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lunes, 14 de octubre de 2024

Por una política con mayor énfasis en la ciudadanía, la comunidad y la virtud cívica


Los argumentos políticos no pueden eludir lo relacionado con una vida lograda y buena

Avance

Filosofía pública es una recopilación de artículos breves escritos por Michael J. Sandel que exploran los dilemas morales y cívicos que animan nuestra vida pública y abordan algunas de las cuestiones éticas y políticas más controvertidas de nuestros tiempos.

Como la discriminación positiva, el suicidio asistido, el aborto, los derechos de los homosexuales, la investigación con células madre, las licencias de contaminación, los límites morales de los mercados, el significado de la tolerancia y la civilidad, los derechos individuales frente a las reivindicaciones de la comunidad y el papel de la religión en la vida pública.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Ideas para llevar la calma al espacio público

La imagen de un espacio público imperturbable, donde personas con distintas visiones del mundo intercambian pareceres de forma educada y serena, refleja más un ideal que una realidad en la política contemporánea. Pero que la armonía social sea difícil de alcanzar no significa que estemos condenados a la crispación permanente. Varias iniciativas en Estados Unidos promueven el respeto al adversario como una exigencia para rebajar los niveles de conflicto en la vida social.

martes, 13 de octubre de 2015

El papa recuerda exigencias éticas a políticos y ciudadanos


Os ofrezco este artículo de Salvador Bernal:
Ha construido su mensaje con puntos indispensables para una orientación más justa de la convivencia entre los hombres y los pueblos
Escribo estas líneas antes de leer la información sobre la Jornada Mundial de las familias en Filadelfia, origen histórico del último viaje de Francisco, profundamente pastoral, por mucho que algunos subrayen posibles elementos políticos.
Resulta comprensible que, para tantos observadores −incluso, creyentes−, interesen más los mensajes pontificios en ceremonias oficiales, y no digamos sus discursos en el Congreso de EEUU y en la asamblea general de la ONU. Salvo error por mi parte, es la primera vez en la historia que el obispo de Roma habla en el Congreso, y la quinta en Naciones Unidas, desde que Pablo VI acudió con un profundo mensaje de paz hará dentro de unos días cincuenta años.
Pero las palabras de Francisco no son políticas ni diplomáticas, sino religiosas. Al menos desde la constitución pastoral Gaudium et Spes, el magisterio católico supera la teoría del poder indirecto en favor de la legítima autonomía del orden temporal. No se excluye que los obispos actualicen y apliquen la doctrina social de la Iglesia cuando lo requieran las circunstancias. Pero su juicio será siempre moral... o no será católico. Y, si se extralimitasen, se encontrarían con la indiferencia de los miembros del pueblo de Dios, acostumbrados a elegir opciones y tomar decisiones prácticas en el ejercicio de su libertad personal (que incluye, lógicamente, sopesar aquellos criterios y juicios éticos).

miércoles, 14 de mayo de 2014

Valentía para defender los valores



   
   Existen católicos encogidos, consentidores del “dogma” obligatorio de una práctica de la fe reducida a la intimidad, convencidos de que la fe ha de guardarse en el reducto de la conciencia
A finales siglo XIX, el capitán del ejército francés Alfred Dreyfus, de origen judío y alsaciano, fue acusado de haber entregado documentos secretos a los alemanes. Enjuiciado por un tribunal militar, fue condenado a prisión perpetua, degradado y desterrado a la Isla del Diablo, cercana a la costa de la Guayana francesa, por un delito de alta traición. En ese momento, tanto la opinión pública como la clase política francesa adoptaron una posición abiertamente contra Dreyfus, cuya inocencia se demostró años más tarde.

viernes, 3 de junio de 2011

Responsabilidad por la vida pública

Responsabilidad por la vida pública

   Un aspecto central de la misión propia de los fieles laicos es su compromiso en la vida pública, cultural y política, en orden a servir al bien común y especialmente a las personas más necesitadas

     La exhortación Christifideles laici (30-XII-1988) es la Carta magna sobre los fieles laicos, su vocación y misión. El texto prolonga la reflexión del Concilio Vaticano II, asumiendo la rica experiencia del camino posconciliar, enriquecedor y renovador. Un camino, sin embargo —se observa en la introducción—, no exento de dificultades. Concretamente se alude a dos “tentaciones” en los laicos mismos: «La tentación de reservar un interés tan marcado por los servicios y las tareas eclesiales, de tal modo que frecuentemente se ha llegado a una práctica dejación de sus responsabilidades específicas en el mundo profesional, social, económico, cultural y político; y la tentación de legitimar la indebida separación entre fe y vida, entre la acogida del Evangelio y la acción concreta en las más diversas realidades temporales y terrenas» (n. 2). 

      Estas dos “tentaciones” o riesgos pueden verse como consecuencia de un doble contexto histórico-social: de una parte, desde hacía muchos siglos, una extendida mentalidad que reservaba a los clérigos la responsabilidad de la edificación de la Iglesia, y, en consecuencia, consideraba a los laicos como meramente receptores de la salvación. A esto se ha venido sumando la progresiva descristianización de la sociedad, acelerada a partir de la revolución industrial en Francia y Centroeuropa. Pues bien, es este segundo fenómeno, la descristianización creciente, el que constituye la preocupación predominante del documento y determina su perspectiva y su forma de expresarse. Y es que Jesús quiere que especialmente los fieles laicos sean sal de la tierra y luz del mundo (cf. n. 4; Mt 5, 13-14).

Tareas propias de los laicos
      El texto deja claro que la preocupación por la salvación del mundo y la restauración del orden temporal pertenecen a todos los cristianos, como continuadores de la obra de Cristo, si bien de modos diversos. A los fieles laicos (los cristianos “de la calle”, que se santifican en la vida ordinaria y en el seno de la sociedad civil) les corresponde santificar las realidades terrenas (el trabajo, la familia, la cultura y la política, la salud y la enfermedad, el ocio y el deporte, etc.) “como desde dentro” del mundo mismo, como fermento o levadura. Es decir, viviendo plenamente su condición o índole secular. Esto significa el compromiso directo en la edificación de la ciudad terrena y en el progreso de los pueblos, por medio de su trabajo y en el transcurso de su existencia cotidiana. Es “ahí”, había dicho ya el Concilio Vaticano II, donde Dios los llama a ser santos, a dar testimonio de una vida coherente y a explicar las razones de su esperanza.
      Como todos los cristianos, los laicos también pueden contribuir a las necesarias actividades intraeclesiales (la catequesis, la colaboración en la liturgia, el servicio caritativo desde las parroquias, etc.), además de colaborar en ciertas tareas de los Pastores de tal manera que no se confundan las tareas de unos y de otros. 

      Juan Pablo II impulsó la formación de los fieles laicos ante todo como cristianos (vida de oración, celebración de los sacramentos, coherencia en la vida moral) y particularmente en la Doctrina Social de la Iglesia (encíclicas Laborem exercens, de 14-IX-1981, Solicitudo rei socialis, de 30-XII-1987, y Centesimus annus, de 1-V-1991). Al hacer esto, era bien consciente de que un aspecto central de la misión propia de los fieles laicos es su compromiso en la vida pública, cultural y política, en orden a servir al bien común y especialmente a las personas más necesitadas. 

      En esta línea sigue insistiendo Benedicto XVI, concretando cada vez más, para que los laicos no se retiren de sus propias responsabilidades. Esto comporta que también los Pastores (sobre todo los obispos) ejerzan las suyas en lo que se refiere a la formación de todos los fieles. 

Responsabilidad de los Pastores
      En su discurso del 26 de mayo a los obispos italianos, el Papa les ha insistido en su responsabilidad por la formación de los fieles laicos, para que éstos se impliquen en la vida pública, venciendo «todo espíritu de cerrazón, distracción o indiferencia». Les ha dicho que han de preparar a los laicos para que «quien está llamado a responsabilidades políticas y administrativas no sea víctima de la tentación de explotar su posición por intereses personales o por sed de poder». Les ha pedido que apoyen «la vasta red de agregaciones y de asociaciones que promueven obras de carácter cultural, social y caritativo»; que renueven «las ocasiones de encuentro, en el signo de la reciprocidad, entre el Norte y el Sur» (fomentando en el Norte la cultura de la solidaridad y del desarrollo económico, e invitando al Sur a dejar compartir sus recursos y cualidades). Les ha exhortado para que sigan cultivando «un espíritu de colaboración sincera y leal con el Estado», y que animen a cuantos «son llamados a gestionar la complejidad que caracteriza el tiempo presente»

      Además de esto y en cumplimiento de su misión como Pastores, «en una época en la que surge cada vez con más fuerza la petición de sólidas referencias espirituales», deben «plantear a todos lo que es peculiar de la experiencia cristiana: la victoria de Dios sobre el mal y sobre la muerte, como horizonte que arroja una luz de esperanza sobre el presente». Y «asumiendo la educación como hilo conductor del compromiso pastoral de esta década», han de «expresar la certeza de que la existencia cristiana —la vida buena del Evangelio— es precisamente la demostración de una vida realizada». De esta manera aseguran «un servicio no solo religioso o eclesial, sino también social, contribuyendo a construir la ciudad del hombre»: «una sociedad más justa, madura y responsable, capaz de redescubrir los valores profundos del corazón humano»

La Doctrina social, referencia para la espiritualidad de los laicos y su acción
      De esta forma, y siguiendo las huellas de su predecesor, Benedicto XVI se manifiesta del todo coherente con su afirmación de que «la Doctrina social de la Iglesia representa la referencia esencial para los proyectos y la acción social de los fieles laicos, así como para su espiritualidad, que se alimenta y se encuadra en la comunión eclesial: comunión de amor y de verdad, comunión en la misión» (Mensaje a la Asamblea plenaria del Consejo Pontificio Justicia y Paz, 3-XI-2010, n. 4). 

      Es la hora de preguntarnos si, especialmente los que nos dedicamos a tareas educativas, impulsamos de hecho la Doctrina social de la Iglesia, no permitiendo que se contemple sólo como una “bella teoría”, sino traduciéndola en obras “contantes y sonantes” de servicio. Los fieles laicos —en el ejercicio de su responsabilidad y libertad— están llamados a implicarse en las tareas culturales, sociales y políticas. Esto es —sobre todo en las circunstancias actuales— presupuesto y condición, manifestación imprescindible y consecuencia intrínseca de su propia vocación y misión.

Ramiro Pellitero. Universidad de Navarra
iglesiaynuevaevangelizacion.blogspot.com / Almudí