Nuestra sociedad global e intercultural se esfuerza en mejorar el bienestar de los individuos, dotarlos de valores positivos y fortalecer su desarrollo integral. ¿Cómo?
Entre las múltiples realidades, la investigación sociológica y antropológica destaca con perfil nítido el mejor escenario para el desarrollo: la familia estable. Encarnada en los pliegues de la historia, atraviesa siglos y milenios, se tensa y adapta a nuevas circunstancias, siempre antigua y siempre renovada. ¿Podrá nuestra sociedad cambiante e intercultural llegar a algunos acuerdos sobre el futuro de la familia y determinar qué políticas públicas convienen más, sin partir de convicciones religiosas o ideológicas?
Por distintas circunstancias, la importancia de la familia comprometida y, por tanto, estable resulta cada vez más evidente en el contexto global, como remedio al envejecimiento de la población y sus consecuencias.
