¿Por qué hacemos las cosas? Los economistas solemos fijarnos en un reducido paquete de motivaciones: el interés personal en los individuos, la maximización del beneficio
en las empresas, la optimización del poder en los políticos,… Bueno,
algo de eso hay. Pero todos tenemos muchas motivaciones distintas, que
aparecen simultáneamente en nuestras decisiones, quizás de formas
cambiantes, incluso a lo largo del tiempo.
Uno
puede ir a trabajar por la mañana porque es su deber, continúa
haciéndolo a media mañana por el qué dirán de sus colegas, trata de
contentar a sus jefes a mediodía, y aguanta hasta última hora de la
tarde por el prurito de ser el mejor. Y si no tenemos en cuenta esa
variedad de motivos, nuestra interpretación de la conducta de las
personas será equivocada. Pensar que todo lo que motiva a los
trabajadores es el salario o la amenaza del despido es un error.
