Jérôme Lejeune vivía simplemente de una evidencia científica: un ser humano comienza a existir como tal en el momento mismo en que acaba el proceso de fecundación del óvulo por el espermatozoide y se produce la concepción.
Cuando uno conoce la realidad terrible que ofrecen los datos sobre abortos provocados en España a lo largo del año 2018, publicados este miércoles y que alcanzan la cifra astronómica de 95.917 vidas humanas masacradas una a una (y eso contando sólo con las cifras oficiales), puede tener la tentación de dejarse llevar por el desánimo y por el desaliento.

