«La mayor amenaza para España no es la disgregación territorial sino el extravío moral. El separatismo es solo consecuencia de ella. Los que odian a España no odian el estereotipo, ni la charanga y pandereta, sino la misión histórica de España y lo que la alentó, que se puede resumir en dos palabras: Reconquista y América. Y, por ello, una tercera: cristianismo».
España está herida, gravemente herida, no mortalmente herida. Requiere urgente tratamiento, probablemente quirúrgico. Pero la terapia no puede ser directamente política, sino más profunda y radical: educativa y, por ello, moral.




