Se ha vuelto a abrir, en no pocos ámbitos, la necesidad de estudiar la influencia de la religión en la esfera pública de la vida social y política
Las palabras que el primer ministro británico ha dirigido a los ingleses para felicitarles la reciente Pasca de Resurrección, tengo la impresión de que han pasado bastante inadvertidas.
Se comprende que muchos periódicos, televisiones, etc., las hayan desestimado sencillamente por haber hecho mención a la Iglesia y considerarla “una fuerza viva y activa que realiza obras admirables”.
Otros, no le habrán prestado ninguna atención, porque después del reconocimiento del servicio prestado −“cuando la gente sufre o esté desolada, ahí está la Iglesia”−, Cameron subraya a los ingleses que “debemos sentirnos orgullosos de proclamar que este país es un país cristiano”.