Las consecuencias negativas están a la vista en la vida de muchas personas, en las tensas y conflictivas relaciones humanas, en las injusticias sociales, en la falta de solidaridad, en la falta de fidelidad a los compromisos matrimoniales, etc.
Una de las cualidades humanas que más estimamos es ser realistas: tener una visión objetiva, certera, correcta de la realidad, tanto de las personas (de sí mismos y de otros) como de los acontecimientos humanos. No ser realistas sería un deficiencia humana importante, e incluso peligrosa −y más para los que tienen puestos de responsabilidad en la vida pública−, porque nos llevaría a tomar decisiones equivocadas que pueden perjudicar a otras personas y a nosotros mismos.




