En Roma los ciudadanos que no podían devolver sus deudas quedaban reducidos a servidumbre como «addictus»: seguían siendo nominalmente libres pero sojuzgados a una servidumbre. Se entiende que el idioma haya desplazado el uso del término hacia quienes han desarrollado una dependencia que limita su autonomía.
Podría ser, sin embargo, que hubiéramos restringido excesivamente su uso a extremos psicopatológicos, oscureciendo así toda una gama de adicciones sostenidas libre aunque ofuscadamente.
Por ejemplo, de un tiempo a esta parte es frecuente encontrar personas afablemente sociables pero con las que la conversación colapsa si surge un intercambio de opiniones sobre, por decir algo, los derechos de los animales, las dietas veganas o vegetarianas, las corridas de toros, el lenguaje inclusivo o el machista, el idioma nativo o el patrio, la homosexualidad, la independencia, la nación, la constitución o la bandera.