Mons. Echevarría: Pensemos en su atractiva personalidad: sabía acoger a todos, uno a uno, confortándoles con su interés, con su simpatía, con el servicio desinteresado con que aliviaba a las almas y las guiaba por el buen camino (cfr Sal 23, 3). Su pasión por la unidad, por entregarse a todos, lo impulsaba a vivir en plena comunión con el Papa y los obispos, a exhortar a todos a la unidad fraterna, y naturalmente a velar infatigablemente por la unidad de esta pequeña porción de la Iglesia que es el Opus Dei.