Cualquiera mínimamente internauta se ha encontrado alguna vez
un captcha, esa extraña comprobación realizada por una máquina para demostrar
que no eres otra máquina o un animalejo. El captcha es una especie de
juego-trampa que consiste en adivinar un conjunto de letras, tal vez con
números, un tanto enmarañadas para que
te demuestres humano, antes de publicar algo.
La máquina no solicita un mediano
raciocinio sino un alarde de tres mitades, como decía un viejo profesor
universitario: de vista, de adivinanza y de suerte. Claro que si un
profesor consideraba posible la división
de algo en tres mitades, no puede uno extrañarse de los captcha contra la vida.
No prueban el raciocinio, son trampas.
