
La escritora María Vallejo–Nágera comparte sus reflexiones sobre la inocencia y la sencillez que requiere la fe: «Los sabios y los que saben mucho son unos cobardes para las cosas de Dios»
Habla como si tocara las palabras con algodones. Hay un primor alegre y una emoción tersa en su voz. Elude las ironías dolientes y las posturas engoladas de esos eruditos que deslumbran al lector con vocablos inusuales. El cariño y la suavidad con que se expresa rezuman convencimiento sereno.
No apela a la tragedia, a lo tremendo, al miedo, aunque el Purgatorio y los milagros son recurrentes en sus libros. Y eso que, de los catorce que ha publicado, el primero, El patio de los silencios −con el que estuvo cerca de ganar el Premio Planeta−, era «un libro ateo» con un sacerdote como personaje negativo. Según su propio testimonio, aquella editorial la tenía como niña mimada, tras esa novela que no dejaba, precisamente, en buen lugar a la Iglesia.

