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sábado, 27 de mayo de 2017

Desconcertante religiosidad en Rusia y países ex-soviéticos

Escribe Salvador Bernal: No hace mucho, me referí negativamente a la legislación rusa sobre libertad de conciencia y asociaciones religiosas, a raíz de una sentencia del Tribunal Supremo de Rusia: convalidó la prohibición de las actividades de los Testigos de Jehová, con la incautación de sus propiedades, por considerarla una organización extremista. 
Más allá del caso concreto, la legislación refleja el autoritarismo de un régimen que se inmiscuye en las creencias de los ciudadanos, como en los viejos tiempos zaristas, aunque ahora tenga bastante consenso social.
Algo semejante ocurre en otros países de Europa central y oriental, un cuarto de siglo después del colapso de la Unión Soviética: la religión se ha reafirmado como una parte importante de la identidad individual y nacional en lugares donde los regímenes comunistas reprimieron el culto y promovieron el ateísmo. Según el Pew Center, el porcentaje de rusos que se identifican como ortodoxos ha pasado de 37% en 1991 a 71%. Aunque el nivel de práctica sea reducido: sólo el 6% acude semanalmente a la Eucaristía. A diferencia de los católicos, especialmente en Polonia.

sábado, 13 de agosto de 2016

Ante la tumba de Solzhenitsyn

El pecado radical del poder político cuando se pone al servicio de una ideología, de un partido, sea del “género” que sea, y no se piensa en el bien de cada ser humano.
En el cementerio del Monasterio Donskói en Moscou está enterrado el escritor ruso que descubrió a todo el mundo occidental, adormecido por los cantos de sirena de Stalin y de todo el apartado del Partido, la realidad de los Archipiélagos Gulag: los campos de concentración comunistas-estalinistas.
Ante la ceguera de todos los países occidentales, ante la falsa ilusión −¿sólo falsa ilusión?− de tantos intelectuales europeos que soñaron −y algunos todavía siguen soñando−, en las islas amuralladas de esos archipiélagos, perdieron la vida más de veinte millones personas, considerados en aquellos años de terror, como “enemigos del régimen”: jamás en la tierra ha habido un genocidio semejante de los gobernantes de un pueblo contra sus propios ciudadanos.

jueves, 8 de enero de 2015

Un baile para 2015


Un baile para 2015
   Unas vidas que muestran la fe de una Europa desconocida, llena de vigor y creatividad, que contrasta con la decadencia y el cansancio vital de tantos otros lugares de Occidente
   El baile tras la tormenta es una sucesión de relatos de disidentes. Epopeyas heroicas sería su resumen exacto. Porque en el mundo desquiciado del pasado comunismo soviético, durante las décadas centrales del siglo XX, la disidencia solía pagarse con la deportación, la cárcel, la tortura y la muerte. Así lo corroboran innumerables testimonios, desde el Nobel Solzhenitsin hasta la feminista Goricheva.
Si no se ha vivido en ese infierno es difícil creerlo, incluso imaginarlo. Pero fue real, abrumadoramente real. Sin embargo, esa moneda tiene otra cara: en medio de esos años tenebrosos brillan las vidas de quienes no estuvieron dispuestos a dar la espalda a Cristo, hombres y mujeres de toda edad y condición. Si muchos ya descansan en paz, otros han vivido para contarlo al periodista José Miguel Cejas, que recopila con notable acierto. Historias duras y hermosas, como los años de cárcel del joven sacerdote jesuita Sigitas Tamkevicius, actual obispo de Kaunas (Lituania).