Tomás de Aquino define la belleza como: lo que visto agrada. Lo bello es, pues, una propiedad del ser, ya que bello es lo que ES, vale decir que por el sólo hecho de existir se puede afirmar que algo es bello, ontológicamente hablando, ya que para llegar a existir, debe reunir en sí mismo la perfección suficiente como para que sea.
Por lo tanto, debe poseer las características objetivas propias de la belleza y estas son: integridad, es decir, no debe faltarle ni sobrarle nada (lógica);proporción conveniente, o sea, que todo en ello se encuentre en su justa medida y esplendor, vale decir, una claridad o luminosidad tal que lo destaca. El Doctor Angélico decía que lo brillante era bello. El esplendor está en la forma.
A partir de la relación con el hombre, podemos preguntarnos: ¿Cómo la estética tiene presencia en nuestra vida? La respuesta acabada sólo la puede tener quien es la belleza infinita y origen de toda belleza: Dios. La estética tiene presencia en nuestra vida partiendo de nuestro propio ser, ya que nosotros mismos, dada nuestra existencia, somos bellos.
