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lunes, 3 de marzo de 2014

Lucidez en la vejez


Lucidez en la vejez
   Lo que la juventud no atisba a ver, la senectud puede lograrlo, cuando quita el velo que oculta la realidad no asumida
   Fue en plena guerra mundial. Mijaíl Kaláshnikov había sido movilizado dentro del enorme Ejército ruso. Era mecánico y un auténtico manitas. Fue quien desarrolló el famoso fusil de asalto AK-47. Falleció hace unas semanas a los 94 años de edad. Sin embargo, han suscitado mi interés las revelaciones producidas a raíz de su muerte. «Mi dolor espiritual es insoportable. Tengo una cuestión sin resolver. Si mi rifle se llevó la vida de miles de personas, entonces soy culpable por las muertes de esas personas», había confesado antes de morir.
   En su misiva, a modo de testamento, manifestaba que fue por primera vez en su vida a una iglesia a la edad de 91 años; y bautizado unos meses más tarde. «Dios me mostró el camino en la tarde de mi vida... Cuando crucé el umbral de una iglesia, mi alma sintió como si hubiera estado allí antes y fuera mi hogar». Palabras de un hombre sencillo que, en el ocaso de su vida, se abre al alba de la esperanza.

martes, 8 de octubre de 2013

'La vejez no es la decadencia de la vida sino su cumplimiento'

   Cuando en la vejez, la vida se vuelve frágil, no pierde nunca ni su valor ni su dignidad: cada uno es amado por Dios, cada uno es importante y necesario...

      El pasado martes 1 de octubre, se celebró el Día Mundial del Anciano, y el Pontificio Consejo para los Agentes Sanitarios (Pastoral de la Salud) se suma al evento con el mensaje de su presidente, el arzobispo Zygmunt Zimowski: ‘El valor de la vida de la persona anciana’.

      «Esta jornada internacional −escribe el prelado− constituye una ocasión importante, destinada a asumir un relieve cada vez más grande, también porque se calcula que en todo el mundo hay, en estos momentos, 600 millones de ancianos y debido al progresivo envejecimiento de la población dentro de una década podría haber en el planeta unos mil millones de personas ancianas. Por eso todos, los cristianos y las personas de buena voluntad, estamos llamados a colaborar para que la sociedad sea más justa y equitativa y se enriquezca con la participación efectiva de los que podrían ser considerados como “no útiles” o incluso “un peso”, y que, en cambio, pueden aportar una contribución gracias a la experiencia y la sabiduría que han adquirido a lo largo de la vida».