Hay un cierto consenso general de que asistimos a un declive de la universidad en el mundo occidental, a una pérdida de su importancia como conformadora de la sociedad y proliferan las dudas acerca de la relevancia de la institución universitaria para la investigación científica e incluso de su efectiva eficacia docente.
Tiende a echarse la culpa de este proceso a la progresiva mercantilización del espacio académico, al papel creciente de los gestores y gerentes en el gobierno de las universidades, a la ANECA o a la expansión de las enseñanzas online.
