Abocados al cuerpo a cuerpo, a educar a nuestros alumnos uno a uno, como viejos maestros socráticos, mientras todos cumplimos, punto por punto, con la programación programada y programante que sea
“Mi melancolía arranca de que, hasta que hasta entonces, ni se me ocurrió echar, como antaño, mi cuarto a espadas contra las reformas que pretenden acabar con el fracaso escolar acabando con lo escolar, que es su flanco débil o, mejor dicho, delicado”.
“Me parece que debe evitarse un uso electoralista de las propuestas en este ámbito, porque si no, los sistemas de enseñanza se diseñarán en función de la capacidad que tengan de generar votos para unos o para otros”.
