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martes, 3 de noviembre de 2020

Apostar por el optimismo

 

«La felicidad no depende de la realidad, sino de la interpretación de la realidad que uno hace (…). Donde otros ven sombras y malos presagios, yo veo oportunidades y retos por cumplir»

Leo el periódico y todo son malas noticias, una detrás de otra. Aquí y allí y en la otra parte del mundo. Los periodistas se recrean relatando los hechos y cunde de entrada una mezcla de indiferencia y agotamiento que nos deja anestesiados. 

La mejor manera de funcionar es tener perspectiva, altura de miras, poner las luces largas y relativizar hechos, comentarios y afirmaciones. No perdamos de vista que en el mundo de las noticias existe una verdadera bulimia, unas se comen a las otras y en unos días se desdibujan, pierden su fuerza, se volatilizan.

martes, 13 de octubre de 2020

Es un momento de fomentar la esperanza de tiempos mejores y el optimismo

 

El ser humano ha sobrevivido a grandes crisis, y sobrevivirá esta

“Creo que después de esta crisis valoraremos más las relaciones sociales de amistad y familia; la salud física; el trabajo propio −aunque no sea ideal−; las manifestaciones culturales y educativas comunitarias”, afirma Fernando Sarráis, psiquiatra, psicólogo y profesor de la Facultad de Educación y Psicología. El experto de la Universidad de Navarra cree que “el ser humano ha sobrevivido a grandes crisis, y sobrevivirá a esta”, lo importante, dice, “es aprovechar la experiencia para mejorar personal y colectivamente”.

lunes, 11 de mayo de 2020

Para días oscuros

El optimismo es la creencia de que las cosas van a ir a mejor; la esperanza es la profunda convicción de que las cosas, vayan como vayan, siempre tienen sentido.
En medio de una semana un poco empinada, llegaron dos mensajes de antiguos alumnos que me sentaron muy bien, me empujaron casi. De uno tengo noticias de vez en cuando, varias veces al año, pero de la otra no había sabido nada desde hace no sé cuánto tiempo. 
Me mandaba un relato sucinto de lo que sucedió desde que el contagio obligó al aislamiento del marido hasta que el hombre cumplió la cuarentena y salió de allí con ganas y miedo de abrazar a sus dos hijos.

lunes, 12 de marzo de 2018

Optimismo a pesar de todo

Escribe Enrique Rojas: Es un misterio cómo algunas personas parecen inmunes al desastre, al contratiempo, a las dificultades, mientras que otras se ahogan en un vaso de agua.
Incluso en miembros de una misma familia los golpes negativos de la vida tienen una repercusión muy distinta. El optimismo y el pesimismo son dos formas de mirar la realidad. 
Todo depende de la óptica de cada uno. El optimista se enfrenta con una actitud esperanzada y es capaz de descubrir más lo bueno que lo malo. Se detiene más en lo positivo y desdibuja lo negativo y pierde fuerza. Por eso es perseverante e insistente en conseguir el objetivo que se ha propuesto. Puede, porque cree que puede.

jueves, 23 de noviembre de 2017

Escapar del ‘quejismo’

Un optimista no cierra los ojos a los inconvenientes, mira por encima de ellos convencido de que, sobre los nublados, siempre brilla el sol.
Un optimista puede ver una luz donde no hay ninguna,
pero ¿por qué tiene que correr siempre
el pesimista a apagarla?
Michel de Saint-Pierre
Ayer me contaron un chiste de esos que son el colmo de…
−Había una vez un hombre tan, pero tan optimista, que cuando le dio un infarto dijo que era una corazonada.

jueves, 18 de mayo de 2017

Poner ilusión

Escribe Leopoldo Abadía: Hay que dejar de ser cenizo, triste y negativo, porque con ese tipo de gente es metafísicamente imposible hacer nada animante, alegre y positivo.

Hace tiempo, en el AVE, pusieron una película. Tomé nota del título. O quizá fue algo que dijo uno de los protagonistas. No me acuerdo. Hoy encuentro el apunte:
“Aquí acaba el mundo. ¿O hay algo más?”
Hablando del mundo: me encuentro con un amigo. Está enfadado con el mundo, y dice que “no hay derecho”. Esta actitud le convierte en una persona amargada, porque, tal y como están las cosas, arreglarlas del todo es una tarea imposible.

sábado, 10 de septiembre de 2016

Ser auténtico en tiempos convulsos

Escribe Enrique Rojas: España está ardiendo. Son momentos históricos repletos de confusión e incertidumbre. El desencanto recorre los caminos del país en forma de torrentera, imparable. Hoy la vida española es caminar por el desierto. Y la proeza, no entregarse al mejor postor. No existe una crisis de la política (que sí), ni de las instituciones (que sí), sino de la persona. En la sociedad actual hemos ido produciendo, fabricando seres humanos cada vez más endebles, frágiles, inestables, resbaladizos sin criterios sólidos. Son tiempos de extravío, masas de gente a la deriva.

Dice un texto clásico: corruptio optimi pessima: la corrupción de los buenos es la peor. Los desastres de alguna parte de la vida política española asoman con altivez y alarde. La regeneración de la vida española necesita tiempo. Y su restauración es un tema complejo: no es fácil recuperar al enfermo en estas condiciones.
 Soy un optimista nato. Siempre veo la parte buena de las personas y de mi entorno.

Hoy quisiera referirme a la aspiración de ser auténtico. La autenticidad está encaramada en la cumbre donde habitan las personas de categoría. Hoy estamos de rebajas en este sentido y vemos a nuestro alrededor tanta gente que lleva una doble o triple vida.

lunes, 18 de enero de 2016

La sonrisa y la alegría

Sonreír porque Dios sonríe, sonreír porque con mis defectos soy cómico, sonreír porque los demás lo necesitan. Son las tres sonrisas que deben caracterizar a un cristiano
 “No se puede anunciar el Evangelio con cara de funeral”. La provocación del Papa Francisco no es una broma casual, y la idea de que los cristianos no deben mostrarse tristes no es nueva: “¡Deberían cantarme cantos mejores, para que yo me decida a creer en su Salvador! ¡Sería necesario que sus discípulos tuvieran más aspecto de gente salvada!”, decía Nietzsche.
Pero ¿cómo ser capaces de sonreír cuando las preocupaciones, el trabajo, los pequeños contratiempos y los grandes dolores son tan frecuentes en la vida?
La primera sonrisa es la fundamental: "Sonríe el que está en los Cielos", dice la Biblia. Y aún: "La alegría del Señor es vuestra fuerza". Es la sonrisa de Dios. La alegría con la cual el Creador contempla a cada una de sus criaturas debe ser el fundamento sólido de la serenidad y de la paz de cada uno de nosotros.
¿Pero no puede ser irreverente pensar que Dios, el Señor del Universo, sonría? "Dios debe amarnos tanto más cuanto más le hagamos reír", dice un personaje creado por Ray Bradbury. "Nunca había pensado al Señor como a un humorista", le responde alguien. La respuesta es inmediata: "¿El Creador del ornitorrinco, del camello, del avestruz y del hombre? ¡Oh, venga ya!".

viernes, 23 de octubre de 2015

Razones para el optimismo


Es cierto que a veces la vida es dura, pero también lo es que a veces nos quejamos demasiado; somos tan miopes para tantas cosas buenas, cotidianas… que necesitamos ponernos gafas
Dicen que todo se pega, menos la hermosura. Entre ese “todo” está el pesimismo.
Tener pesimistas en tu entorno es tóxico y peligroso. Y, curiosamente, no nos lo suelen advertir.
Sin embargo −tiene bemoles la cosa− sí nos subrayan que el optimismo es contagioso. No querrán que nos situemos en posición de prevengan… ¡Pero si lo que necesitamos es una epidemia, qué digo epidemia, una pandemia de optimismo!
Esos señores de negro…
A veces, te encuentras en la barra del bar, en la calle, en la oficina, a gente que parece la página de sucesos con patas. O la de necrológicas. Solo te cuentan lo malo. Todo lo ven negro. Siempre. Sin excepción. Y, cuando hay algo irrefutablemente positivo, te advierten:fijo que se acaba.

sábado, 28 de junio de 2014

Contra quejas

Contra quejas
   Siempre hay cerca alguien mayor o más gordo, o con más trabajo o con ninguno o con más problemas personales o con menos salud
   Asombra que, con la de motivos que tiene mi mujer para quejarse (no ha de ir muy lejos), lo haga con tan poca consideración conmigo. Se queja de su edad. A mí. Tengo seis años, seis, más que ella, y se me deben de notar lo menos doce. Pero cuando yo cumplo años, no es nada. Mis años son más, mas no merecen ni un mínimo planto ni una leve elegía ni un lamento… También se queja ella de su peso y su figura. ¡A mí! "Ya no son los de una adolescente, fíjate", recalca.
   Yo me fijo, fijamente, y la veo muy bien, y se lo digo sin parar, como una pared de frontón, pon, pon, pon, a bote pronto, siempre, pero lo escribo ahora aquí, en público, por si la convenzo algo, como los macarras que pintan "Te quiero" en las paredes. Y lo escribo, sobre todo, como pretexto, porque nos quejamos demasiado. Ella y todos.

miércoles, 5 de febrero de 2014

El optimismo y la alegría como bienes de los cristianos

   
   Alegra comprobar la tradición cristiana del papa Francisco; no es casual que el título de su extensa Exhortación Apostólica, casi programa del pontificado, sea precisamente ‘Evangelii Gaudium’
   Tras el anuncio de la beatificación de Álvaro del Portillo, he debido contestar preguntas y resumir cosas que relaté en libros que algunos conocen. En la presentación del primero, de 1996, Pilar Cambra se refirió a mi perfil biográfico de 1976 sobre el fundador del Opus Dei. Vino a decir que Josemaría Escrivá de Balaguer era ya beato, para preguntar sobre la causa de canonización de don Álvaro, que ahora dará un paso decisivo.

jueves, 25 de abril de 2013

Dosis de optimismo

   Hay que enderezar la situación, reconociendo errores, pero poniendo cimientos de optimismo, que viene a ser cierta confianza en los recursos espirituales y físicos de los hombres, en su capacidad de construir

      Se ha creado un clima pesimista que paraliza energías. Parece que sea signo de inteligencia insistir en trazos y datos negros, y por supuesto empezar o acabar la conversación con palabras o gestos de nubarrones más que sombríos. Estoy convencido de que hay grupos empeñados en cultivar este pesimismo social e institucional en España, que genera tensiones y violencia.

domingo, 24 de febrero de 2013

Actitud positiva

   He recibido un e-mail, de esos envíos masivos que se mueven a diario por el ciberespacio, que habla de un tal Jerry. Tiene su gracia, y es breve, así que lo copio a continuación.

Jerry era director de un restaurante en una pequeña ciudad de Estados Unidos. Siempre estaba de buen humor y tenía algo positivo que decir.

Era un motivador nato. Por dos veces, cuando cambió de trabajo, varios de sus empleados se empeñaron en seguirle a donde él fuera a trabajar. Si un trabajador tenía un día malo, Jerry siempre estaba allí, haciéndole ver el lado positivo de la situación.

lunes, 23 de enero de 2012

Optimismo, realismo... y fe

Optimismo, realismo... y fe
   Cuando estoy en paro, tengo que ser optimista. Cuando me van mal las cosas, tengo que ser optimista. Cuando me van bien, tengo que ser optimista. (...) Hay que huir del pesimista como de la peste. Porque el pesimista es un esterilizador de ilusiones

      Dice Leopoldo Abadía en su libro 36 cosas que hay que hacer para que una familia funcione bien

    «Hace muchos años, cuando empezaba el terrorismo en Euskadi, me invitaron a asistir a una conferencia en Bilbao. Cuando llegué, vi que el público estaba compuesto por unos cien empresarios y directivos. Conocía a bastantes. La mayoría llevaban guardaespaldas. Habían recibido cartas amenazadoras y no podían ir tranquilos por la calle. 

    Me extrañó que hubiera tantos en la conferencia. Más me extrañó cuando me enteré del título: "El optimismo". Pensé que el conferenciante no tenía ni idea de en qué país estaba ni de lo que estaba sucediendo allí. Por el apellido, vi que era vasco, lo que contribuyó a desconcertarme más. Era un hombre de unos cuarenta años, con un curriculum profesional muy bueno. Empezó a hablar y pisar fuerte desde el principio. 

miércoles, 6 de julio de 2011

Apuntarse al optimismo

Apuntarse al optimismo

   Muchas veces las realidades se pueden ir cambiando con la actitud, en vez de que la realidad module totalmente la cabeza y los sentimientos

        No se trata de ningún curso de los muchos que existen. Es mi propuesta ante una actitud generalizada de resignación o actitud negativa ante la vida que se percibe, sobre todo por la aterradora realidad del paro y de un horizonte sombrío. 

      Llega un momento, en conversaciones de comidas o cenas, de tren o en coche, en familia o con amigos, en que salta alguien pidiendo que se hable de algo positivo. Parece que si no se mencionan las dificultades actuales uno no está en el mundo real.

      El mundo real es un conjunto multicolor de realidades y de actitudes. Muchas veces las realidades se pueden ir cambiando con la actitud, en vez de que la realidad module totalmente la cabeza y los sentimientos. Por supuesto que es difícil vivir —y dormir— con serenidad cuando no se llega a final de mes o agobian las deudas familiares. Pero la cuestión básica sigue siendo qué contribuye a mejorar la situación, si insistir hasta la saciedad en lo que no funciona y en las penas personales o colectivas, o bien estimular la capacidad de sacrificio, esfuerzo, ilusión y nuevos horizontes.

      Hasta se recurre con excesiva frecuencia a los fármacos para evitar el desaliento existencial. Allá con médicos y pacientes que recurren demasiado a esa solución, pero es que además no resuelven bien los problemas. Los problemas exigen soluciones, no disfraces ni placebos exclusivamente, y las soluciones hay que buscarlas en la raíz, no únicamente o sobre todo en ciertas medicinas.

      Hace poco lo escuchaba de un jefe de psicología clínica de un gran hospital: “la mejor medicina es el optimismo”. Lo razonó bien, y los allí presentes convinimos en esa afirmación, aunque la pregunta decisiva es simple: ¿y cómo lograr el optimismo? No se logra con medicinas ni con alcohol —siempre germen de optimismos pasajeros—, sino de un equilibrio personal basado en virtudes y actitudes, que arrancan de la infancia y se han de cultivar durante la vida.

      Y aquí tenemos la solución y el problema: la gente ha vivido en una suma facilidad, y por tanto en una suma fragilidad. Se resiste poco la dificultad, el esfuerzo. Y el esfuerzo necesita un “por qué” y “para qué”, que no aprenden de los mayores. No se logra el optimismo con un voluntarismo de pretender ser optimista, sino con un aprendizaje constante de objetivos con valor y que requieren esfuerzo.

Javier Arnal
JavierArnal.wordpress.com / Almudí