Un buen artículo del cardenal Herranz que convivió varias décadas con D. Álvaro del Portillo.
“Sí, lo quiero”: tres palabras que compendian toda su vida, y que, en cierto modo constituyen una biografía resumida de su existencia, que fue un sí continuo a los requerimientos de Dios; un sí que ahora celebra la Iglesia, gozosa por contar con un nuevo intercesor en el Cielo
Dios me concedió el don de convivir y tratar durante cuarenta años con el beato Álvaro del Portillo, que acaba de ser beatificado en Madrid por el cardenal Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, en representación del Santo Padre Francisco.
Un buen número de las personas que estuvieron presentes en la ceremonia de la beatificación de Valdebebas tuvieron la ocasión de conocerle personalmente, muchos de ellos durante su juventud. Eso hace que nuestra presencia en ese acto litúrgico haya sido una expresión de alabanza al Señor por los hombres y mujeres santos que concede a su Iglesia, y una manifestación de gratitud, al mismo tiempo, hacia el nuevo beato, por la huella profunda que ha dejado en nuestras vidas.