
La sinceridad es un bien precioso, uno de esos pilares invisibles en que se sustenta la vida social. Y debería ser una prioridad en la relación con uno mismo.
"La sinceridad es la raíz de todas las virtudes", escribió John Ruskin. Lo que equivale a decir que es el principal ingrediente de muchas actitudes positivas, como la honestidad o la confianza entre las personas.
Sin embargo, al igual que no es oro todo lo que reluce, sucede a veces que no es verdadera sinceridad lo que pretende serlo.
Presumir de sincero tiene en sí algo de contradictorio, como lo sería sentirse orgulloso de ser humilde. No es en definitiva algo que deba proclamarse, sino expresarse de forma sencilla mediante palabras y actos cotidianos.


