Tal
vez no nos atrevamos más que a “ser” la mula y el buey (que dan algo de
calor en aquél ambiente pobre e inhóspito); o un perrillo fiel con una
mancha negra que le cubre parcialmente un ojo, y que vigila sin
pestañear…
El origen de “el Belén” o “el Nacimiento”, como se llama entre nosotros, parece que se remonta a San Francisco de Asís,
que revivió el nacimiento de Jesús en la cueva de Greccio en 1223.
Después se extendería por toda Europa la costumbre de representar el
Misterio de la Navidad con figurillas más o menos artísticas.
Actualmente es muy popular en España y en los países de habla hispana.
Sin duda son costumbres emparentadas con el Belén las “pastorelas” de los países latinoamericanos ─sobre todo México─. Son pequeñas piezas de teatro, herederas de los “autos sacramentales”
que los españoles llevaron en la evangelización primera. Todas cuentan
la misma historia: la historia real de la Navidad, pero mezclada con
acontecimientos actuales, no sin cierta dosis de buen humor y una chispa
de ironía.

