martes, 16 de noviembre de 2010

"Ofreced alivio en el nombre de Jesús"


Publico la homilía de Mons. Javier Echevarría, al conferir el diaconado a 34 fieles del Opus Dei en la basílica de San Eugenio (Roma), el pasado sábado día 13.
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Queridos hermanos y hermanas.
Queridísimos hijos que vais a ser ordenados diáconos.
1. Llenos de agradecimiento a la Santísima Trinidad, asistimos a la ordenación diaconal de estos treinta y cuatro hombres, fieles del Opus Dei. Entre las variadas ceremonias litúrgicas de la Almuí.org - Imposición de las manos del Prelado del Opus DeiIglesia, la administración de las Órdenes Sagradas —además de producir gran alegría al pueblo cristiano— es una celebración que tiene una belleza especial, llena de simbolismo y de significado. Mediante los gestos que realizaré como Obispo, como instrumento vivo de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, el misterio de Dios penetra con mayor fuerza e incisividad en nuestros corazones.
Como ha escrito el Santo Padre Benedicto XVI, «la belleza de la liturgia es parte de este misterio; es expresión eminente de la gloria de Dios y, en cierto sentido, un asomarse del Cielo sobre la tierra»[1]. Hemos, pues, de participar en este rito con la mayor piedad y con el gozo de llevar a cabo un acto de culto querido por Nuestro Señor.
Se trata de un acontecimiento muy sobrenatural, que sólo se puede percibir con los ojos de la fe; y, al mismo tiempo, está lleno de humanidad, porque comprobamos que el único sacerdocio, el sacerdocio de Jesucristo, continúa en el tiempo a través de sus ministros.
Mediante la imposición de las manos por parte del Obispo y la oración consagratoria, Dios Padre enviará sobre estos hermanos nuestros al Espíritu Santo, que «los marca con un sello ("carácter") que nadie puede hacer desaparecer y que los configura con Cristo, que se hizo "diácono", es decir, el servidor de todos»[2]. Pidamos a la Santísima Trinidad que acreciente en nosotros, durante esta celebración eucarística, las virtudes teologales: la fe, la esperanza y la caridad.
Al mismo tiempo, consideremos que no sólo los nuevos diáconos, sino todos nosotros, en cuanto cristianos, hemos recibido la misión de servir a los demás, siguiendo el ejemplo del Maestro, que no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en redención de muchos (Mt 20,28). 
 ALMUDÍ
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