En ocasiones, la fría aplicación de la norma al pie de la letra puede dar como resultado una injusticia.
Es casi una certeza educativa que en las familias con padres inflexibles suelen salir algunos hijos que, al menos durante una época, son rebeldes y contestatarios. 
Como la educación no es una ciencia exacta ni cerrada, sino que depende de muchos factores −entre otros y como más destacado, la libertad humana del educando y del educador−, la rigidez educativa no siempre genera estas conductas. 
En no pocos casos, el hijo desarrolla una madurez suficiente que le permite no actuar siempre reactivamente a la severidad paterna y diseñar su propia trayectoria personal, capaz de enriquecerse también con los aspectos positivos del rigor educativo, normalmente ejercido con el cariño propio de lo familiar. De hecho, todos conocemos algunas familias muy estrictas y otras muy bohemias que han educado hijos igualmente maravillosos y sensatos.