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viernes, 15 de mayo de 2020

Solidaridad, fraternidad, cuidados

Ya sabemos que mirar las cosas desde lejos es la forma de no ver nada.
En el Bosque Nacional Fishlake, en Utah (Estados Unidos) se encuentra un bosque singular de álamos temblones conocido como Pando. Está formado por alrededor de 47.000 árboles y ocupa una extensión de 43 hectáreas. Los que han convivido con el álamo temblón saben de su tenacidad para rebrotar tras innumerables talas. 
El secreto está en su raíz, una malla subterránea que alimenta −y de la que surgen− multitud de brotes nuevos. Uno lo mira desde lejos y lo que ve son árboles individuales, una muchedumbre de árboles. Pero ya sabemos que mirar las cosas desde lejos es la forma de no ver nada. En realidad, los 47.000 árboles del bosque comparten la misma raíz y tienen el mismo genoma: Pando es un solo ser vivo: un ser vivo de 66.000 toneladas y 80.000 años de vida.  

miércoles, 8 de febrero de 2017

Vocación cristiana y promoción humana

La promoción humana −el desarrollo humano integral− es parte, y parte esencial, de la vocación cristiana; y más aún, de toda existencia humana.
Cuando se emplea la palabra “vocación” (llamada), ha sido frecuente durante siglos pensar sólo en los candidatos para el seminario o para la vida religiosa. El Concilio Vaticano II habló de “vocación cristiana” y aún más: esa vocación cristiana es “vocación universal a la santidad”. En un sentido más amplio todavía, el Concilio habló de “vocación humana”, porque toda vida humana es una llamada a la plenitud de la belleza, del bien y la verdad que se abren en Dios.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Volver a ser hermanos

Volver a ser hermanos
   La democracia no es sólo un modelo de organización de la convivencia, sino que implica un estilo de vida cotidiano en el que lo común ha de ser antepuesto al egoísmo o a la mera satisfacción privada[1]
   “¡Libertad, igualdad y fraternidad!”. Aquel grito de la Revolución Francesa, aprendido por todos en la secundaria, merece renovada atención en estos momentos de un creciente individualismo egoísta en nuestra sociedad. En mis conversaciones con estudiantes viene con frecuencia a mi memoria cómo, a principios de los setenta, los universitarios inquietos nos manifestábamos por las calles céntricas de las ciudades con el grito −entonces subversivo− de “¡Libertad, libertad!”, que era violentamente reprimido por las fuerzas de la policía nacional.
   Las décadas de progreso y logros sociales en nuestro país han hecho realidad una igualdad básica de todos los ciudadanos en la mayor parte de los aspectos de su vida: somos iguales ante la ley, ante la sanidad, en el medio ambiente y los demás ámbitos de nuestra vida comunitaria. Sin embargo, tengo la penosa impresión de que nos hemos olvidado por completo de la fraternidad, o la hemos relegado quizá a los solemnes versos del ‘Himno a la alegría’ de Schiller: “Tu hechizo vuelve a unir lo que el mundo había separado, todos los hombres se vuelven hermanos allí donde se posa tu ala suave”.