Reproduzco el artículo del Cardenal Sarah publicado ayer en Le Figaro:
La duda se ha apoderado del pensamiento occidental. Tanto los intelectuales como los políticos describen la misma impresión de colapso.
Ante la ruptura de la solidaridad y la desintegración de las identidades, algunos se dirigen a la Iglesia católica. Le piden que dé una razón para vivir juntos a unos individuos que han olvidado lo que les une como pueblo. Le ruegan que les proporcione un poco más de alma para hacer soportable la fría dureza de la sociedad de consumo. Cuando un sacerdote es asesinado, todo el mundo se conmueve y muchos se sienten golpeados hasta la médula.


