Se trata de redescubrir el tesoro cristiano del silencio interior, del silencio de la oración, de la primacía de contemplación sobre acción.
Desde hace años tengo una tertulia sobre temas doctrinales con un grupo de viejos amigos en casa de uno de ellos. Suele ser el primer jueves de cada mes. En la última temporada hemos repasado cuestiones relacionadas con el Concilio Vaticano II. Para octubre, el tema principal era la doctrina de la asamblea ecuménica sobre los medios de comunicación. Como el día seis coincidía con el aniversario de la canonización de san Josemaría Escrivá de Balaguer, en la tertulia salieron diversos detalles de la vida y de las enseñanzas de éste.
Entre otras coincidencias, señalé la relativa al Catecismo de la Iglesia Católica, que dedica, por vez primera en la historia, bastantes números a la comunicación, y no sólo al octavo mandamiento y la veracidad. Viene a resumir el Decreto conciliar Inter mirifica. La inclusión catequética de los grandes temas de la doctrina social de la Iglesia fue un sueño de san Josemaría, que se cumplió al final de 1982.