En todos los tiempos, y en todos los escenarios humanos, se presentan situaciones que ponen a prueba nuestra coherencia personal.
Han pasado décadas, pero sigue habiendo curiosos que pasan por Braunau am Inn, pequeña ciudad austriaca al norte de Salzburgo, para visitar la casa donde nació y creció Adolf Hitler.
Seguramente pocos saben que muy cerca de allí se encuentra Sankt Radegund, una diminuta aldea en la que vivió una persona muy diferente: Franz Jägerstätter, un campesino que pronto comprendió la enorme perversión del nazismo y fue ejecutado por negarse a servir en sus filas.

