Tal vez convendría pararse en medio de la estampida que persigue el éxito y preguntarse si en esta corta vida que vamos a tener hacemos lo que realmente queremos, y si no valdría la pena tomar la propia dirección y abandonar la manada.
Hay palabras que se vuelven mágicas porque consiguen que al oírlas dejemos de pensar y demos por supuestas toda una serie de asociaciones aparentemente indiscutibles y obvias. Son como teclas de un piano que al pulsarlas nos hicieran suponer toda una melodía.

