viernes, 5 de febrero de 2010

EL BOTELLÓN


Un asunto desagradable

Oigo a Paco y a Sara —pongamos que se llaman así—, que están en el pasillo, junto a la puerta abierta de mi despacho. Paco, de pie, y Sara sentada en el suelo, fuman calmosamente un pitillo entre clase y clase.

—¿Qué vas a hacer el puente? —pregunta ella—.

—No sé... El viernes creo que haremos botellón.

—¿Y el sábado?

—Dormir.

Se hace un silencio largo.

—¿Y el domingo?

—No sé...

Lo siento; me temo que hoy no seré capaz de escribir un artículo "simpático y optimista como usted sabe". El botellón es asunto triste.

Ignoro si la terminología y la sintaxis son idénticas en toda España: en Madrid, "hacer botellón" significa ir por la noche a un jardín o parterre de la ciudad para intoxicarse con otros adolescentes en torno a un número suficiente de botellas.

El "botellón" y algunas de sus variantes más conocidas

Guillermo, un chaval flaco, listo y simpático, que parece peinado con una aspiradora, me dice que hay botellones de varios tipos:

—Tenemos el botellón—light, o pachanguita, a base de cocacola y birra, con mucha niña mona, grititos y tal. Luego está el botellón—acampada, en las afueras, en plan heavy. Una pasada. Yo a eso no voy. Y después el más corriente, que dura hasta las tres o las cuatro de la mañana, y todos acaban mamaos.

La terminología de Guillermo es aún más expresiva e irreproducible.

—Luego —continúa— está el botellón—precalentamiento antes de la discoteca...

Enrique Monasterio
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jueves, 4 de febrero de 2010

LA PERSECUCIÓN DE LOS JUSTOS


¿Qué ocurre cuando la ley se disocia del sentido de la justicia? Ocurre que los justos se convierten en delincuentes; y que son perseguidos como tales.

Así la célebre sentencia summum ius, summa iniuria alcanza una nueva significación que el genio latino ni siquiera pudo vislumbrar; pues ya no se trata de que el rigor ciego de la ley, olvidándose de las especiales circunstancias en que debe ser aplicada, acarree una injusticia, sino de que la propia ley consagre y ampare la injusticia.

Este deslizamiento fatal de la ley es la perversión máxima del Derecho; y, en puridad, su destrucción definitiva, pues la ley desligada de la justicia se convierte en una formidable máquina de iniquidad cuyos engranajes no tardan en triturar a quienes se empeñan en guiarse por un sentido natural de la justicia.

Así le ha ocurrido al juez Ferrín Calamita, que entendió que el sentido justo de la institución jurídica de la adopción no es otro que restablecer, en interés del menor, los vínculos de filiación allá donde tales vínculos han sido funestamente destruidos. Pero la ley ha decidido colocar el interés del menor en posición subalterna frente al interés de los adoptantes, que así pueden esgrimir un injusto «derecho a la adopción».

Al intentar atender al interés del menor, el juez Ferrín se ha dado de bruces con la ley, que consagra y ampara la injusticia; y cínicamente ha sido condenado por prevaricar, esto es, por «cometer a sabiendas una grave injusticia». Aquí vienen como de molde aquellas palabras de Isaías: «¡Ay de los que a lo malo llaman bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!». Que en esto consiste amparar con la ley la injusticia.


Juan Manuel de Prada

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miércoles, 3 de febrero de 2010

ADICCIONES Y AMOR


Recuerdo a Jorge, una persona a la que cuatro años de forja en su salida de la droga habían convertido en alguien admirable. Uno de esos afortunados que han logrado evitar el desastre que parecía inevitable.

Jorge es ahora hombre profundo, reflexivo. Siempre, explicando su dolorosa experiencia, cuenta cómo llega un momento, muy pronto, en que el toxicómano busca la droga al tiempo que la odia por la adicción que ha creado en él.

Jorge ha meditado mucho sobre el amor, sobre el deseo, sobre las adicciones. Dice que del fenómeno de la drogadicción se pueden extraer muchas ideas útiles para la vida afectiva de las personas. Me ha parecido interesante. Voy a intentar explicarlo.

Del amor nacen muchas cosas: deseos, pensamientos, actos. Pero todo esto que del amor nace, no es el amor mismo. Lo que amamos, efectivamente lo deseamos, es verdad. Pero también deseamos muchas cosas que no amamos, cosas que en sí mismas nos resultan indiferentes. Es muy peligroso identificar deseo y amor. Desear un buen vino no es amarlo. Desear la droga no es amarla. Desear sexualmente a una persona no es amarla.

Jorge piensa también en el origen primario de su problema: una familia rota. Se pregunta sobre el porqué del crecimiento alarmante de las rupturas conyugales, de las grandes crisis de tantas familias, que a su vez suelen producir luego tanto daño en las personas que las sufren. Porque son maravillosos los avances de la sociedad actual, es cierto. Pero qué contrasentido es éste, que tras haber alcanzado tan notable nivel de vida, el hombre haya quedado tan desprovisto de recursos a la hora de hilvanar una vida serena, ordenada, sin rupturas sangrientas en la convivencia diaria. ¿Por qué tantas situaciones de fracaso y tantas cicatrices? ¿Qué es lo que ocurre en el mundo occidental, que fracasan dos de cada tres matrimonios?

Alfonso Aguiló
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martes, 2 de febrero de 2010

LIBERTAD INTERIOR


Sus padres, un hermano y su mujer habían muerto en las cámaras de gas. Él mismo había sido torturado y sometido a innumerables humillaciones. Durante meses, nunca pudo estar seguro de si al momento siguiente lo llevarían también a la cámara de gas, o se quedaría de nuevo entre los que se salvaban, o sea, entre aquellos que luego tenían que llevar los cuerpos los hornos crematorios, y retirar después sus cenizas.

Victor Frankl había nacido en Viena pero era de origen judío, y eso precisamente le había conducido hasta aquellos campos de concentración nazis de la Segunda Guerra Mundial. Allí experimentó en su propia carne la dura realidad de una tragedia que asombró y asombra aún al mundo entero. Fue testigo y víctima de un gigantesco desprecio por el hombre, de todo un cúmulo de vejaciones y hechos repugnantes que, por su dimensión y su crueldad, constituyeron una triste y dura novedad en la historia.

Frankl era un psiquiatra joven, formado en la tradición de la escuela freudiana, y fiel a sus principios, era determinista de convicción. Pensaba que aquello que nos sucede de niños marca nuestro carácter y nuestra personalidad, de tal manera que nuestro modo de entender las cosas y de reaccionar ante ellas queda ya esencialmente fijado para el futuro, sin que podamos hacer mucho por cambiarlo.

Sin embargo, aquel día, estando desnudo y solo en una pequeña habitación, Frankl empezó a tomar conciencia de lo que denominó la libertad última, un reducto de su libertad que jamás podrían quitarle. Sus vigilantes podían controlar todo en torno a él. Podían hacer lo que quisieran con su cuerpo. Podían incluso quitarle la vida. Pero su identidad básica quedaría siempre a salvo, sólo a merced de él mismo.

Alfonso Aguiló

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lunes, 1 de febrero de 2010

CREAR UNA CULTURA DE LA VIDA...


En una ocasión, una conocida escritora, que ha hecho ella misma la experiencia de abortar, me confesó: Veo a mi niño en los sueños. Después de este acto hay sólo dos posibilidades: o te embruteces y sigues matando, o te conviertes y luchas por la vida.

La conciencia es –según los antiguos– la voz de Dios en nosotros. Se trata de una expresión sencilla y acertada. Dios existe, y nos habla en lo más íntimo del corazón. Si escuchamos su voz, somos conducidos a un camino de luz que, ciertamente, no carece de riesgos y obstáculos, pero aprendemos a llenar las situaciones difíciles de sentido. Dios no nos invita a una vida cómoda, pero está con nosotros en todo momento.

Sin embargo, cabe también la posibilidad de no escucharle, de acallar su voz y preferir el ruido de la calle. Entonces comenzamos a vivir “solos”, sin su presencia confortante. En consecuencia, no fundamentamos nuestra vida en la verdad, sino en una mentira, que se puede hacer cada vez más grande. Y como ya no encontramos paz en nuestro interior, algunos huyen hacia un activismo superficial, otros se quedan paralizados, se endurecen, se vuelven cínicos o caen en una suerte de desesperación.

Así se explica, en parte, la falta de decisión a comprometerse para toda la vida, a asumir responsabilidades a largo plazo y, naturalmente, a tener descendencia.

Jutta Burgraff

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domingo, 31 de enero de 2010

EL ARTE DE ESCUCHAR


Muy pocas personas saben escuchar de verdad. Y la forma en que sabía escuchar Momo era única. Lo hacía de tal manera que a la gente tonta se le ocurrían, de repente, ideas muy inteligentes. Y eso solo porque escuchaba con toda atención y simpatía. (Michel Ende)

Un escritor se encuentra con un viejo amigo. Hace mucho tiempo que no se ven y comienzan a charlar. Pero, más que entablar una conversación, el escritor toma el uso y el abuso de la palabra sin dejar que su amigo abra la boca. Al cabo de media hora se da cuenta de su descortesía y pide disculpas: “Perdona: solo he hablado yo. Ya me callo. Ahora cuéntame cosas de tu vida. Dime, ¿qué te ha parecido mi última novela?”.

Para educar hay que escuchar. ¿A quiénes? A los que van a ser educados. ¿Por qué? Porque no son muebles, sino seres humanos, inteligentes y libres, protagonistas de su propia educación. De entrada, las personas que saben escuchar suelen ser muy queridas. Ahí radica parte del atractivo de las madres a los ojos de sus hijos. Ahí encontramos el secreto del atractivo de Momo, esa chiquilla de 14 ó 15 años -protagonista de la novela que lleva su nombre-, acostumbrada a escuchar con interés, con paciencia y con inteligencia a todo el mundo: a sus amigos, a sus vecinos, al viejo barrendero de su barrio... Su autor, Michel Ende, nos dice de ella que sabía escuchar como nadie:

Sabía escuchar de tal manera que la gente perpleja e indecisa sabía muy bien, de repente, qué era lo que quería. Los tímidos se sentían de súbito muy libres y valerosos. Los desgraciados y agobiados se volvían confiados y alegres, y si alguno creía que su vida estaba totalmente perdida, que era insignificante y que él mismo no era más que uno entre millones, y que no importaba nada a nadie, y que se le podía sustituir con la misma facilidad que se cambia una maceta rota, pues si iba y le contaba todo eso a la pequeña Momo, le quedaba claro, de modo misterioso mientras hablaba, que tal como era solo había uno entre los hombres, y que, por eso mismo, a su manera era importante para el mundo.

José Ramón Ayllon
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sábado, 30 de enero de 2010

LA FELICIDAD DE ANDAR POR CASA


Posiblemente, lo que une a personas de toda condición sea su deseo de felicidad. Es verdad que cada persona, cada matrimonio y cada familia deben tener un estilo propio; no existen recetas para ser feliz. Lo que sí puede ser útil es tener criterios generales sobre los que construir un proyecto concreto de vida feliz. No es necesario complicarse demasiado, la felicidad de andar por casa está al alcance de todos.

VOLVER AL ORIGEN

La letra de una canción muy de moda dice que volver al origen no es retroceder, quizá sea andar hacia el saber. Se trata de una canción de clara reivindicación ecologista que encaja perfectamente con el espíritu de este artículo. El origen de cada vida humana es fruto de la unión de un hombre y una mujer. Cuando esa unión física se enriquece con la unión afectiva y amorosa, con el compromiso y la estabilidad, lo natural es que el hombre y la mujer sean los mejores y más naturales educadores del hijo.

En la familia aprendemos a darnos a los demás, la que nos proporciona la seguridad física, psicológica y afectiva que necesitamos para crecer felices y equilibrados. El aprecio que por la institución familiar manifiestan en encuestas personas de todo el mundo, se ve respaldado por numerosos estudios que confirman que la familia desempeña una labor social, educativa y preventiva insustituible. La unión estable y comprometida de un hombre y una mujer se convierte así en un bien social y no en una mera opción personal de vida.

Anibal Cuevas
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viernes, 29 de enero de 2010

El Papa de los derechos humanos


Artículo del Cardenal Cañizares sobre Juan Pablo II

El día en que escribo este artículo, hace ahora cinco años, visitaba por última vez al Papa Juan Pablo II; al día siguiente comenzaba la última fase de su enfermedad que acabaría con su vida. Desde aquel día traigo y llevo sobre mí un recuerdo imborrable: el regalo de una Cruz pectoral que llevo siempre en mi pecho. Como homenaje agradecido, permítanme esta breve reflexión sobre Juan Pablo II, como «el Papa de los derechos humanos».

En el libro entrevista de André Frossard con Juan Pablo II leemos en una de sus páginas: «Ya Chataubriand decía: ‘En todo tiempo, la misión de los Papas ha sido mantener o vengar los derechos del hombre’». En muy poco tiempo, Juan Pablo II se ha convertido a los ojos de la opinión pública en el «Papa de los derechos del hombre», y es verdad que nunca ha dejado de recordarlos, no sólo en Roma, sino en todos los países que le han abierto sus puertas e incluso delante de los Gobiernos que no están libres de reproches a este respecto.

Así fue, Juan Pablo II, el Papa venido de Polonia, tierra que tanto ha sufrido a lo largo de siglos y que ha visto tantas veces conculcados los derechos de sus gentes hasta la caída del régimen comunista. Fue «el Papa de los derechos del hombre». Desde el comienzo de su pontificado constantemente lo vimos y escuchamos saliendo al paso de la defensa del hombre y de sus derechos.

Antonio Cañizares
(27.01.10)
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jueves, 28 de enero de 2010

Vow, una promesa que se mantiene siempre


Reproduzco una entrevista a Aníbal Cuevas autor del libro “Más allá del sí, te quiero” (Editorial EIUNSA, colección Yumelia, 2007)

Está muy extendida la idea del matrimonio como un contrato, en él se estipulan los derechos y deberes de cada parte y las condiciones para la ruptura. ¿Qué nos puedes decir sobre esta idea?

Hace algunos meses compré en Nueva York, un libro sobre matrimonio. Aproveché la primera hora libre que tuve en el hotel para comenzar su lectura. No conocía el significado de una palabra, vow, que se repetía para referirse al matrimonio. Pregunté al conserje del hotel. Me explicó que significaba promesa.

Continué leyendo y apareció la palabra promise en contraste con vow. Bajé al hall del hotel y le pregunté a un maletero cuál era la diferencia.

Promise , me dijo, puede servir para concertar una cita a las ocho. Si no puedo acudir, no pasa nada grave. Vow, afirmó, es el compromiso que adquiero con mi padre en su lecho de muerte. Haré todo lo posible por cumplirlo. Y siguió: “Vow es la promesa que Dios les hizo a Moisés y a Abraham, una promesa que nunca se rompe y que siempre se mantiene pase lo que pase, algo de lo que podemos estar seguros”.

En un mundo material se hace necesario que el matrimonio se manifieste en un contrato, sin embargo es vow, una alianza, la entrega a otro. “Mis” derechos y “mis” deberes se sitúan en otra dimensión y pasan a un segundo plano.

Carlos Azarola

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miércoles, 27 de enero de 2010

Internet desafía a las dictaduras


La Red se ha convertido en una amenaza para los regímenes dictatoriales. Si hubiera existido entonces, ¿cuánto tiempo habríamos tardado en conocer la existencia de los campos de exterminio nazis o del Gulag soviético? Pese al refinamiento de los métodos de censura, resulta casi imposible silenciar las voces discrepantes. Los recientes ataques a Google en China han puesto aún más de relieve la necesidad de aunar esfuerzos internacionales para blindar el derecho fundamental a la libertad de expresión.

Por boca de la secretaria de Estado, Hillary Clinton, el gobierno de Estados Unidos ha instado a las empresas norteamericanas a “tomar un papel activo y desafiar las exigencias de la censura de gobiernos extranjeros”, con ocasión del reciente ataque de los hackers a los servidores de una treintena de empresas estadounidenses en China, entre las que se encontraban Google, Adobe y una subcontrata de defensa del gobierno; y ha animado al sector privado a “ejercer su responsabilidad compartida a la hora de ayudar a salvaguardar la libertad de expresión”.

Hillary Clinton habla claro

Hillary Clinton ha salido en defensa de Google el 21 de enero, después de que, tras el ataque, decidiera dejar de censurar los resultados de su buscador en chino –restricciones que estaban en pie desde 2006– y amenazara con abandonar aquel país, además de posponer el lanzamiento en China de dos teléfonos móviles Android desarrollados en colaboración con Samsung y Motorola.

La responsable diplomática ha exigido a China que “acometa una investigación exhaustiva sobre las ciberintrusiones” y que las pesquisas sean transparentes. “Los países o individuos dedicados a lanzar ciberataques –añadió– deben enfrentarse a las consecuencias y la condena internacional”. “En un mundo interconectado, un ataque contra las redes de una nación puede ser un ataque contra todos”. Según la secretaria de Estado, la administración Obama aspira a “crear normas de comportamiento entre Estados e incentivar el respeto hacia las redes comunes globales”.

Cristina Abad Cadenas (Aceprensa)
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lunes, 25 de enero de 2010

Educación de los sentimientos


Acabo de leer que cada año, sólo en Francia, se fugan de sus casas cien mil adolescentes, y cincuenta mil intentan suicidarse. Los estragos de las drogas -blandas, duras, naturales o de diseño- son conocidos y lamentados por todos. Parece como si las conductas adictivas fueran casi el único refugio a la desolación de muchos jóvenes. La gente mueve la cabeza horrorizada y piensa que casi nada se puede hacer, que son los signos de los tiempos, un destino inexorable y ciego.

Sin embargo, se pueden hacer muchas cosas. Y una de ellas, muy importante, es educar mejor los sentimientos. El sentimiento no tiene por qué ser un sentimentalismo vaporoso, blandengue y azucarado. El sentimiento es una poderosa realidad humana, que es preciso educar, pues no en vano los sentimientos son los que con más fuerza habitualmente nos impulsan a actuar.

Los sentimientos nos acompañan siempre, atemperándonos o destemplándonos. Aparecen siempre en el origen de nuestro actuar, en forma de deseos, ilusiones, esperanzas o temores. Nos acompañan luego durante nuestros actos, produciendo placer, disgusto, diversión o aburrimiento. Y surgen también cuando los hemos concluido, haciendo que nos invadan sentimientos de tristeza, satisfacción, ánimo, remordimiento o angustia.

Alfonso Aguiló

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domingo, 24 de enero de 2010

Cómo fortalecer el matrimonio en un país


Un grupo de investigadores estadounidenses ha diseñado un índice para medir con criterios precisos la salud del matrimonio en un país. Se trata de una idea sencilla pero muy novedosa: igual que se utilizan variables para tomar el pulso a la economía de un país, ¿no se podría hacer lo mismo con el matrimonio?

The Marriage Index, auspiciado por el Institute for American Values y el National Center of African American Marriages and Parentig, reúne cinco indicadores que permiten hacer una foto robot sobre el estado actual del matrimonio en un país. Los autores analizan lo que ha ocurrido en Estados Unidos entre 1970 y 2008.

Loss cinco indicadores son: el porcentaje de adultos casados; la percepción de felicidad matrimonial; el porcentaje de matrimonios intactos; el número de nacimientos dentro del matrimonio; y el porcentaje de niños que viven con sus padres casados.

Al igual que los indicadores económicos, estos criterios sirven para hacer una evaluación en el tiempo. Si comparamos los resultados de un año con los de los precedentes, sabremos si hemos mejorado o si estamos empeorando. Si la situación va a peor, lo lógico es preguntarse: ¿qué podemos hacer para mejorar?

Juan Meseguer Velasco
Aceprensa
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Trabajo de Dios


San Josemaría Escrivá solía hablar de la vieja novedad del mensaje que recibió de Dios: viejo como el Evangelio y como el Evangelio nuevo[1]. Viejo, pues el espíritu del Opus Dei es el que han vivido los primeros cristianos, que se sabían llamados a la santidad y al apostolado sin salirse del mundo, en sus ocupaciones y tareas diarias. Por eso, la manera más fácil de entender el Opus Dei es pensar en la vida de los primeros cristianos. Ellos vivían a fondo su vocación cristiana; buscaban seriamente la perfección a la que estaban llamados por el hecho, sencillo y sublime, del Bautismo[2].

Llenaba de alegría al Fundador del Opus Dei encontrar en los escritos de los antiguos Padres de la Iglesia trazas de este mensaje. Bien claras a este respecto son las palabras que San Juan Crisóstomo dirige a los fieles en el siglo IV: «No os digo: abandonad la ciudad y apartaos de los negocios ciudadanos. No. Permaneced donde estáis, pero practicad la virtud. A decir verdad, más quisiera que brillaran por su virtud los que viven en medio de las ciudades, que los que se han ido a vivir en los montes»[3].

«El Señor quiere entrar en comunión de amor con cada uno de sus hijos, en la trama de las ocupaciones de cada día, en el contexto ordinario en el que se desarrolla la existencia» (Juan Pablo II).

Las circunstancias de la vida ordinaria no son obstáculo, sino materia y camino de santificación. Con las debilidades y defectos propios de cada uno somos, como aquellos primeros discípulos, ciudadanos cristianos que quieren responder cumplidamente a las exigencias de su fe[4].

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sábado, 23 de enero de 2010

Orquestando muerte... o vida


La acción de los lobbies ante la Unión Europea

Su existencia y funcionamiento son bastante desconocidos, pero los lobbies son un protagonista más de la vida de la Unión Europea. Entre ellos, hay organizaciones veteranas que, con muchos fondos, defienden el aborto o la ideología de género; y otras, más nuevas, que aportan sus pocos medios a la defensa de la vida y la familia. Su trabajo decide mucho de lo que ocurre en Europa y en el resto el mundo

La Presidencia española de la Unión Europea es algo más que el montaje con imágenes de distintos países, que se proyectó en la Puerta del Sol, tras las campanadas de fin de año. «Si bien el mandato es breve -explica doña Lola Velarde, Presidenta de la Red europea del Instituto de Política Familiar-, la Presidencia influye clarísimamente en la política europea, porque se puede aprovechar para incluir iniciativas que luego quedan ahí».

En este sentido, el IPF ha denunciado que «el Gobierno español quiere aprovechar su mandato en la Presidencia europea para radicalizar a Europa». El Programa conjunto para las presidencias de España, Bélgica y Hungría se plantea, por ejemplo, difundir la ideología de género y que se simplifiquen los trámites para el divorcio. En cambio, no hay propuestas ante problemas como la bajísima natalidad o las enormes diferencias entre países en ayuda a la familia. En 75 páginas, la familia sólo merece cinco menciones, y ninguna propuesta concreta.

No se trata sólo, sin embargo, del contenido del programa. En la Unión Europea, como en la ONU y en todos los países, actúan poderosas organizaciones defensoras de la cultura de la muerte, que seguirán intentando promover, desde sus instituciones, cuestiones como el aborto o el matrimonio homosexual. Frente a la embestida de estos lobbies, han ido surgiendo otras iniciativas, como el IPF, para defender, en el plano internacional, la vida y la familia.

En Estados Unidos, donde la acción de los lobbies es mucho más conocida, también está totalmente regulada. No ocurre lo mismo en la ONU y la UE. Sus métodos -explica el señor Austin Ruse, Presidente de Instituto Católico de Familia y Derechos Humanos (C-FAM), con 13 años de experiencia ante la ONU- son variados: contactar con las delegaciones amigas y con los funcionarios que elaboran los borradores de los documentos, organizar campañas y ruedas de prensa y, lo más importante, «estar en las negociaciones y hablar con los diplomáticos». Los lobbies pueden ser tanto empresas como ONG con estatus consultivo, y su objetivo es influir «en todos los temas sobre los que se debata».

María Martínez López


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La libertad, en peligro


A la Ley del aborto y a la anunciada Ley de libertad religiosa se les une, en el programa laicista del Gobierno para esta legislatura, una Ley de Igualdad de Trato y No Discriminación, cuyo fin es proteger los derechos de las minorías e impedir que cualquier persona pueda ser discriminada por razones de raza, sexo, edad u orientación sexual. Sobre el horizonte, sin embargo, se cierne la amenaza de la imposición de una totalitaria moral de Estado

La novela Un mundo feliz, del visionario Aldous Huxley, presenta una sociedad perfecta, basada en el sexo y el placer, y en la que el sufrimiento no tiene cabida. Quien no vive de acuerdo a sus postulados es expulsado a diferentes reservas distribuidas por todo el mundo.

En España, además del proyecto de reforma de la Ley de libertad religiosa, previsto para antes del verano, está pendiente, en los planes del Gobierno, la Ley de Igualdad de Trato y No Discriminación, una iniciativa nacida para evitar la discriminación y que, paradójicamente, puede acabar discriminando a aquellos que se oponen a la corriente ideológica general. Sin llegar al destierro, los cristianos podrían acabar siendo objeto de discriminación y siendo enviados a una suerte de reserva moral, como parias ideológicos del paraíso laicista que el Gobierno socialista quiere imponer.

La dictadura del relativismo está dejando paso, en una secuencia lógica, a la tiranía de lo políticamente correcto: primero se igualan las religiones y los modos de vida y de pensamiento, para al final acabar dando la vuelta a todo y hacer de lo minoritario, la norma, y de lo mayoritario, la excepción. Se empieza defendiendo los derechos de las minorías, con la intención de acabar después condenando a los que no se unen a la corriente de lo socialmente aceptado, a los que no tragan con todo, a los que llaman a las cosas por su nombre.

El último ejemplo de esta secuencia: las medidas de discriminación positiva impulsadas, la semana pasada, por el Ministerio de Justicia, al subvencionar a la Federación estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales, con el objetivo de (¡¿?!) «promocionar la libertad religiosa». Si se trata de combatir al cristianismo, mejor, diluirlo antes en un batiburrillo en el que todo es lo mismo: lo mismo una religión que una asociación de personas unidas por su orientación sexual.

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Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Alfa y Omega

jueves, 21 de enero de 2010

La unión hace la vida


Hace años entablé amistad, corta pero intensa, con un sacerdote ortodoxo, profesor universitario. Vino para un congreso a la Universidad de Navarra. Estuvo sólo tres días. Charlamos, rezamos, comimos y paseamos juntos. Traía algunos prejuicios que me comentó, y que —como suele suceder— se desmontaron solos al comprobar que no eran gigantes, Almudi.org - Ramiro Pelliterosino sólo molinos de viento, ciertas ideas que se había forjado (o que había recibido) acerca de los peligros de involucrarse con católicos, sobre todo si eran españoles...

El segundo día me enseñó la fotografía de su familia, fotografía que le bendije como expresión de afecto. El último día, cuando esperábamos para facturar su equipaje en el aeropuerto, se volvió hacia mí para despedirse, con los brazos bien abiertos: “Por fin he comprendido —me dijo con voz entrecortada— el significado de la palabra hermanos”. Al abrazarlo, yo también abracé a un hermano con el que me unía una real amistad. Uno y otro sólo habíamos conversado, a veces largos ratos, compartiendo afanes e ideales que nos unían y comprendiendo el alcance de los puntos de vista en que divergíamos. Fue para ambos una enseñanza vivida de ecumenismo.

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Ramiro Pellitero

Todas las religiones no son iguales


Flaco servicio nos hacen los talibanes a todos los que creemos en Dios e intentamos practicar una religión. Los ateos de toda la vida han encontrado una ocasión de dulce para arremeter contra la religión, sea la que sea. Y algunos, haciéndose eco de Saramago, el apóstol Nobel del ateísmo, o por cuenta propia, se dedican en los medios a denigrar a todas las religiones, y a meternos a los que creemos en Dios en el mismo saco de la estulticia. Y no sólo eso, sino que tienen el atrevimiento de considerarnos nada menos que un peligro para la humanidad.

En el periódico ABC leí con estupor un comentario de Javier Reverte que aprovecha la «hazaña» de Bin Laden para echar un cubo de basura contra el cristianismo. Éstas son algunas de sus afirmaciones: «La democracia que hoy disfrutamos algunos países de la Tierra, todos ellos de carácter cristiano, nació de la lucha civil contra el poder de la Iglesia, en sus orígenes aliada de los reyes y de los más pudientes. Quizás, desaparecido Bin Laden, sea esta la ocasión para que el mundo islámico alumbre su primera democracia en contra de su propia iglesia y de su propio clero. Debemos ayudarles a conseguirlo para bien de la historia humana». Y afirmaciones parecidas vienen publicándose con frecuencia en otros diarios y revistas.

No se puede tildar al credo católico, o cualquier otro credo, como enemigo de la sociedad. Eso es una afirmación tremendamente injusta. No hay que confundir a la Iglesia con otras creencias religiosas, y menos aún si se practican sin sentido común, porque entonces allí Dios no puede estar. Ni podemos catalogar a todo el mundo de fanáticos peligrosos. Tampoco en el Islam son todos iguales.

Juan García Inza

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miércoles, 20 de enero de 2010

Con verdad y caridad


Levante - Emv

Este artículo ha cambiado su rumbo releyendo a san Josemaría: «Hemos de comprender a todos, hemos de convivir con todos, hemos de disculpar a todos, hemos de perdonar a todos». Almudi.org - Pablo Cabellos LlorenteJusto cuando pensaba estas líneas, he vuelto casualmente a esa frase.

Luego, he recordado a san Pablo invitando a ejercitar la verdad con caridad. Y de modo quizá necesario, he evocado la última encíclica de Benedicto XVI manifestando que tampoco hay caridad sin verdad: «Defender la verdad, proponerla con humildad y convicción y testimoniarla en la vida son formas exigentes e insustituibles de la caridad».

No es un escenario montado para lo que sigue porque, aunque son temas que debo conocer y esforzarme por vivir, a veces, uno no puede evitar ese algo de ira, acidez o incluso de amargura que producen algunas cosas.

He de tratar con caridad al Presidente del Congreso de los Diputados, también después de sus reiteradas proclamas de catolicismo, compaginadas con lo que, a mi parecer, son desaciertos doctrinales. Mi opinión sería menos valiosa sin una reciente declaración de la Conferencia Episcopal y del constante magisterio de la Iglesia en algunos temas tocados por el señor Bono.

Un día fue el cambio del matrimonio en nuestro país, otro el del aborto y ahora sus opiniones sobre el Obispo Munilla, al que ha calificado de conservador en el plano religioso.

Pero la verdad es que alguien que se llame católico no puede perder esta línea: Revelación, cuya culminación es Cristo; Magisterio de la Iglesia, que custodia e interpreta esa revelación; y vida personal del que no busca justificar sus errores, sino considerarlos a la luz de todo eso.

Es cierto que alguna literatura política, incluso religiosa, denomina conservador al que se empeña en vivir así. Y, en cierta medida, es adecuado el calificativo porque la Iglesia ha de guardar el depósito recibido; pero a la vez, es inadecuado cuando se ve desde una óptica terrena.

El comportamiento de un católico debe conducirse por la humildad de ajustarse a las indicaciones jerárquicas. Teólogos disidentes del magisterio no constituyen jerarquía. Es más, si un obispo cesa en su comunión con el Papa, sus actos no son enseñanza de la Iglesia.

Así, se acude mal a la frase agustiniana «ama y haz lo que quieras» para justificar el cambio conceptual del matrimonio en España, porque amar es cumplir la ley de Dios; no se puede justificar la nueva ley del aborto como mal menor respecto a la anterior, porque es un mal mucho mayor, como afirman los obispos, aunque sólo fuera por considerarlo un derecho, en lugar de un hecho punible despenalizado.

Los calificativos con respecto al obispo de Donostia tienen menos relevancia, pero suponen la vuelta al juicio terrenal sobre asuntos religiosos. No atribuyo intenciones, ni dudo de la buena fe, expongo hechos. Todos tenemos derecho a opinar pero, si lo hacemos en calidad de católicos, deberíamos ajustarnos a las enseñanzas de la Iglesia.

Las leyes se hacen en el Parlamento, pero la moral natural está inscrita en el hombre, y la conciencia católica se forma con Dios a través de la jerarquía. Dice Cristo de sus apóstoles y, en ellos, de sus sucesores: «Quien a vosotros oye, a mí me oye; quien a vosotros desprecia, a mí me desprecia».

Pablo Cabellos

La amistad, un tesoro



PARA ARISTÓTELES la amistad era "lo más necesario para la vida", y nosotros, cuando oímos decir que "un amigo es un tesoro" o que "donde está tu amigo está tu tesoro", nos damos cuenta de que esas palabras resuenan como un aldabonazo en nuestro interior. No nos dejan indiferentes, porque todos sabemos o intuimos qué clase de tesoro puede llegar a ser una amistad.

A las personas nos gusta tener amigos: gente con la que compartir vida, experiencias, tiempo, conversación... Nos gustan los amigos y nos parecen muy importantes, incluso imprescindibles. La amistad es una relación humana con un valor muy especial. Junto con la familia y el trabajo, es algo que nos parece que merece la pena y a lo cual dedicamos tiempo y esfuerzo. Queremos tener amigos en la vida: para no estar solos -a veces se siente la soledad incluso estando rodeados de gente-, para vivir la vida más a fondo y para disfrutarla de verdad. Como escribió Aristóteles, "sin amigos nadie querría vivir, aun cuando poseyera todos los demás bienes".

La amistad de las personas es un regalo. El regalo es mayor cuanta mayor sea la interioridad y la intimidad compartida. Esta debe cuidarse y en ella juega un papel muy importante el saber mirar porque puede franquearnos el paso al alma del amigo.

Una vez dentro, el mundo se abre ante nosotros de un modo desconocido y luminoso que provoca en nosotros muy diversos sentimientos (admiración, compasión, respeto, etc.), pero siempre el de "desear el bien del amigo, por el amigo mismo" (Aristóteles).

Ana María Romero


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martes, 19 de enero de 2010

La gran esperanza




¿Qué me cabe esperar? Ésta es la pregunta decisiva que toda persona se hace a lo largo de su vida. Representa un interrogante acerca del sentido de nuestra existencia y del destino que nos aguarda. La formuló Immanuel Kant hace más de dos siglos y encuentra hoy una luminosa respuesta en Spe salvi, la encíclica sobre la esperanza de Benedicto XVI. Lo que todos esperamos es vivir. Por eso la muerte se presenta ante nosotros como una profunda quiebra en la que parece que nuestras expectativas se hunden. Pero, bien pensado, lo que de verdad queremos no es una indefinida prolongación de los días del calendario. Aspiramos a más. El objeto de nuestro deseo es una vida plena, en la que —como dice el Papa— «la totalidad nos abraza y nosotros abrazamos a la totalidad». Anhelamos sumergirnos en «el océano del amor infinito», en la inmensidad del ser, desbordados por la alegría. Y esto, lo sabemos bien, no es algo que nos quepa alcanzar en esta vida.

Se trata de un tema perfectamente serio, que escritores superficiales están tratando de manera frívola. Hay razones filosóficas que fundamentan rigurosamente la realidad de la inmortalidad del alma. Pero, sobre todo, nos cabe esperar en la vida eterna gracias la confianza cierta que nos ofrece la fe en Jesucristo, muerto y resucitado por amor.

No se trata de una salvación individualista. Nadie se salva solo, así como nadie puede ser libre por su cuenta. La vida humana es un entramado de libertades que únicamente se pueden conciliar si todos aspiramos concertadamente a un bien solidario. Nada hay menos humano ni menos cristiano que el atomismo social, imperante en las ideologías de la modernidad. No es cierto que, si todos buscan su beneficio egoísta, lo que resulte sea el interés general.

Benedicto XVI traza en un panorama grandioso y realista, tan alejado de las utopías de la liberación como del consumismo que pone su corazón en satisfacciones inmediatas. Este horizonte trascendente confiere peso y valor a cada una de las actuaciones humanas que, como ya apunta el diálogo Gorgias de Platón, serán tenidas muy en cuenta al final. El Romano Pontífice no vacila a la hora de afirmar que el argumento más fuerte en favor de la vida eterna es precisamente el de la necesidad de un restablecimiento de la justicia que abarque todo el arco de la historia. Los débiles encontrarán satisfacción de los atropellos sufridos, mientras que el cinismo del poder no se dará por bueno. Pero el balance definitivo no anuncia temor sino amor. Sólo el amor salva. Sin menoscabo de la justicia, lo que nos espera es la misericordia.

Alejandro Llano

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