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jueves, 14 de julio de 2022

Mi lectura de la memoria democrática

Escribe Joaquín Leguina: «La Ley de Memoria Democrática da por hecho el «secuestro masivo de recién nacidos bajo una política de inspiración eugenésica». 

A este paso, los libros escolares acabarán enseñando que José Calvo Sotelo murió de pulmonía, o que fueron las altas temperaturas las que provocaron durante la Segunda República terribles incendios en iglesias y conventos» Respecto a la así llamada memoria democrática he tenido siempre una opinión negativa desde que el Gobierno de Zapatero puso en marcha la Ley de Memoria Histórica (52/2007). 

Esa ley no resolvió el problema de las familias que exigían su duelo sacando a sus muertos de las cunetas, pero sí se aprovechó para poner en solfa la Transición y a sus protagonistas, que, según los antifranquistas sobrevenidos, no habían sido capaces de pasarle la cuenta a la dictadura por sus fechorías (la carga principal se llevó a cabo contra la Ley de Amnistía de 17 de octubre de 1977). La idea de la memoria histórica fue importada de Francia por los intelectuales 'de solapa de libro', que son legión en nuestros lares. 

miércoles, 30 de octubre de 2019

Aprender a sumar

Sumar en política, en lo social y cultural, sumar en el ámbito familiar y profesional. Todos a una, a dar lo mejor de lo nuestro y a sacar partido de los aciertos de los demás. Así seremos grandes y fuertes
Es curioso, pero la operación matemática que primero aprendimos: sumar, es la que también solemos olvidar antes. En estos tiempos interesantes que vivimos nos vendría muy bien repasar la primera de las cuatro operaciones básicas de la aritmética. La bendita suma, la que une, la positiva, la que todo lo aprovecha.

jueves, 6 de junio de 2019

Historia, religión y familia

En una ciudad polaca se ha organizado un ciclo de conferencias con un título que incluye las palabras que encabezan estas líneas, seguidas de estas palabras: “tres valores a recuperar en Polonia”. A recuperar, no sólo en Polonia, sino en toda Europa y también, y muy especialmente, en España.

Y no como “valores”, que cada uno tiene los suyos, y nadie sabe exactamente en qué consiste el “valor” que cada uno tiene, y al que cada uno le da el significado que se le ocurre hoy, o se le ocurre mañana.

“Valor”, aparte del significado que le vincula a “valiente”, es una palabra en la que cabe todo lo que se le ocurra a quien la use, en el sentido más subjetivo y sentimental. Sobre esto volveremos en otro escrito.

sábado, 21 de julio de 2018

Paz a los muertos


Escribe Fernando Suárez: «Que se medite cómo se contribuye mejor a la invocada «reconciliación» de los españoles: consintiendo la revisionista exhumación de ese cadáver mientras lucen en nuestras calles estatuas de quienes propiciaron o consintieron la mayor persecución religiosa. 

No habían nacido Carlos Osoro ni Ricardo Blázquez cuando Miguel de Unamuno dirigía en latín el 20 de septiembre de 1936 un mensaje de la Universidad de Salamanca a las universidades y academias del mundo, anunciando que se estaba produciendo sobre el suelo español un choque tremendo, «al defenderse nuestra civilización cristiana de Occidente, constructora de Europa, de un ideario oriental aniquilador».

jueves, 1 de septiembre de 2016

Estamos creando la ideología del odio

Escribe Pablo Cabellos: Muchos filósofos y literatos han escrito sobre el odio como lo más opuesto al amor, mostrando queel odio puede generar aversión, sentimientos de desastre, destrucción del equilibrio armónico
Hace muchos años escuché a un sacerdote algo sucedido durante la II República Española. Transitando por donde trabajaban unos obreros, recibió gruesos insultos de los mismos. 
Uno de ellos, como a modo de explicación, le dijo: es el odio. Y seguramente tenía razón. La República suscitó nuevas expectativas, también en el mundo católico. Pero ya en el periodo constituyente se perfila un marcado anticatolicismo. Enseguida, en 1932, fracasa en Sevilla un pronunciamiento militar de signo monárquico. No fue ni el primer intento ni el último de cambiar los acontecimientos por la fuerza. La vida política se va tiñendo de radicalismo y es progresivamente violenta. Cuando la CEDA gana las elecciones de 1933, trata de modificar los excesos anteriores. Pero en ese periodo −el odio− surge el intento revolucionario izquierdista que triunfó en Asturias, mientras fracasaba en Madrid y Cataluña.

martes, 14 de junio de 2016

viernes, 8 de enero de 2010

Raíces cristianas




jueves, 31 de diciembre de 2009
Arguments / Vermont Royster

Arguments

Primero dudan, después se avergüenzan y, finalmente, borran la verdad que les molesta. Sí, Europa, Norteamérica tienen raíces cristianas: y son como son, por esas raíces, aunque se pretenda falsear la memoria histórica de manera burda y descarada. Y ante esta crueldad muchos se quedan pasivos, como si no les importara o temieran quedar en evidencia, porque no es “políticamente correcto”.

Todos los años desde 1949, en el día 25, los lectores del Wall Street Journal, uno de los diarios más vendidos de América, de orientación liberal-conservadora, se despiertan con el editorial “In hoc anno Domini”. Su autor es Vermont Royster, un periodista doble ganador del Pulitzer, que, empezando como reportero, ocupó todas las plazas del diario entre los años 40 y los 80 del pasado siglo. En 1949 escribió ese artículo que, desde entonces, reaparece cada año en el editorial del periódico el día de Navidad.

Es un caso único en la prensa.

Con ello el diario desea resaltar que siempre considerará un hito histórico la fundación y extensión del cristianismo. Pudiendo cambiar las palabras para decir lo mismo, con esta originalidad de reproducir anualmente lo ya publicado, desea resaltar la permanencia del acontecimiento. Merece la pena reproducirlo en español.

* * *

“In hoc anno Domini”, de Vermont Royster, en Wall Street Journal

Cuando Saúl de Tarso partió en su viaje a Damasco, todo el mundo conocido vivía conquistado. Había un estado, y era Roma. Había un amo de todo, y era el César Tiberio.

Por todas partes había orden civil, porque el brazo de la ley romana era largo. Por todas partes había estabilidad, en gobierno y en sociedad, porque los centuriones así lo garantizaban.

Pero por todas partes había también algo más. Había opresión —para aquellos quienes no eran los amigos del César Tiberio. Había cobrador de impuestos para poder cosechar el grano de los campos y para hilar el lino del huso: para alimentar las legiones o para llenar la hacienda pública con la cual el César divino entretenía a la gente. Había reclutador para llenar de gladiadores los circos. Había verdugos para callar a quienes el emperador había proscrito. ¿Para qué era un hombre sino para servir al César?

Había persecución de los hombres que se atrevían a pensar diferentemente, que oían voces extrañas o leían extraños manuscritos. Había esclavizamiento de los hombres cuyas tribus no provenían de Roma, desdén para quienes no tenían el aspecto familiar. Y sobre todo, había por todas partes un desprecio de la vida humana. ¿Qué era, para el poderoso, un hombre más o menos en un mundo sobrepoblado?

Entonces, de repente, hubo una luz en el mundo, y un hombre de Galilea, diciendo, da al César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios.

Y la voz de Galilea, que desafiaría al César, ofreció un nuevo Reino en el cual cada hombre podría caminar con la frente en alto y postrarse a ninguno excepto a su Dios. Como trataste a los más pobres, así me trataste a mí. Y él envió este evangelio del Reino del Hombre a los extremos de la tierra.

Y así la luz entró en el mundo y los hombres que vivían en oscuridad tuvieron miedo, e intentaron bajar una cortina de modo que el hombre continuase creyendo que la salvación emanaba de los líderes políticos.

Pero ocurrió durante algún tiempo en lugares diversos que la verdad liberó al hombre, aunque los hombres de la oscuridad intentaron apagar la luz. La voz dijo, apresuraos. Caminad mientras tenéis luz, a menos que os caiga la oscuridad, porque quienes caminan en oscuridad no saben dónde van.

En el camino a Damasco la luz alumbró brillantemente. Pero después Pablo de Tarso también tuvo miedo. Él temió que otros Césares, otros profetas, podrían un día persuadir a los hombres que el hombre no era nada excepto un trabajador de ellos, que los hombres cederían sus derechos otorgados por Dios a cambio de pan y circo y ya no caminarían en libertad.

Entonces podría darse que la oscuridad triunfaría nuevamente sobre las tierras y habría quema de libros y los hombres pensarían solamente de lo que deben comer y de lo que deben usar, y prestarían atención solamente a Césares nuevos y a falsos profetas. Entonces podría darse que los hombres no mirarían hacia arriba para ver incluso a la estrella del invierno en el este, y una vez más, no habría luz alguna en la oscuridad.

Y por eso Pablo, el apóstol del Hijo del Hombre, habló a sus hermanos, los Gálatas, las palabras que él quiso que recordásemos luego en cada uno de los años de su Señor: Aferraos entonces a la libertad con que Cristo nos ha liberado y no os enredéis nuevamente bajo el yugo de la esclavitud.