Quizás muchos franceses sentían oscuramente Notre Dame como un último, tenue vínculo con lo sagrado. Aunque no recen, aunque crean no creer, les reconfortaba saber que, en la penumbra del transepto, la Virgen gótica seguía velando sobre la ciudad
La caída entre llamas de la aguja de Notre Dame era una metáfora del hundimiento del cristianismo en Francia, por no decir en toda Europa. Para que la metáfora fuese perfecta, habríamos necesitado una caída ralentizada, pues así se ha producido el desplome de la fe: una sangría lenta del porcentaje de creyentes desde mediados de los 60, hasta llegar a una situación en la que sólo el 4.5% de los franceses practica con cierta regularidad el catolicismo, mientras el 63% se declaran “sin religión”, y en la que el Islam es ya probablemente la confesión más numerosa