Urgencia de un auténtico diálogo interreligioso por parte de intelectuales y representantes intelectuales del orbe musulmán. Reflexiones de Salvador Bernal.
Aunque me rondaba por la cabeza, debo la decisión de escribir este comentario al que publicó hace unos días en Italia Massimo Introvigne. En realidad, hablo de diez años en el sentido canónico del término, pues el discurso de Benedicto XVI en el aula magna de la Universidad de Ratisbona se pronunció el 12 de septiembre de 2006. Pero tiene máxima actualidad ante la urgencia de un auténtico diálogo interreligioso por parte de intelectuales y representantes intelectuales del orbe musulmán.
Las palabras del pontífice suscitaron en su momento una reacción insólita que, en gran medida, confirmaba su tesis. Porque no se trataba de una lección sobre el islam, sino de un discurso sobre las relaciones entre razón y fe, esenciales para superar la crisis cultural de Europa y Occidente. Incidentalmente, habló de esa violencia ciega, derivada de una falta de equilibrio intelectual. El eje de la doctrina papal, repetida antes y después en diversas ocasiones, es que la fe sin la razón produce el fundamentalismo, así como la razón sin la fe genera la dictadura del relativismo.