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sábado, 11 de noviembre de 2023

Dios, ciencia y libertad

«Lo invisible de Dios, desde la creación del mundo se deja ver a la inteligencia a través de sus obras» (Rm 1, 20)

El acceso al conocimiento de Dios mediante la luz natural de la razón, es decir, sin la ayuda de la revelación, es un tema clásico de la teología cristiana. En la medida en que la ciencia puede considerarse una prolongación del conocimiento ordinario, cabe preguntarse sobre lo que su contenido nos puede aportar o sugerir acerca de la idea de Dios. 

martes, 14 de julio de 2020

Andrei Siniavski (1925-1997): creer por la sencilla razón de que Dios existe

La voz de Andrei Siniavski desde Rusia ilumina la cabeza y enciende el corazón de sus lectores
Merece la pena leerle para ensanchar nuestra atención a lo cotidiano y aprender así a hacer menos cosas e intentar −con la ayuda de Dios− hacerse mejor.
Hace muchos años, casi cincuenta, me impresionó mucho una frase del escritor ruso Andrei Siniavski, que leí en alguna revista cultural o en algún texto periodístico de finales de los setenta. 
Decía así: “Hay que creer, no por la fuerza de la tradición, ni por miedo a la muerte, ni por si acaso. Tampoco porque haya alguien que nos obligue o infunda miedo, ni por una cierta idea de la humanidad, ni para salvar el alma o parecer original. Hay que creer por la sencilla razón de que Dios existe”. Tomé buena nota de aquella frase, que me interpelaba por su autenticidad, y la repetí con alguna frecuencia desde entonces.

lunes, 6 de abril de 2020

Más Dios y más ciencia

John C. Lennox, doctor en matemáticas, nos pone al día sobre los científicos que plantean objeciones a la existencia de Dios
Qué paradoja. Dios y la ciencia. Probablemente los dos temas más importantes de conversación en este tiempo de pandemia. Qué paradoja para una reseña cultural en una Semana Santa en la que la pasión de Dios es la pasión de toda la humanidad.
Necesitamos más que nunca a Dios y necesitamos más que nunca a la ciencia. Quizá porque hayamos olvidado más que nunca a Dios y porque la humanidad, y quienes tienen en su mano a la ciencia, se hayan olvidado del sentido del auténtico conocimiento de la naturaleza.

viernes, 31 de enero de 2020

Con un lenguaje imperfecto

Al igual que un buen conocedor, contemplando y examinando una obra de arte, es capaz, por la técnica y por el estilo, de determinar quién es el artista; así también hay un rastro, unos indicios que permiten conocer al Hacedor de nuestro mundo y de nosotros mismos
“Me faltan las palabras...”. Es frecuente que nuestro pensamiento vaya más allá y más deprisa que nuestro hablar. Al fin y al cabo las palabras no son más que signos convencionales y toscos de nuestras ideas, que son mucho más ricas. 
Y cuanto más elevado sea el pensamiento, más difícil nos resulta expresarlo adecuadamente. Sin embargo sentimos la acuciante necesidad de expresar y comunicar nuestras ideas a los demás. Con perseverancia de muchos siglos “la Iglesia expresa su confianza en la posibilidad de hablar de Dios a todos los hombres y con todos los hombres. 

lunes, 20 de enero de 2020

Difícil, pero asequible

“La santa Iglesia, nuestra madre, mantiene y enseña que Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con certeza mediante la luz natural de la razón humana a partir de las cosas creadas”.
Los grandes progresos que ha realizado la humanidad en el transcurso de los dos últimos siglos permiten un margen razonable de confianza en la inteligencia humana. 
El progreso de las ciencias y de la tecnología, de la economía y de la organización invitan a llenarse de admiración ante los logros que los hombres podemos alcanzar cuando, en paz y concordia, nos decidimos a trabajar mancomunadamente y con constancia.

viernes, 26 de agosto de 2016

La búsqueda de Dios

Si deseo intentar expresar quién es este «tú» que me busca, que me llama, puedo dar algunas de sus características, que son también un intento de descripción de la experiencia de fe, aunque no la agotan, y no son sino el esfuerzo por decir algo que está más allá de nuestras palabras.

El «tú» que busca al creyente se presenta, en primer lugar, como un misterio indisponible, sobre el que no podemos poner las manos, que está siempre más allá de cuanto pensamos haber comprendido o captado de él. Se presenta asimismo con la característica de don, o sea, algo que no podemos pretender, sino que se da, y cuyo darse nos sorprende, porque tiene siempre la connotación de lo gratuito, de lo no debido.

martes, 18 de agosto de 2015

Caminar hacia Dios

Hoy como ayer la búsqueda de Dios sigue siendo la manifestación más elevada de la razón humana; lo mismo que la disponibilidad para encontrarle sigue siendo el fundamento de toda verdadera cultura
Desde el principio −como se ve en los primeros bosquejos del arte prehistórico− los hombres se abren a la dimensión trascendente o religiosa. Se trata de un caminar hacia Dios que el cristianismo interpreta como una respuesta del hombre a Dios que es el que le busca primero.

La búsqueda de Dios por la razón

1. La búsqueda de Dios, manifestación más alta de la razón. En 1864, cuando tenía 20 años,Nietzsche escribió un poema al Dios desconocido, aunque luego abandonó el camino de la razón por un voluntarismo sin salida.
Mucho antes, San Pablo había descubierto en Atenas un altar dedicado “al Dios desconocido”. En su célebre discurso del Areópago (cf. Hch 17, 22-34) les dijo a los atenienses que el Dios cristiano no era ajeno a la cultura griega, sino la respuesta a las preguntas más profundas que aquella y todas las demás culturas se formulaban.

jueves, 26 de marzo de 2015

¿Cómo sabemos que hay un Dios?


   
   Esto es el fundamento de toda la vida espiritual, y los grandes teólogos y maestros espirituales han utilizado diferentes enfoques en esta cuestión a través de los siglos. Uno de mis favoritos es el enfoque que comienza con el deseo. 

   Nosotros los seres humanos deseamos la verdad. Nuestra mente busca la verdad, y la conseguimos de cierta manera. Pero no importa cuanta verdad saquemos de este mundo, nunca es suficiente. La mente permanece insatisfecha.

   Nuestras voluntades buscan el bien y lo encuentran, en muchos sentidos, en este mundo. Pero no importa cuanto bien logremos, nunca estamos realmente satisfechos. Buscamos la justicia, en todo tipo de formas, y la obtenemos a veces a un grado increíble. Piensen en el movimiento de los derechos civiles, el fin del apartheid, la disolución de la Unión Soviética. Todas cosas maravillosas que fueron logros de la justicia. Pero, no importa lo mucho que logremos justicia, nunca tenemos suficiente.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Una provocadora tesis

Una provocadora tesis
   Los ateos no creen en Dios. ¿Pero a qué "dios" se refieren? Esta original pregunta nos lleva al núcleo de uno de los debates más apasionantes y duraderos del pensamiento contemporáneo
   Con más de 27 años de experiencia docente a cuestas, y Premio Arnau de Vilanova  de Filosofía, Carlos A. Marmelada, en su último libro, lanza una provocadora tesis: el "dios" de los grandes ateos (Marx, Nietzche,Sartre...) tiene muy poco que ver con el Dios de la Biblia y más bien está relacionado con una serie de ideas concebidas en los gabinetes de los filósofos.
   De este y de otros asuntos hemos querido hablar en Religión Confidencial con el filósofo catalán.

martes, 29 de julio de 2014

Veintiún siglos de fracaso proselitista ateo


Veintiún siglos de fracaso proselitista ateo
   Quien no vea al contemplar el reloj de su pueblo al relojero que lo construyó, no verá tampoco la realidad de fe de quienes, en su día, con tiempo y esfuerzo se alzó la iglesia que lo porta.
   El agua y el sol dan ritmo y vida a todos los seres vivos. Con humedad y calor el desierto se hace un oasis y la estepa pradera de mil colores, tantos como sus flores. Policromía viviente, realidad sin par que no se deja pintar. 
   El invierno, con sus noches de hielo, es, a lo más, esperanza. Entonces la naturaleza, yerta, duerme como muerta y se mantiene… a la espera. Han de pasar estaciones enteras, largas o cortas, para que agua y sol, sol y agua, con sus besos despierten la vida que sus entrañas esconden. Pero el canto a la bondad y a la belleza más atronadora es la propia existencia humana. Existir es un regalo de Dios. 

domingo, 15 de junio de 2014

El fundamento de la realidad

 
 A 2.000 metros de altura, en una cresta caliza del parque nacional que él fundó, se encuentra la tumba de don Pedro Pidal, Marqués de Villaviciosa de Asturias. Grabado sobre la roca, este epitafio: 

   «Enamorado del Parque Nacional de la Montaña de Covadonga, en él desearía vivir, morir y reposar eternamente, pero esto último en Ordiales, en el reino encantado de los rebecos y las águilas, allí donde conocí la felicidad de los cielos y de la tierra, allí donde pasé horas de admiración, ensueño y transporte inolvidables, allí donde adoré a Dios en sus obras como a Supremo Artífice, allí donde la naturaleza se me apareció verdaderamente como un templo».

sábado, 31 de agosto de 2013

¿Y por qué "eso" va a ser malo?

Antígona
   ¿Y por qué "eso" va a ser malo? Si yo deseo el bien, ¿no es injusta una ley que reprime mi libertad? Dejemos que el profesor Aguiló nos ayude a reflexionar sobre la libertad y la ley.

Un sueño aterrador

Raskolnikof, el protagonista de “Crimen y Castigo” de Dostoievski, es un joven estudiante de Derecho, convencido de que la conciencia es una simple imposición social. De hecho, mata fríamente a una vieja usurera, y después del asesinato dice no tener remordimiento alguno. Asegura haber vencido el prejuicio social de la conciencia: “¿Mi crimen? ¿Qué crimen? ¿Es un crimen matar a un parásito vil y nocivo? No puedo concebir que sea más glorioso bombardear una ciudad sitiada que matar a hachazos. No comprendo que pueda llamarse crimen a mi acción. Tengo la conciencia tranquila”.

jueves, 1 de marzo de 2012

La existencia de Dios me afecta

La existencia de Dios me afecta
   Voy a ocuparme solamente de dos dificultades enfrentadas a la existencia del Ser Supremo, sólo un par de pinceladas por si ayudan a pensar

      Recientemente, un amigo de facebook afirmaba que Dios sólo existe en la mente de los creyentes, actitud comprensible por factores muy variados, que ahora no trataré. Voy a ocuparme solamente de dos dificultades enfrentadas a la existencia del Ser Supremo: admitir la realidad de la creación en un mundo cuya ciencia camina, en parte, por el sendero del evolucionismo absoluto, y aceptar la existencia de un Dios que permite tantos males padecidos por inocentes. Nadie piense que tengo una secreta solución para esos problemas. Sólo un par de pinceladas por si ayudan a pensar.

sábado, 18 de febrero de 2012

Los lenguajes de Dios

Los lenguajes de Dios
"Probablemente Dios no existe", reza la publicidad en algunos autobuses. Sin embargo, los creyentes creen que Dios no calla y que, cuando quiere, sabe hacerse sentir

      Por gentileza de su autor, José Ramón Ayllón, incluyo la introducción de su libro 10 ateos cambian de autobús, publicado por Ediciones Palabra.

Vamos a suponer que quiero contar los átomos de un grano de sal y que soy lo suficientemente rápido como para contar mil millones de átomos por segundo. A pesar de esta notable hazaña, necesitaría más de cincuenta siglos para realizar el censo completo de la población de átomos que contiene ese minúsculo grano de sal. 
Jean Guitton

Dios y la ciencia
      Los ateos piensan que Dios no existe. Los agnósticos dicen que Dios no habla. Los creyentes creen que Dios no calla. A veces, sin embargo, quienes le niegan o ignoran empiezan a escucharle en el inmenso lenguaje de las galaxias, en el elegantísimo idioma de la genética, en los números increíbles de la física atómica, en la lengua inefable del amor y también en el significado des-concertante del dolor.

martes, 20 de septiembre de 2011

Benedicto XVI explica en la TV pública alemana cómo llegar a Dios


Benedicto XVI explica en la TV pública alemana cómo llegar a Dios
Benedicto XVI en vísperas de su Visita Apostólica a Alemania: "Que acompañéis los días de mi viaje con la oración y que en el Señor redescubramos la belleza y la frescura de la fe y la podamos dar a nuestros semejantes como testigos de esperanza y orientación para el futuro"


En una intervención en la televisión pública alemana ARD, Benedicto XVI explicó que en su próxima visita a Alemania tratará de impulsar la capacidad de percepción de Dios y mostró ya algunas maneras de llegar a Dios.

      En su intervención, emitida el sábado al anochecer y grabada unos días antes en Castel Gandolfo, el Papa destacó que este próximo viaje «no es turismo religioso ni mucho menos un show», sino que «debería tratarse del hecho de que Dios vuelva a nuestro horizonte, este Dios tan a menudo totalmente ausente, a quien sin embargo necesitamos tanto».
      «Quizás me preguntaréis: “¿Pero Dios, existe? Y si existe, ¿se ocupa verdaderamente de nosotros? ¿Podemos nosotros llegar hasta Él?”», planteó.
      Y respondió: «Sí, es verdad: no podemos poner a Dios sobre la mesa, no podemos tocarlo como un utensilio o tomarlo en la mano como un objeto cualquiera».
      Según el Pontífice, «debemos desarrollar de nuevo la capacidad de percepción de Dios, capacidad que existe en nosotros».
      En su intervención para Wort zum Sonntag, explicó ya algunas maneras para llegar a Dios.

Intuir, escuchar y casi ver a Dios
      «Podemos intuir algo de la grandeza de Dios en la grandeza del cosmos —explicó—. Podemos utilizar el mundo a través de la técnica porque éste está construido de manera racional».
      «En la gran racionalidad del mundo podemos intuir el espíritu del creador del cual proviene, y en la belleza de la creación podemos intuir algo de la belleza, de la grandeza y también de la bondad de Dios», añadió.
      Prosiguió indicando que «en la Palabra de las Sagradas Escrituras podemos escuchar palabras de vida eterna que no vienen simplemente de los hombres, sino que vienen de Él, y en ellas escuchamos su voz».
      «Y finalmente, vemos casi a Dios también en el encuentro con las personas que han sido tocadas por Él», destacó.
      «No pienso sólo en los grandes: desde Pablo a la Madre Teresa pasando por Francisco de Asís; sino que pienso en tantas personas sencillas de las que nadie habla —añadió—. Sin embargo, cuando nos encontramos con ellos, de ellas emana algo de bondad, sinceridad, alegría y sabemos que ahí está Dios y que Él nos toca también a nosotros».
      «Por eso, en estos días queremos empeñarnos en volver a ver a Dios, para volver nosotros mismos a ser personas por las que entre en el mundo una luz de la esperanza, que es luz que viene de Dios y que nos ayuda a vivir», dijo a sus connacionales.

Grandes momentos de la visita
      Benedicto XVI empezó su mensaje afirmando: «Dentro de pocos días partiré para mi viaje a Alemania, y estoy muy contento de ello».
      A continuación destacó algunos momentos previstos durante su visita a su país natal, del 22 al 25 de septiembre.
      «Pienso con alegría particularmente en Berlín, donde habrá muchos encuentros, y, naturalmente, en el discurso que mantendré en el Bundestag y en la gran Misa que podremos celebrar en el estadio olímpico», confesó.
      «Uno de los momentos más importantes de la visita será Erfurt: en ese monasterio agustiniano, en esa iglesia agustiniana, donde Lutero inició su camino, podré encontrarme con los representantes de la Iglesia Evangélica de Alemania», continuó.
      «Allí rezaremos juntos, escucharemos la Palabra de Dios, pensaremos y hablaremos juntos», dijo ante las cámaras.
      «No esperamos ningún evento sensacional: de hecho, la verdadera grandeza del evento consiste precisamente en esto, en que en este lugar juntos podamos pensar, escuchar la Palabra de Dios y rezar, y así estaremos íntimamente cerca y se manifestará un verdadero ecumenismo», declaró.
      Prosiguió indicando que «algo particular es para mí el encuentro en Eichsfeld, esta pequeña franja de tierra que, aun pasando a través de todas las peripecias de la historia, ha permanecido católica».
      Y se refirió a su visita «al Sudoeste de Alemania, con Frigurgo, la gran ciudad, con muchos encuentros que se desarrollarán allí, sobre todo la vigilia con los jóvenes y la gran Misa que clausurará el viaje».

Ángelus
      También mostró esta ilusión por su viaje y por reunirse con muchas personas durante su visita a Alemania, hoy tras el rezo del Ángelus en Castel Gandolfo, al saludar a los visitantes de lengua alemana.
      En ese momento, pidió «que acompañéis los días de mi viaje con la oración y que en el Señor redescubramos la belleza y la frescura de la fe y la podamos dar a nuestros semejantes como testigos de esperanza y orientación para el futuro».

Almudí

viernes, 2 de abril de 2010

Einstein y la existencia de Dios

Muchos comentan que Albert Einstein fue más bien lo que se suele llamar «un ateo». Se dice que no creía en la existencia de un Dios personal. Pero hay testimonios contrarios. Es más, Albert quiso dejar muy clara su posición respecto a su fe: «La generalizada opinión, según la cual yo sería un ateo, se funda en un gran error. Quien lo deduce de mis teorías científicas, no las ha comprendido. No sólo me ha interpretado mal sino que me hace un mal servicio si él divulga informaciones erróneas a propósito de mi actitud para con la religión. Yo creo en un Dios personal y puedo decir, con plena conciencia, que: en mi vida, jamás me he suscrito a una concepción atea». Albert Einstein en Deutsches Pfarrblatt, Bundes-Blatt der Deutschen Pfarrvereine,1959, 11).

Pocos son, en todo caso, los que conocen la evolución religiosa del físico más importante del siglo XX. Randall Sullivan en su libro "The Miracle Detective" (New York, 2004, pp.432-433) relata una conversación que tuvo con Benedict Groeschel, monje neoyorquino experto en teología mística y autor de "Still, small voice" (Ignatius Press, 1993). Cuenta Sullivan que Groeschel le comentó que había leido mucho sobre Einstein y que aunque el gran físico quizá se había opuesto a la idea de un Dios personal cuando era joven, en su madurez se había convertido [según Groeschel] en una persona bastante religiosa. En concreto dice: «Estaba fascinado por el misterio del Santísimo Sacramento».

La ciencia y los años no apartan de Dios, al contrario, normalmente, la búsqueda honrada de la verdad, aunque sea de un segmento mínimo de las cosas, conduce casi necesariamente –salvada la libertad de la persona- al descubrimiento de la Verdad primera, que, como es lógico, siendo origen de personas, ha de ser eminentemente personal. La Fe y la Ciencia, por más que quienes ignoren éste o aquél saber no se hayan dado cuenta todavía, lejos de oponerse, se ayudan una a la otra y se complementan en el progreso del conocimiento global.

Einstein, el más eminente físico después de Newton, buscaba la fórmula en la que se pudiera encerrar la textura de cualquier porción pequeña o grande de materia. Pero no pensaba encontrar en ella el Origen absoluto, ni que la materia fuera el todo de la realidad: había un Dios que «no jugaba a los dados». No importa que la metáfora de los dados, haya sido superada o no por nuevos descubrimientos. Lo esencial es que hay Dios que juega, en el sentido profundo de la palabra: Dios que hace posible el orden del universo. Incluso si hubiera que admitir el azar, Dios sería el que hace posible que del azar, surja el orden. No es de extrañar que un Eistein, con el paso del tiempo, cuanto más enigmas desentrañaba, más se acercase al reconocimiento de la existencia de un misterio, en el sentido teológico del término, que jamás podrá encerrarse en una fórmula, ni siquiera en un solo nombre, una Inteligencia infinitamente más poderosa que la suya, no sólo capaz de entender, sino de crear la maravilla del Universo.

Antonio Orozco
ARVO

domingo, 10 de enero de 2010

¿Quién perfila el rostro del hombre?




domingo, 10 de enero de 2010
José Luis Restán

PaginasDigital.es

Dios que salva lo humano. Ése es el centro del magisterio de Benedicto XVI dirigido a los cristianos que a menudo nos enfangamos en problemas de estrategia y organización, pero también a los hombres que buscan a tientas en la niebla, que quizás maldicen, o que son presa de la última moda literaria que ataca frontalmente a Dios como enemigo del hombre.

Son los Saramago, Dawkins y Onfray haciendo el agosto en nuestras librerías de consumo masivo: el peor Nietzsche redivivo, pero sin la genialidad desesperada del filósofo alemán. El Papa lo sabe y baja a la arena.

En su discurso resumen del año a la Curia, el Papa evocaba su viaje a la República Checa diciendo que «tenemos que preocuparnos de que el hombre no arrincone la cuestión de Dios, cuestión esencial de su existencia, tenemos que preocuparnos de que acepte la cuestión y la nostalgia que en ella se esconde».

Además apuntaba que las personas que se consideran agnósticas o ateas sienten una lógica prevención cuando hablamos de una nueva evangelización, porque no quieren verse convertidas en objeto de misión, ni renunciar a su libertad de pensamiento y de voluntad.

Pero aun así, advierte Benedicto XVI, la cuestión sobre Dios sigue interpelándoles. Y recordando el espacio reservado en el templo de Jerusalén para que los gentiles pudiesen orar a un Dios que buscaban pero aún no conocían, ha planteado esta singular propuesta: «pienso que la Iglesia debería abrir también hoy una especie de "patio de los gentiles", donde los hombres puedan de algún modo engancharse con Dios, sin conocerle y antes de que hayan encontrado el acceso a su misterio, a cuyo servicio se encuentra la vida interior de la Iglesia».

Ahí queda esta propuesta, que no puede dejarnos indiferentes a la hora de plantear el modo de hacer presente la fe en este momento histórico.

Ya en la primera Misa del año nuevo el Papa ha pronunciado una originalísima y sugestiva homilía sobre el rostro de Dios y el rostro de los hombres. El rostro es la expresión por excelencia de la persona, ya que hace aflorar los sentimientos, pensamientos e intenciones del corazón.

Y aunque Dios es por naturaleza invisible, la Biblia se refiere continuamente a su rostro porque es un Dios que se revela, que dialoga con el hombre y se da a conocer, hasta llegar a tomar en Jesús un rostro humano. Y aquí se abre paso la gran cuestión que plantea el Papa, el corazón de su predicación navideña de este año: «¿pero quién, sino Dios, puede garantizar la profundidad del rostro del hombre?».

Imposible no recordar el memorable discurso ante la estatua de la Inmaculada, cuando habló de una convivencia social que nos hace ver sólo la superficie y perder la percepción de la profundidad de los rostros humanos que la componen, convirtiéndolos en objetos intercambiables y consumibles. Si el hombre silencia su sed de significado total, si censura su deseo de un abrazo que no acabe, de una justicia y una felicidad que no puede construir con sus propias fuerzas, entonces se vuelve epidermis, pura reacción, triste mecanismo del carpe diem.

Dios fuente y destino del hombre, pero también camino y recurso para su aventura histórica. «Quien tiene el corazón vacío no percibe más que imágenes planas, privadas de espesor... en cambio cuanto más estemos habitados por Dios estaremos en condiciones de detectar en el rostro del otro a un hermano, no un medio sino un fin, no un rival o un enemigo sino otro yo». ¡Impresionante, sencillo y profundo a la vez!

Como aguda y sustancial es la observación del Ángelus del pasado domingo, cuando retomó la indispensable cuestión de la esperanza ante un año difícil por tantas cosas. Sería estúpido apoyarla en las esotéricas profecías que pueblan espacios televisivos y anaqueles de grandes librerías, pero tampoco podemos sostenerla en las necesarias previsiones de los economistas ni en los proyectos de unos políticos cada vez más separados del sentir y de la experiencia constructiva del pueblo.

De nuevo resuena Spe Salvi, documento de cabecera para los cristianos de este turbulento comienzo de siglo: «Nuestra esperanza está en Dios, no en el sentido de una genérica religiosidad o de un fatalismo encubierto de fe. Nosotros confiamos en el Dios que en Jesucristo ha revelado de manera completa y definitiva su voluntad de estar con el hombre, de compartir su historia... Ésta es la gran esperanza que anima y a veces corrige nuestras esperanzas humanas».

Afortunadamente, ni la tierra es del viento (como dice algún vate de La Moncloa) ni la historia pertenece al mero juego de los poderes de este mundo. Es razonable tener esperanza porque la historia tiene un sentido, porque a través de tantos dramáticos meandros responde al designio del amor de Dios que ha llegado al impensable movimiento de hacerse carne y acampar entre nosotros.

Eso sí, ese designio divino no se cumple automáticamente sino que requiere la libre acogida de cada hombre y mujer. Por eso dice Benedicto XVI que 2010 será más o menos "bueno" no en función de que se den las mejores circunstancias que cada uno sueña, sino en la medida en que colaboremos con la gracia de Dios.

Menuda ducha fría para tantos vanos discursos de estas fechas, pero sobre todo qué respiro, qué canto a la libertad y al valor irreducible de cada vida humana. Qué certeza serena y razonable sobre el futuro. La que todos necesitan.