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jueves, 11 de noviembre de 2021

La discrepancia como herejía

Os animo a leer las reflexiones del prof. Masferrer: «Hay quienes entienden la democracia como fuente y oráculo de la verdad y del bien. 

Y conciben al Estado como la moderna inquisición cuya función es decidir qué puede decirse y qué no, sobre qué cabe discrepar y sobre qué no. Están muy equivocados. La esencia de la democracia radica en la garantía de las libertades fundamentales, y la primera en el ámbito público es la de permitir que todos, sin excluir a nadie, puedan contribuir en el proceso de deliberación pública»

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Iglesia y Estado

   El Dr. Navas reflexiona sobre el ambiente enrarecido que caracteriza en España la relación entre la Iglesia y los partidos políticos y afirma que la convivencia es posible si se basa en el respeto

      Me permito transcribir una cita larga, que merece la pena:

«La Constitución garantiza la libertad religiosa, que debe entenderse de modo dinámico, como ‘libertad activa’. Esto exige pensar un nuevo equilibrio entre Iglesia y Estado.La presencia social de la religión y de las diversas comunidades religiosas no es algo simplemente tolerable, sino rigurosamente imprescindible. Estimular de modo expreso el pluralismo religioso resulta más trabajoso, pero es también más propio de un régimen que posibilita la libertad... Hay que asegurar un lugar en la vida pública a las diversas comunidades religiosas. No entiendo qué ganancia de libertad ofrece un régimen laicista, que separa de modo radical Iglesia y Estado, frente a una actitud de cooperación entre ambas instancias... 

lunes, 28 de febrero de 2011

Furor legislativo voluntarista

  Interesante análisis el del Dr. Bernal sobre el actual chaparrón legislativo  

   Pensaba que era sólo un problema español, agudizado en las últimas legislaturas. Pero un “billete” agudo e irónico de Robert Solé, en Le Monde del pasado día 17, me hace caer en la cuenta de que es una epidemia de la llamada civilización jurídica continental.
   Se legisla demasiado y bastante mal. Casi todos los años hay que reformar las disposiciones de la temporada anterior, porque no se tuvieron en cuenta los efectos “perversos” de lo regulado. En vez de tachar, que sería más lógico, se amplían los textos y, por tanto, la capacidad de distorsión. Y, poco a poco, parece que el único campo jurídico es el administrativo, donde no prevalece la racionalidad, sino la voluntad de poder, cuando no los hábitos de probos funcionarios.

   Afortunadamente, hay leyes que no se aplican porque exigen reglamentos de aplicación complejos que lleva su tiempo elaborarlos. Basta pensar en la lentitud de la “transposición” de tantas directivas europeas.

   Ora fuente de la ineficacia jurídica es la sobrecarga judicial. Apenas crece el número de jueces ni los recursos humanos y materiales de las oficinas judiciales, pero cada vez son más los asuntos penalizados de los que debería entender la magistratura (bloqueada ya por el aumento de la conflictividad propia de tiempos de crisis económica).
   Pero, como dice Solé, hemos llegado a un auténtico “frenesí de textos”, que inunda la sociedad con oleadas normativas. Menciona un informe del Senado francés, según el cual los funcionarios locales estarían sujetos a unas... 400.000 prescripciones técnicas. De las basuras a las cantinas escolares, ningún campo queda exento. "Para cada cuestión, para cada eventualidad, para cada duda, la respuesta es la misma: legislar o reglamentar", comprueba la delegación del Senado para colectividades territoriales. 
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SALVADOR BERNAL
RELIGIÓN CONFIDENCIAL

jueves, 3 de febrero de 2011

El Estado de Bienestar y El Estado Minotauro [BLOG.225]

   Interesantes reflexiones que nos ayudan a entender la deriva ética de algunas democracias occidentales como la española.

   El Estado de Bienestar y El Estado Minotauro son los títulos de los dos últimos capítulos de la densa y muy bibliografiada monografía del Catedrático de la Universidad San Pablo de Madrid, DALMACIO NEGRO PAVÓN, Historia de las formas de Estado, Una introducción. Pero que en nuestra sintética presentación nos atreveríamos a titular así “Del Estado de Bienestar al Estado Minotauro” con el fin de dar un toque de atención y alertar a los lectores sobre nuestro presente político-social. La verdad es que da para pensar.

1. El Estado de Bienestar.

Respecto a su origen y sentido:

    “Estado de Bienestar (Welfare State, Wohlfahrtstaat) empezó a tomar forma en el decenio de 1940. Es una versión suave, maternal, no violenta, evolutiva, del paternal Estado Totalitario. Se caracteriza por una política económica y social que se propone inicialmente proporcionar a los más desfavorecidos servicios elementales, como los relacionados con la salud y la educación, en la medida posible de manera gratuita. Llamado también Estado Providencia”.

    * El Estado de Bienestar aspira a llevar su perfección al ideal del Estado Administrativo, aquel en que “las cosas se administran por sí solas”. Con ello, el liberalismo estatista de la social democracia se transforma en este Estado en un liberalismo totalitario para el que lo financiero-económico es lo principal.

    ** Y viene a ser una especie de Estado Totalitario bajo el engañoso pluralismo de los partidos y sindicatos burocratizados. Tan es así que los partidos, unidos por el consenso político, funcionan como los órganos de una dictadura impersonal: son la burocracia política de la sociedad política de la oligarquía formada por los propios partidos, las altas finanzas, la gran industria, los sindicatos, los intelectuales “orgánicos” y los poderes indirectos adictos.

2.- El Estado Minotauro.

    Bertrand de Jouvenel (1903-1987, Sobre el Poder), inspirándose probablemente en “La guerra de los mundos”, la famosa novela de H.G. Wells, proponía en 1945 el mito del Minotauro como la nueva forma de Estado —“que modela de tal modo las existencias particulares, que ya no es posible sustraerse a su acción, de suerte que no hay salvación sino apoderándose de él”—. Pues bien, hacia él ha evolucionado precisamente el Estado de Bienestar, siguiendo su lógica eudemonista hasta convertirlo no sólo en señor de las haciendas y dictador de la conducta, sino de la vida y de la muerte de una manera distinta a la de los Estados Totalitarios paternalistas que le prepararon el camino.

    “El Estado de Bienestar, al considerar al hombre “un recurso humano”, una cosa útil, un instrumento, en cierto modo, le protegía por su utilidad. Siguiendo esa tendencia, el Minotauro —un hombre con cabeza de toro— aparte de intensificar el intervencionismo, sólo reconoce ya francamente lo biológico de la naturaleza humana, cuya utilidad deja al criterio particular. Lo humano, fruto de la cultura, según el multiculturalismo, sería postrero al nacimiento. La naturaleza humana, una esencia, no existe antes de la existencia, había sentenciado Jean-Paul Sartre, el santo patrono del existencialismo”.

    Tan es así que el Minotauro ejerce mecánicamente la soberanía a través de sus enjambres de medidas y reglamentaciones artificiosas, incluidas las relacionadas con la vida elemental: relaciones matrimoniales, entre padres e hijos, sociales, morales, entre los campesinos y la Naturaleza. En fin de cuentas, todas la relaciones posibles entre los seres humanos.

    Concluyendo con Dalmacio Negro (frase final de la monografía): “Por ende, en último término, no se trata tanto de una cuestión política como moral: la política forma parte de la ética y no hay más que una moral universal, la natural, no la artificial que impone el Estado”.

    Referencia bibliográfica: Historia de las formas de Estado, Una introducción (Madrid, ed. El Buey mudo 2010) 421pp. 

Carlos Corral
Catedrático de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales