La libertad y la felicidad tienen mucho más en común con el compromiso y la lucha diaria por ser fiel, que con la comodidad, el placer o la apetencia.
Recientemente leí una encuesta que ponía de manifiesto que a más del 80% de los jóvenes españoles de 14 a 25 años les parecía que era muy bueno ayudar a los demás, hacer algo para que el mundo sea mejor. En la misma encuesta cuando se preguntó a esos jóvenes si dedicaban algún tiempo a hacer algo concreto para ayudar a los demás y hacer un mundo mejor (en familia, colaborando con ONGs, etc.) la respuesta afirmativa no pasó del 10%.
Al cruzar los datos se ve que hay algo que no cuadra: una gran mayoría de los encuestados consideran que algo es muy bueno, quieren hacer el bien... y sin embargo una exigua minoría lo hace. ¿A qué se debe ésta contradicción?
