. Acompañó muchas veces el peregrinar de la virgencita de Caacupé, nuestra patrona; la última vez fue el 8 de diciembre de 2012. No sería justo omitir que el entonces arzobispo de Buenos Aires impulsó la fe en las villas duplicando la cantidad de sacerdotes en ellas, y colaboró con aliento y recursos para crear capillas, comedores, escuelas y hogares. Estaba en la tarea silenciosa, esa que sólo conocemos los que estamos dentro de la parroquia, y en las tareas públicas, donde se encontraba con la gente del barrio, celebraba los sacramentos y acompañaba predicando la palabra de Dios y rezando.

      Las villas extrañarán a Francisco, y seguro que en algún lugar el Papa, que hoy abraza a toda la Iglesia, extrañará las villas. Pero su paso por aquí dejó una huella indeleble en la gente, en los que lo conocimos y compartimos tiempo y palabras con él. El Papa está en las casas de la gente del barrio, en fotos de comuniones y confirmaciones, y está en el recuerdo vivo de haberlo visto caminar por sus calles. Las villas celebran que la Iglesia conozca a un pastor y peregrino de los humildes que la guiará con el mismo estilo afable y firme con el que supo llevar su diócesis antes de ser Francisco.

Carlos Olivero (Caacupé, Buenos Aires)

Revista Palabra / Almudí

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