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domingo, 7 de abril de 2019

El corazón de la santidad

Las bienaventuranzas constituyen, en efecto, con expresión del Papa, “el carnet de identidad del cristiano”
Ha escrito el obispo de Vitoria, Juan Carlos Elizalde, que el corazón de la exhortación del Papa Francisco (Gaudete et exsultate) sobre la santidad es el discurso de las bienaventuranzas y la parábola del juicio final. Así es, no solo porque ocupan el capítulo central (tercero) del documento, sino porque muestran el rostro de Cristo y por tanto, el rostro de la santidad del cristiano.

miércoles, 14 de junio de 2017

Las bienaventuranzas, retrato de Cristo y del cristiano

El Espíritu Santo, ha señalado el Papa Francisco, es espíritu de unidad y diversidad, de fraternidad y de libertad, de perdón, misericordia y renovación (cf. Homilía en Pentecostés, 4-VI-2017). Con la celebración de su venida se consuma el tiempo de la Pascua cristiana. Es esta una buena ocasión para poner de relieve un aspecto fundamental en la preparación del sínodo sobre los jóvenes (octubre de 2018). Se trata de las bienaventuranzas, camino que Francisco ha querido subrayar en las Jornadas mundiales de la juventud de 2014 al 2016, y que brilla en los santos, sobre todo en María.

jueves, 7 de abril de 2016

Las bienaventuranzas (III): el megáfono de Dios

Texto para gente joven sobre las bienaventuranzas, propuestas por Papa Francisco para preparar la Jornada Mundial de la Juventud en Polonia.
Aquel no era un Maestro como los demás. Los centenares de personas que se repartían por la falda de la colina escuchaban con sorpresa su predicación, hecha con palabras nuevas. Había llamado dichosos a los pobres y les había prometido el Reino de los Cielos.
Para que la primera bienaventuranza calase bien en los corazones, el Señor haría probablemente una pausa antes de enumerar la segunda. Entonces, dijo: «Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados»[1].
Al oír estas palabras, muchos levantarían la cabeza. No eran felices, y por eso habían dejado su casa y su aldea para caminar durante días en búsqueda de ese Rabí que encendía los corazones. Querían ser curados de una enfermedad, liberarse de una situación injusta, cambiar de vida o recuperar la esperanza en Dios. Pero, ¿llorar? ¿Cómo puede desear el Señor que lloremos, que suframos? ¿Qué Salvador promete lágrimas a sus seguidores?

jueves, 28 de enero de 2016

Las bienaventuranzas (II): enriquecerse con la pobreza


Dirigido especialmente a la gente joven, el segundo editorial sobre las bienaventuranzas afronta el consejo del Señor: «Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos»
El panorama desde lo alto de aquel pequeño monte debía de ser sobrecogedor. Cientos de personas habían acudido a la Galilea porque querían conocer a ese nuevo profeta del que tanto se hablaba y que, al parecer, predicaba maravillas. El Señor las vería aproximarse poco a poco por la colina y, al fin, cuando se hizo el silencio, inició a hablar con voz potente: «Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos»[1].
¿Los pobres? Entre quienes le escuchaban, muchos eran pobres de verdad; habían acudido allí porque sufrían la pobreza y bien sabían que no es algo deseable: Dios quiere que tengamos cosas buenas para comer, un lugar digno para vivir y que gocemos de las comodidades necesarias. Sin embargo, el Señor nos descubre que hay un tipo de pobreza que vale la pena buscar.