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martes, 23 de abril de 2019

Benedicto XVI: una fuerte llamada de atención

El reciente escrito de Benedicto XVI sobre las causas de los abusos perpetrados por sacerdotes, ha sido una verdadera llamada de atención firme y clara, y una invitación a todos los creyentes en Cristo Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, para que aumentemos nuestra Fe en Dios Padre, en Cristo, Dios Hijo; y en la Iglesia sostenida por Dios Espíritu Santo.. 

 Han sido muchas y muy variadas las reacciones ante esas palabras: alabanzas, agradecimientos, ataques, desconocerlas o pasarlas por alto, y hasta informar de su existencia con una breve reseña para cumplir y quitarles importancia, como han hecho alguna que otra publicación que a sí misma se define como católica, o como romana. 

martes, 25 de septiembre de 2018

La Iglesia que de verdad importa a todos

Es cierto que hombres de Iglesia han cometido pecados detestables (…), pero eso no es la Iglesia, sino las deficiencias de sus hombres o mujeres; hay un bosque santo y las malas ramas impiden verlo en su esplendor, divino esplendor.
Puede extrañar el título. No deseo escribir en negativo, pero si quiero hacer constar que mi título interesa a quienes −desde dentro o desde fuera− quieren de veras que lo que importa es la verdad sobre la Iglesia, bien para dirigir los tiros adecuadamente, o para explicar esa verdad. Nada mejor que acudir al Papa sin disquisiciones. 

martes, 28 de agosto de 2018

Agresivo con los sacerdotes, indulgente con los cooperantes

Pensilvania
Escribe Javier Fumero: La Iglesia católica se encuentra abochornada por los abusos sexuales, de poder y de conciencia sufridos por muchos menores  y cometidos por un notable número de clérigos y personas consagradas que se acaban de conocer a través del informe de Pensilvania, donde se detalla lo vivido por numerosas víctimas durante setenta años.
No es para menos. Se trata de un asunto doloroso, vergonzante, lamentable y corrosivo.
El Papa Francisco ha pedido perdón, ha vuelto a recordar que la política eclesial es de tolerancia cero con estos casos (incluidos los encubrimientos) y que ahora es preciso expiar la culpa, intentar el imposible de reparar el daño causado.

viernes, 29 de julio de 2011

Irlanda, Vaticano y el papel del cardenal Ratzinger

Irlanda, Vaticano y el papel del cardenal Ratzinger

   Quien quiera una documentación sobre el tema, puede consultar el artículo sobre el papel determinante de Ratzinger en la revisión del sistema penal canónico. Diego Contreras nos informa sobre este tema de actualidad

      Los ecos del informe sobre la situación en la diócesis de Cloyne, publicado el pasado 13 de julio (y del que tratamos aquí hace unos días), han apuntado directamente contra el Vaticano. El 20 de julio, el primer ministro irlandés, Enda Kenny, dirigió ante el parlamento de su país varias acusaciones contra Roma que demuestran que la justa indignación ante el crimen de los abusos ha dejado paso a una cierta crispación de tono populista. No comparto esa reacción, pero la puedo entender.

      La atención hacia el Vaticano vino a raíz de la publicación de una carta escrita el 31 de enero de 1997 por el entonces nuncio en Dublín a los obispos irlandeses, que algunos han presentado como la prueba de que la Santa Sede ha colaborado en la cobertura de los abusos. Al leer la carta se descubre que lo que el nuncio transmite son algunas “reservas” canónicas y morales de la Congregación del Clero sobre la “denuncia obligatoria” contenidas en el reglamento del episcopado irlandés. De ello hablamos aquí cuando la carta se hizo pública, el pasado enero. No las comparto, pero puedo entender que se hagan esas interpretaciones.

      Lo que no comparto y me parece difícil de entender son acusaciones contra Benedicto XVI como las que lanza González Bedoya: «el actual pontífice, cuando era cardenal Ratzinger, aleccionó a los obispos sobre cómo comportarse ante los casos de pederastia entre su clero. (...) Los prelados le tomaron la palabra. La orden era llevar los casos con delicadeza, tratar a los delincuentes con caridad y ocultar los delitos a la autoridad civil». En realidad, de lo que se acusa al obispo de Cloyne es de no haber seguido, entre otras, las reglas inspiradas por Ratzinger. El Papa actual no cambió de opinión, como se afirma en ese artículo: quien quiera una documentación sobre el tema, puede consultar este artículo sobre el papel de Ratzinger en la revisión del sistema penal canónico.

Diego ContrerasLaIglesiaEnLaPrensa.com

domingo, 29 de agosto de 2010

JUSTICIEROS


          A riesgo de resultar un pelmazo, vuelvo sobre el tema de mis columnas anteriores, porque la marabunta sigue rugiendo y muchos periodistas y blogueros por libre pretenden ahora que el Papa presente su dimisión. 

          Lo de una hipotética dimisión papal tiene más morbo para este tipo de personal, dicho sea de Almudi.org - Jom Juaristipaso, que los propios actos de pedofilia o efebofilia cometidos por curas, que se van revelando como puro pretexto para acorralar a Benedicto XVI

          Y es que sólo el Papa y la Iglesia se han tomado en serio este asunto. Explotando el escándalo, la prensa amarilla sólo busca vender, y la progre, sacar a los católicos del espacio público, o al menos, si la campaña no diera para tanto, dejar la reputación del clero por los suelos.

          Que el Papa dimita, lo van a tener, me temo, muy, pero que muy crudo. El único precedente de dimisiones pontificias, el gesto de aparente humildad de aquel Celestino V que, en 1294, hizo per viltate il gran rifiuto, como escribió Dante en el canto tercero del Inferno (verso 60), no goza de estima en la tradición cristiana. 

          El poeta florentino metió a tal papa dimisionario en el infierno por su cobardía, y Unamuno no lo trató mucho mejor, añadiendo a la imputación de cobarde la de soberbio. El único poeta que lo elogió fue Cavafis, un cantor, por cierto, de la efebofilia desmadrada. 

          Hay que recordar asimismo el chasco que se llevaron algunos a causa de aquel nunc dimittis con el que oraba en sus últimos años Juan Pablo II, grotescamente interpretado como declarada intención de dimitir, cuando no era más que la equivalencia evangélica, en palabras del anciano sacerdote Simeón, del «dejadme ir a la casa del Padre» que repitió el papa polaco en su larga agonía. 

          Tampoco parece que los aficionados al espectáculo se vayan a divertir con su sucesor. Por si no lo he dicho ya suficientes veces, no soy católico, pero ni a mí se me escapa la inmensa talla moral del actual pontífice en comparación con sus actuales y pululantes detractores, verdadera masa de acoso.

JON JUARISTI
ABC / ALMUDÍ
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