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lunes, 29 de septiembre de 2025

Trascendencia I

El Telescopio Espacial James Webb (JWST) es el observatorio astronómico más potente del mundo, un sucesor del Hubble que opera en luz infrarroja para estudiar las primeras galaxias, la formación estelar y planetaria, y buscar biomarcadores en exoplanetas, con un espejo principal de 6.5 metros compuesto por hexágonos de oro y un escudo térmico gigante que lo mantiene a temperaturas extremadamente frías. 

Sus imágenes suscitan despiertan un asombro que no para de crecer. El Big Bang ocurrió hace aproximadamente 13.800 millones de años. Este evento marcó el inicio del universo, cuando toda la materia y la energía estaban concentradas en un punto extremadamente pequeño y denso, que luego explotó y comenzó a expandirse, dando lugar al espacio y al tiempo tal como los conocemos. 

martes, 15 de septiembre de 2020

Lo que te importa


Hay que ser personas con un cierto sentido de trascendencia, con una visión de eternidad, para distanciarse de cosas en sí mismo buenas, como puede ser el dinero o la salud, pero no fundamentales

En las paradas del bus en Madrid, estos días, nos hemos encontrado con un anuncio que lo llena todo, con un eslogan que dice “Te acercamos lo que te importa”. Muchos ya lo han visto y saben de qué va. En el caso de no haberse encontrado con estas vallas publicitarias en la calle, habrá quien no sepa qué es lo que nos importa.

miércoles, 2 de septiembre de 2020

Lo esencial es invisible

 

‘El Principito’, de Antoine de Saint-Exúpery, es una obra esencialmente religiosa que pone a prueba el rechazo de nuestro presente a toda trascendencia

He vuelto a El Principito en muchas ocasiones. Y todas ellas con prevención y hasta con cierto miedo. Desde que me sumergí por primera vez, a los 14 ó 15 años, en la obra de Antoine de Saint Exúpery, cada nuevo reencuentro ha estado enmarcado por dos turbadoras incertidumbres. 

¿Estará mi yo de entonces, el que disfrutaba con esta novelita de apariencia infantil, a la altura de los criterios y requerimientos de mi yo de hoy, más cuarteado por la existencia? Y una segunda, aún más terrible. ¿Qué imagen de mí encontraré al mirarme en el espejo de El Principito? ¿Se reconocerá en los sueños y anhelos de aquel adolescente que se emocionó hasta el llanto? 

martes, 3 de octubre de 2017

El malestar moderno y el fin del mundo

Escribe Dale Ahlquist: El fin del mundo es más real que el mundo; el Creador es más real que la creación, el fin del tiempo es el comienzo de la eternidad, donde las urgencias del tiempo desaparecen.
¿Os habéis dado cuenta de que últimamente la gente está pensando mucho en el fin del mundo? De acuerdo, llevan pensando en ello durante los últimos miles de años. Pero siempre que tenemos una combinación de desastres naturales, agitación política, decadencia moral, desconfianza y una exaltación abierta del pecado, algunos de los nuestros empiezan a pensar: “Ya todo está acabado…”
Y sin embargo, como también os habréis dado cuenta, el mundo todavía no ha acabado. A menos, por supuesto, que contemos todas las veces que se acabó en el pasado. La historia está llena de imperios caídos, y el paisaje de la tierra poblado de ruinas de grandes ciudades y civilizaciones que ya no existen. Es una llamada de atención y un consuelo, una prueba directa de que el mundo realmente acaba, pero que no es El Final. Como dice G.K. Chesterton: “Es muy natural, pero más bien engañoso, suponer que esta época tiene que ser el fin del mundo porque será nuestro fin”.

jueves, 28 de septiembre de 2017

La solución para nuestros problemas está en Dios

Escribe Pablo Cabellos: Tal vez, cerrarse a Cristo es cerrarse al hombre entero: a su cabeza, voluntad, corazón y relación con los demás.
Es muy posible que algunos lectores opinen que el título es provocador. Es sincero, pero admito que pueda producir un cierto rechazo entre los que discurren en modo diverso. También me parece que, guardando el debido respeto, es mejor plantear en forma bien clara aquello de lo que tratamos, tanto más trasparente cuanto más capital sea el asunto. 
A mí no me sirve lo políticamente correcto porque es una cáscara de plátano para resbalar, hasta caer en la vacuidad, en la mentira, en el disfraz de las mil caras que únicamente busca el provecho propio. Sin pactar con ser negativo, en ocasiones nos podemos encontrar en un baile de máscaras donde no sabemos de veras qué pieza se baila ni con quién lo hacemos.

lunes, 8 de diciembre de 2014

De máquinas, de personas y de sueños

   Hace pocos días me he encontrado con una de esas películas no tan recientes, que muchos no conocen. Como escribió el crítico de cine Rogert Ebert sobre “La invención de Hugo” (Hugo, M. Scorsese, 2011), es un film en 3D, fruto de que un gran artista –su director– haya podido disponer de todos los instrumentos y recursos necesarios para hacer una película acerca de las películas. Y a la vez, una fábula fascinante para (algunos, no todos) niños, como prueba del corazón que el artista ha puesto en su obra. 
(Ver tráiler).

    En efecto, se trata de un relato amable y sugerente, en parte histórico y en parte autobiográfico, casi como un cuento que puede hacer las delicias de muchos niños y de muchos otros que sean capaces de mirar como ellos; especialmente si son amantes del arte y del cine, de la música y de la fotografía, de los libros y de las historias.


Un niño relojero... y muchas preguntas

    El protagonista es un niño de 12 años, que vive dentro de los engranajes del reloj de la estación ferroviaria de Montmartre, en el Paris de los años treinta. Su padre era un relojero aficionado a los misterios. Murió en un incendio y parece haber dejado a su hijo el encargo de arreglar cosas, y también personas. 

jueves, 1 de marzo de 2012

La existencia de Dios me afecta

La existencia de Dios me afecta
   Voy a ocuparme solamente de dos dificultades enfrentadas a la existencia del Ser Supremo, sólo un par de pinceladas por si ayudan a pensar

      Recientemente, un amigo de facebook afirmaba que Dios sólo existe en la mente de los creyentes, actitud comprensible por factores muy variados, que ahora no trataré. Voy a ocuparme solamente de dos dificultades enfrentadas a la existencia del Ser Supremo: admitir la realidad de la creación en un mundo cuya ciencia camina, en parte, por el sendero del evolucionismo absoluto, y aceptar la existencia de un Dios que permite tantos males padecidos por inocentes. Nadie piense que tengo una secreta solución para esos problemas. Sólo un par de pinceladas por si ayudan a pensar.

sábado, 28 de enero de 2012

Serenidad y compromiso

Geoffrey Wynne, Navidad en Venecia bajo la nieve (acuarela)
   El cristiano, además de ponerse en las manos de Otro, acepta el sentido de la vida y con ello, se muestra conforme, hecho a la forma de, tolerante y paciente ante las adversidades, que está dispuesto a afrontar

      No sólo el comienzo del año, sino cualquier momento es bueno para examinar nuestra actitud ante el futuro. Lo hace Spaemann en el último capítulo de su libro Ética: Cuestiones fundamentales, a modo de conclusión. 

El respeto al destino, actitud de sabios
      ¿Por qué la Ética (reflexión práctica) se interesa por el destino, siendo así que no depende de nosotros? El hecho, aduce Spaemann, es que muchos pensadores de todos los tiempos se lo plantean, por ejemplo Hegel: «El principio de la ciencia moral es el respeto que debemos tener al destino»

      Esto es así, señala Spaemann, ante todo porque cada uno somos responsables de nuestro comportamiento. “No” somos libres para relacionarnos o no con la realidad, y ello dentro de un marco de condiciones exteriores e interiores: nuestro modo de ser, naturaleza y biografía. «No sólo la realidad es como es, sin nosotros, sino que, en alguna medida, nosotros mismo somos como somos sin poderlo modificar». A esto se añade que nuestra actividad influye también en el destino de los demás. Entonces, ¿en qué sentido somos responsables? ¿Cómo se puede actuar correctamente? ¿Y cómo se puede educar para la acción? 

domingo, 10 de enero de 2010

¿Quién perfila el rostro del hombre?




domingo, 10 de enero de 2010
José Luis Restán

PaginasDigital.es

Dios que salva lo humano. Ése es el centro del magisterio de Benedicto XVI dirigido a los cristianos que a menudo nos enfangamos en problemas de estrategia y organización, pero también a los hombres que buscan a tientas en la niebla, que quizás maldicen, o que son presa de la última moda literaria que ataca frontalmente a Dios como enemigo del hombre.

Son los Saramago, Dawkins y Onfray haciendo el agosto en nuestras librerías de consumo masivo: el peor Nietzsche redivivo, pero sin la genialidad desesperada del filósofo alemán. El Papa lo sabe y baja a la arena.

En su discurso resumen del año a la Curia, el Papa evocaba su viaje a la República Checa diciendo que «tenemos que preocuparnos de que el hombre no arrincone la cuestión de Dios, cuestión esencial de su existencia, tenemos que preocuparnos de que acepte la cuestión y la nostalgia que en ella se esconde».

Además apuntaba que las personas que se consideran agnósticas o ateas sienten una lógica prevención cuando hablamos de una nueva evangelización, porque no quieren verse convertidas en objeto de misión, ni renunciar a su libertad de pensamiento y de voluntad.

Pero aun así, advierte Benedicto XVI, la cuestión sobre Dios sigue interpelándoles. Y recordando el espacio reservado en el templo de Jerusalén para que los gentiles pudiesen orar a un Dios que buscaban pero aún no conocían, ha planteado esta singular propuesta: «pienso que la Iglesia debería abrir también hoy una especie de "patio de los gentiles", donde los hombres puedan de algún modo engancharse con Dios, sin conocerle y antes de que hayan encontrado el acceso a su misterio, a cuyo servicio se encuentra la vida interior de la Iglesia».

Ahí queda esta propuesta, que no puede dejarnos indiferentes a la hora de plantear el modo de hacer presente la fe en este momento histórico.

Ya en la primera Misa del año nuevo el Papa ha pronunciado una originalísima y sugestiva homilía sobre el rostro de Dios y el rostro de los hombres. El rostro es la expresión por excelencia de la persona, ya que hace aflorar los sentimientos, pensamientos e intenciones del corazón.

Y aunque Dios es por naturaleza invisible, la Biblia se refiere continuamente a su rostro porque es un Dios que se revela, que dialoga con el hombre y se da a conocer, hasta llegar a tomar en Jesús un rostro humano. Y aquí se abre paso la gran cuestión que plantea el Papa, el corazón de su predicación navideña de este año: «¿pero quién, sino Dios, puede garantizar la profundidad del rostro del hombre?».

Imposible no recordar el memorable discurso ante la estatua de la Inmaculada, cuando habló de una convivencia social que nos hace ver sólo la superficie y perder la percepción de la profundidad de los rostros humanos que la componen, convirtiéndolos en objetos intercambiables y consumibles. Si el hombre silencia su sed de significado total, si censura su deseo de un abrazo que no acabe, de una justicia y una felicidad que no puede construir con sus propias fuerzas, entonces se vuelve epidermis, pura reacción, triste mecanismo del carpe diem.

Dios fuente y destino del hombre, pero también camino y recurso para su aventura histórica. «Quien tiene el corazón vacío no percibe más que imágenes planas, privadas de espesor... en cambio cuanto más estemos habitados por Dios estaremos en condiciones de detectar en el rostro del otro a un hermano, no un medio sino un fin, no un rival o un enemigo sino otro yo». ¡Impresionante, sencillo y profundo a la vez!

Como aguda y sustancial es la observación del Ángelus del pasado domingo, cuando retomó la indispensable cuestión de la esperanza ante un año difícil por tantas cosas. Sería estúpido apoyarla en las esotéricas profecías que pueblan espacios televisivos y anaqueles de grandes librerías, pero tampoco podemos sostenerla en las necesarias previsiones de los economistas ni en los proyectos de unos políticos cada vez más separados del sentir y de la experiencia constructiva del pueblo.

De nuevo resuena Spe Salvi, documento de cabecera para los cristianos de este turbulento comienzo de siglo: «Nuestra esperanza está en Dios, no en el sentido de una genérica religiosidad o de un fatalismo encubierto de fe. Nosotros confiamos en el Dios que en Jesucristo ha revelado de manera completa y definitiva su voluntad de estar con el hombre, de compartir su historia... Ésta es la gran esperanza que anima y a veces corrige nuestras esperanzas humanas».

Afortunadamente, ni la tierra es del viento (como dice algún vate de La Moncloa) ni la historia pertenece al mero juego de los poderes de este mundo. Es razonable tener esperanza porque la historia tiene un sentido, porque a través de tantos dramáticos meandros responde al designio del amor de Dios que ha llegado al impensable movimiento de hacerse carne y acampar entre nosotros.

Eso sí, ese designio divino no se cumple automáticamente sino que requiere la libre acogida de cada hombre y mujer. Por eso dice Benedicto XVI que 2010 será más o menos "bueno" no en función de que se den las mejores circunstancias que cada uno sueña, sino en la medida en que colaboremos con la gracia de Dios.

Menuda ducha fría para tantos vanos discursos de estas fechas, pero sobre todo qué respiro, qué canto a la libertad y al valor irreducible de cada vida humana. Qué certeza serena y razonable sobre el futuro. La que todos necesitan.