Escribe Federico Fernández de Buján: Es evidente que la misión de la educación no es sólo enseñanza de contenidos sino, aún por encima de ello, inspiración de actitudes y valores.
No gozamos del mejor momento en la educación. Y por ende, tampoco del mejor tiempo en la cortesía, la cultura, la enseñanza, la política, la amistad, el matrimonio, la religión, entre otras realidades sociales.
Así reflexionaba Marañón en los años posteriores de la II Guerra mundial: «Si volvemos la vista a la tragedia que la humanidad acaba de pasar, una conclusión indiscutible se desprende del pretérito y lúgubre panorama: el fracaso de la enseñanza». Y es que la sociedad se desmorona al fallar la educación. Con ella una civilización se levanta y sin ella se destruye.



