
Por muy oscura que sea nuestra imagen de la vida, hemos de aceptar que es mejor nacer que no hacerlo
Aunque resulte paradójico, la abundancia de información, lejos de beneficiarnos, nos perjudica. La buena noticia que celebramos hoy será inexorablemente eclipsada por la calamidad que lamentaremos mañana. La desgracia que nos conmueve ahora, mientras escribimos, yacerá más pronto que tarde sepultada en los desvanes de nuestra memoria, soterrada bajo los escombros de otros recuerdos. Nos gustaría festejar la victoria de Nadal en el torneo de Acapulco, pero cómo hacerlo cuando en Ucrania ha estallado una guerra de cuyo desarrollo somos exhaustivamente informados.
















