Si resulta que tenemos la Verdad, ¿por qué no la transmitimos? ¿Por qué no es atrayente? Quizá es que la hemos reducido a ideas. Y no hemos ido al motor que la pone en marcha: el Amor.
El gran problema de la Iglesia actualmente es la credibilidad. No somos creíbles. Y es curioso, porque la Iglesia defiende la Verdad. Hoy resulta también muy llamativo lo que se miente, en todos los ámbitos... Es como si nos hubiéramos acostumbrado a la mentira. No importa tanto la verdad de las cosas y las personas, sino si aquello convence.

