Como cuestión previa a estas líneas, cada vez entiendo menos a los políticos españoles y a su capacidad destructiva de lo propio y lo ajeno. En realidad, no somos diferentes, porque muchos países del mundo atraviesan hoy crisis serias de liderazgo: basta pensar en las primarias de Estados Unidos, o en las vueltas y revueltas europeas de conservadores como Cameron, o socialdemócratas como Hollande o Renzi.
No he seguido de cerca el debate de la asamblea de Madrid a partir de una proposición no de ley presentada por Ciudadanos sobre la urgencia al gobierno del Estado −justamente ahora, en plena interinidad− para regular la gestación en favor de otro. En cierto modo, se aparta de sus raíces históricas, cuando nació en Cataluña para defender la unidad de España desde posiciones más bien estatalistas, un tanto jacobinas.