martes, 24 de agosto de 2010

Audacia de la razón y obediencia de la fe

No recuerdo haber leído en los últimos años un documento tan estimulante como la encíclica Fides et ratio.  Su patente rigor conceptual e histórico no es un obstáculo o freno para la decisión con que aborda una de las cuestiones más acuciantes y problemáticas del pensamiento actual, cuyas raíces penetran hasta los primeros siglos de la era cristiana, y que —planteada de manera muy diversa— se remonta hasta la dialéctica griega de mito y logos.

Por Alejandro Llano
Catedrático de Metafísica

           Curiosamente, sin embargo, dos de los primeros comentarios globales que se hicieron a este documento ponían en duda la novedad de sus aportaciones y la relevancia de su mensaje.
 ¡Esta encíclica no dice nada nuevo! Así reza la primera impresión que tuve oportunidad de recoger en boca, sobre todo, de católicos conocedores de la doctrina de la Iglesia sobre las relaciones entre fe y razón. Obviamente, la observación quería expresar algo más que la acostumbrada tranquilidad con la que los creyentes suelen acoger un escrito magisterial, del que lo único que no esperan es que proceda a una variación sustancial de la postura católica sobre cuestiones que afectan a la moral o al dogma. Lo que traslucía era, más bien, una cierta decepción al no encontrar en este texto perspectivas innovadoras o puntos de vista no formulados anteriormente. Ahora bien, tal sentimiento de dejá vue resulta engañoso.

           Según tendremos ocasión de apreciar, la encíclica Fides et ratio responde a una situación mental nueva, caracterizada por el relativismo cultural y por el consiguiente cuestionamiento de una verdad con validez universal; postura que no se daba —por ejemplo— a la altura del Concilio Vaticano I o de la encíclica Aeterni Patris, y que, en cambio, ya se registra en un documento mucho más reciente cual es la Veritatis splendor. Como es lógico, al ser diferentes los problemas, también lo son las líneas de solución, por más que —insisto— la doctrina de fondo no haya cambiado ni pueda, en rigor, cambiar.

           La segunda impresión viene de parte no católica y tiene, esta vez, nombre, lugar y fecha. Se trata de una afirmación de Paolo Flores Diarquías, en su artículo “Aut fides aut ratio”, aparecido en el número 5/98 de la revista MicroMega. Aparte de otras tesis, que comentaré más adelante, se mantiene allí que la cultura católica oficial —como es la de la encíclica— no tiene nada que decir al hombre de hoy. También en este caso hay una primera lectura trivial del aserto en cuestión, a saber: que el enjuiciamiento que la Iglesia hace de la actual situación cultural no coincide con la visión del mundo propia del hombre tardomoderno, aquejado de un interno desfondamiento intelectual y de un escepticismo ético que le impiden aceptar un mensaje tan contundente como es el de la Fides et ratio.

ARVO
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