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jueves, 9 de agosto de 2012

Resetear la vida

   Borrar los datos personales de Google, retirar una foto de Facebook, quitarse un tatuaje, desaparecer como católico en el registro bautismal, pedir la amnistía de los presos de ETA. Quienes persiguen objetivos tan diversos como los mencionados invocan unánimes el “derecho al olvido”. Pero, ¿existe tal derecho? ¿En qué constitución está reconocido? 

   La virtualidad de la informática y la facilidad legal para revertir oficialmente en los registros hechos tan vitales como la identidad sexual o el matrimonio hacen creíble el espejismo del olvido, pero la vida va dejando cookies muy resistentes que aparecen cuando menos lo esperamos en la memoria individual y colectiva. No puede anularse dándole al botón de reset o haciendo clic en “borrar el historial” o en “deshacer los cambios”. Propiamente no existe derecho al olvido. La expresión es desafortunada pero sintomática de un problema rico en matices.

sábado, 5 de noviembre de 2011

DERECHO Y VIDA HUMANA

   Poco a poco parece que los Tribunales –en uno y otro lado del Atlántico– van contemplando las relaciones entre el derecho y la vida humana con mayor rigor y equilibrio, sin los simplistas planteamientos que conducían a “desequilibrar” la balanza de los derechos a favor de la mujer y contra el no nacido

      La cuestión del aborto es hoy la “encrucijada sangrienta” de la política y del derecho. Una cuestión donde se entrelazan posiciones enfrentadas sobre la liberación judicial, la liberación sexual, la liberalización de la conciencia humana y la liberación de la mujer. 

      Después de una etapa de reivindicación de un supuesto derecho al aborto —vagamente entrevisto, dicen, “en la penumbra de la constituciones”— la izquierda americana comenzó a distanciarse de un cierto “racismo cromosómico” de algunos de sus colegas europeos. Esto se explica por el hecho de que Estados Unidos lanzó durante más de doscientos años una ofensiva sin precedentes a favor de los más débiles: liberó a los esclavos, potenció los derechos civiles y desarrolló un sistema único de atención a los discapacitados y de discriminación positiva a favor de los más necesitados. La brutal liberalización del aborto de 1973, realizada por el Tribunal Supremo de EE.UU. con la sentencia Roe vs. Wade era contradictoria, con un pasado jurídicamente volcado hacia la vida humana. Tal vez por eso, el Tribunal Supremo comenzó a partir de los 90 a distanciarse de Roe, tutelando el derecho de los estados a restringir el aborto legal.

      Cuatro sentencias más o menos recientes muestran un cierto acercamiento entre la jurisprudencia americana y la europea, es decir, una tendencia marcada hacia la tutela de la vida humana, tanto en USA como en Europa.  

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Rafael Navarro-Valls


Zenit / Almudí

miércoles, 17 de marzo de 2010

No convertir los deseos en derechos


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Con su proverbial lucidez, Alejandro Llano describía en el prólogo de su gran libro, 'La nueva sensibilidad', la aparente paradoja producida con el desarrollo económico y el Estado del bienestar: el aumento de necesidades satisfechas y el crecimiento de prestaciones sociales caminó a la par del incremento de la capacidad de reivindicar nuevos derechos. En el fondo, certificaba la primacía del ser sobre el tener, porque la posesión no colma las expectativas de la condición humana.


Muchas veces se nos propuso hace años la maravilla del modelo sueco. La socialdemocracia nórdica parecía lograr la cuadratura social del círculo, con una gran capacidad de prever y resolver las necesidades de los ciudadanos, dentro de amplias y dialogantes concertaciones. Pero, de pronto, el mundo asistió atónito al nacimiento de las llamadas “huelgas salvajes”, justamente en el paraíso social de Suecia.


Y es que, a fuerza de tener cada vez más, se amplió la capacidad del deseo, abierto a expectativas imprevisibles. Se convertía en derecho todo impulso de los sentimientos, y en represión su límite. Esa confusión entre deseo y derecho provoca graves desarrraigos y no pocos malestares, especialmente en momentos cruciales del ser humano, como el nacimiento o la muerte.


Las parejas quieren que el Estado les asegure el derecho a tener hijos. Y el enfermo desesperado, que sufre su dolencia en soledad, reivindica el derecho a disponer de su vida. Antes, la mujer embarazada, había conseguido poder disponer de su cuerpo, aun prescindiendo de hecho de una vida incipiente autónoma.

RELIGIÓN CONFIDENCIAL
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