lunes, 23 de enero de 2012

Optimismo, realismo... y fe

Optimismo, realismo... y fe
   Cuando estoy en paro, tengo que ser optimista. Cuando me van mal las cosas, tengo que ser optimista. Cuando me van bien, tengo que ser optimista. (...) Hay que huir del pesimista como de la peste. Porque el pesimista es un esterilizador de ilusiones

      Dice Leopoldo Abadía en su libro 36 cosas que hay que hacer para que una familia funcione bien

    «Hace muchos años, cuando empezaba el terrorismo en Euskadi, me invitaron a asistir a una conferencia en Bilbao. Cuando llegué, vi que el público estaba compuesto por unos cien empresarios y directivos. Conocía a bastantes. La mayoría llevaban guardaespaldas. Habían recibido cartas amenazadoras y no podían ir tranquilos por la calle. 

    Me extrañó que hubiera tantos en la conferencia. Más me extrañó cuando me enteré del título: "El optimismo". Pensé que el conferenciante no tenía ni idea de en qué país estaba ni de lo que estaba sucediendo allí. Por el apellido, vi que era vasco, lo que contribuyó a desconcertarme más. Era un hombre de unos cuarenta años, con un curriculum profesional muy bueno. Empezó a hablar y pisar fuerte desde el principio. 


    Recuerdo perfectamente sus primeras palabras: "El optimismo no quiere decir que aquí no pasa nada". Hizo una pausa y continuo: "Porque aquí pasan muchas cosas". Yo estaba en una de las últimas filas y vi que los asistentes, los cien, movían la cabeza afirmativamente, como diciendo: "iMe lo vas a contar a mí". El conferenciante, entonces, atacó duro: "El optimismo consiste en luchar con uñas y dientes para salir adelante en una situación concreta". Nadie se movió. La conferencia fue desarrollándose, pero yo me entere de muy poco, porque me había quedado enganchado en la definición. 

    Y empecé a sacar conclusiones, de las que vivo cuarenta años más tarde. 0 sea, que, cuando estoy en paro, tengo que ser optimista. Cuando me van mal las cosas, tengo que ser optimista. Cuando me van bien, tengo que ser optimista. (...) Hay que huir del pesimista como de la peste. Porque el pesimista es un esterilizador de ilusiones. Y, puestos a huir, hay que hacerlo más rápido cuando se te acerca uno y te dice: "Yo no soy pesimista; soy realista". Cuando oigáis eso, ¡escapaos! Ese tío es peligrosísimo».

      Me he acordado de esta idea al leer un dato en el libro Cómo tomar decisiones, de Peter Kreeft. El autor da el siguiente dato: 

      Una encuesta dirigida a profesores de alumnos de bachillerato en 1958 les planteaba la siguiente cuestión: ¿Cuáles son los principales problemas de comportamiento entre sus estudiantes? La respuesta fue:
− No hacer los deberes escolares.
− No respetar la propiedad ajena −p.e., maltratar los libros.
− Dejar las luces encendidas y abiertas las puertas y las ventanas.
− Arrojarse objetos en las clases.
− Correr por los salones.

      La misma pregunta fue dirigida solo treinta años después (una generación más tarde), en 1988. Las respuestas fueron muy diferentes. Los problemas de los actuales alumnos de bachillerato son los siguientes:
− Aborto.
− SIDA.
− Violación.
− Drogas.
− Miedo a la muerte violenta, asesinato, armas de fuego y navajas en la escuela.
      A pesar de todo, el libro de Kreeft es radicalmente optimista. «Los tiempos nunca son tan malos como para impedir que un hombre bueno viva en ellos».

      Un dato interesante: Los dos, Leopoldo Abadía y Peter Kreeft, además de ser octogenarios, son católicos practicantes. Y sonríen.

Santiago Chiva
OpinionCiudadano.blogspot.com/ Almudí

2 comentarios:

  1. Es cierto, muy verdadero: el andar triste y cabizbajo, con pesimismo, es todo lo contrario al ánimo que viene del Espíritu Santo. Muchas 'enfermedades del alma' vienen de rechazar implícita o explícitamente, el buen Espíritu que nos envía Cristo.

    Un saludo.

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  2. Me han sacado de duda.
    Ser optimista no es vivir sonriendo con la cabeza en las
    Nubes, sino hacer todo lo humanamente posible por salir de la situación
    Difícil, pero confiando plenamente en Dios.

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