«Siguiendo los pasos de Cristo, no nos apartemos ante los defectos del prójimo y, sin victimismos, comprendamos que no se trata de “soportarle”, sino de acogerlo con humildad»
A lo largo de este año, estamos procurando que la misericordia de Dios deje huella en nuestra vida interior y se traduzca en obras. Como decía san Josemaría, es en las situaciones ordinarias donde se fragua el ambiente más adecuado para hacer presente esa bondad de Dios: o le encontramos allí o no le encontraremos nunca.
Así, la convivencia con los demás y el lugar laboral o familiar se transforman en ocasiones para identificarnos con Él y, con esa palanca del amor, elevar el mundo a Dios. En este sentido, será muy oportuno que examinemos cómo vivimos la obra de misericordia que nos disponemos a considerar este mes: sufrir y amar con paciencia los defectos del prójimo.