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viernes, 13 de octubre de 2017

Nuevos mediterráneos (I): «Aquella primera oración de hijo de Dios»

El sentido de la filiación divina lo cambia todo, como cambió la vida de san Josemaría cuando descubrió inesperadamente ese Mediterráneo.

«Son momentos, hijas e hijos míos, para adentrarnos más y más por «caminos de contemplación» en medio del mundo»[1]. Con estas palabras señala el prelado del Opus Dei una de las prioridades del momento actual. El apostolado de los cristianos es, hoy como siempre, «una superabundancia de nuestra vida interior»[2]. Por una parte, porque consiste en comunicar precisamente esa Vida; por otra, porque para proponer la fe al mundo es necesario comprenderla y vivirla en profundidad. Se trata, en definitiva, como nos indicó san Josemaría, de «ahondar en la hondura del Amor de Dios, para poder así, con la palabra y con las obras, mostrarlo a los hombres»[3].